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“Simenon. Álbum de una vida”
Opinión / “Simenon. Álbum de una vida”Publicaciones “Simenon. Álbum de una vida” ![]() Simenon, fotografiado por Doisneau, en 1962.
“Georges Simenon nace, a principios del siglo XX, en el seno de una familia modesta de la Rue Léopold de Leja, ciudad donde pasa su infancia y su adolescencia. Pronto abandona los estudios y se convierte en periodista de la Gazette de Liége, para la que redacta centenares de artículos. Con claras dotes para la escritura, no tarde en realizar sus primeras y tímidas tentativas literarias”. Así comienza la vida (y la carrera literaria) del impar Georges Simenon, y así comienza Álbum de una vida, de Michel Lemoine, un libro que sigue día a día la formidable producción de este prodigioso contador de historias; con la transcripción de declaraciones; anotaciones de un diario; testimonios y documentos (cartas a y de André Gide, Federico Fellini, Henry Miller, entre otros); comienzos de novelas, e ilustrado con fotografías y documentos; fotogramas y carteles de las producciones cinematográficas basadas en sus ficciones; facsímiles de manuscritos y de tapas de libros... en suma, un recorrido biográfico excepcional en una cuidada publicación de Tusquets, editorial que ha publicado y sigue publicando el corpus más importante de la bibliografía de Simenon. En ese periplo de una vida agitada sentimentalmente (y ni hablar en el orden literario, con sus casi doscientas novelas y otras treinta firmadas con distintos seudónimos), rescatamos algunas reflexiones y declaraciones. Así, en 1968 decía: “Cuando empiezo una novela, me convierto en el protagonista, y de la mañana a la noche y de la noche a la mañana, toda mi vida está condicionada por él; de hecho, me meto en su piel. En consecuencia, si durante veinticuatro horas soy otra vez yo mismo, ya no vuelvo a recuperar al personaje o, si lo reencuentro, me parece un poco artificial. Antes de escribir una novela, de meterme en lo que llamo estado de gracia, debo vaciarme de mi ser, de mi propia personalidad, para volverme receptivo en estado puro, es decir, para poder absorber otros personajes, otras impresiones”. Años antes había dicho, con respecto al hecho de comenzar a escribir una novela: “Nada de vida interior ni exterior. Sólo vida psíquica. Y, de la mañana a la noche, la obsesión, con escasos oasis como partidas de cartas que neutralizan. Es una especie de anulación voluntaria, integral. Hay otra expresión familiar: estado de gracia. Debo mantenerme en él a toda costa. Si he empezado con un tono de Bach, necesito que alguien lo toque cada día a la misma hora. Nada puede cambiar en la rutina de los días. El menor imprevisto puede echarlo todo abajo. Ni correo, ni teléfono”. En 1975 declaraba: “Nunca me he ocupado de la política. Cualquier análisis que pretenda encontrar el menor rastro de ideología en mis doscientas veintitantas novelas será infructuoso”. Y también: “La novela no se muere, son los auténticos novelistas quienes empiezan a escasear. Y, por supuesto, los pocos que quedan son peor recibidos en los despachos de los editores que un presidiario o la madame de un prostíbulo”. El 1º de diciembre de 1974 anota en su diario: “Si hay una palabra que quisiera ver inculcada en los niños, es decir, en los hombrecitos, en los hombres del mañana, ésa es ‘humildad’. Preferiría ver grabada esta palabra en la piedra de nuestros efímeros monumentos, antes que Libertad, Igualdad y Fraternidad”. ![]() Sólo entre 1945 y 1972, treinta y tres filmes fueron realizados en base a novelas de Georges Simenon. |


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