“Corazón de melón”

Seres grises con las narices rojas

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Por Roberto Schneider

 

Carlitos y Violeta ganan un concurso de baile en 1961 cuando apenas estaban casados, en la Escuela Normal Superior Carlos Steidelbert, institución en la cual Violeta trabajaba como auxiliar de inglés. En la escena de “Corazón de melón”, la obra escrita por Yanina Bileisis que hoy se puede disfrutar en el Foyer del Centro Cultural Provincial, un baúl da cuenta de aquel tiempo: sobre él hay imágenes de Violeta Rivas, Palito Ortega, Chico Novarro y hasta de Lalo Franzen. Hoy, el trofeo que recibieron por aquella participación se perdió y es un motivo más de pelea y reconciliación en un matrimonio de más de 40 años en el cual los sueños, los recuerdos y la realidad son un juego tierno, peligroso y cotidiano. Y hoy también siguen casados...

Violeta y Carlitos no son personajes beckettianos, pero sin embargo se parecen en esa espera infructuosa que los coloca frente a acontecimientos que nunca van a suceder, mientras matizan el tiempo desnudando inconscientemente las debilidades que los definen como seres grises, mimetizados con su propio entorno y encaminados hacia su destino. La espera de que algo suceda en su rutinaria vida marca frustraciones que intentan matizar con un juego permanente que les permite revivir el pasado. El texto de la autora se destaca por una carga de infelicidad que imprime a sus personajes que no reconocen sus propias desventuras, características a las que Carolina Halsall y Joaquín Lavini -los actores de la ajustada puesta en escena dirigida por la misma Bileisis y Pablo Tibalt- definen con efectividad y que terminan por provocar mucha ternura.

Los diálogos son apropiados para establecer un tiempo de narración efectivo. La puesta se enriquece esencialmente por el desempeño de Halsall, cada vez mejor actriz, y Lavini, que la acompaña con buenos resultados. Son apropiados para armar el marco visual el vestuario (del que no se informa el autor en el cuidado programa de mano) y la exacta partitura musical, firmada por ambos directores.

“Corazón de melón” aborda en clave de clown los deseos más universales de los seres humanos, y la nariz roja es un buen vehículo para tratar, de manera simple y con humor, cuestiones complejas de la vida cotidiana. Porque, entre otras cosas, el del clown es un lenguaje que nos conecta con un lugar muy puro de nosotros mismos.