A metros de un cementerio aborigen construyen un museo arqueológico
Hallazgos. Las excavaciones realizadas por la Arqueóloga Rosario Feuillet ya arrojaron a la luz numerosas piezas y restos óseos de gran valor histórico. Fotos Mauricio Garín.
Empezó hace un mes y ya tiene un 25 % de avance. Cobijará piezas del pasado prehispánico de hace mil años encontrados en la zona. Además de restos óseos de unas 50 personas, se hallaron numerosos objetos rituales y simbólicos. Todavía no está identificado el asentamiento base.
Lía Masjoan
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“Es como un hijo. Es un sueño que comienza a tomar forma”, dice la arqueóloga Rosario Feuillet mientras mira cómo se levantan las primeras paredes del futuro museo arqueológico en el barrio Villa Adelina Este de Santo Tomé. En ese sector, ella y un equipo de 10 profesionales más encontraron después de la inundación de 2007 un cementerio con unos 50 cuerpos de aborígenes enterrados en el año 900 d.C., en un predio de 24 metros cuadrados.
También hallaron numerosos objetos rituales, como vasijas, cuentas, ahumadores, huesos de animales trabajados y restos de ocre y plaquetas con hierro que sirven para pintar. Hoy, ante la falta de un lugar adecuado para conservarlos y exponerlos, muchos de esos elementos están guardados en su casa materna, a unas 15 cuadras del asentamiento.
La obra que lleva adelante la Municipalidad desde hace un mes ya tiene un 25 % de avance y marcha dentro de los plazos previstos, unos 4 meses, con lo cual a fin de año podría estar terminada. “Es el primer museo que se construye desde cero destinado exclusivamente a materiales arqueológicos del pasado prehispánico, es decir, para contar y mostrar la vida aborigen antes de la llegada de los españoles. Será pionero”, resume la especialista, orgullosa. Y no es para menos. Con sólo 30 años logró un descubrimiento sin precedentes en la región (hoy tiene 35). “No hay hasta el momento en la cuenca del río Salado o del Paraná un sitio donde esté tan acotado el área de enterratorios y donde tengan una disposición así, con un patrón absolutamente claro. Generalmente cuando se encuentran inhumaciones en islas o en otros lugares los esqueletos están dispersos y sin un patrón claro”.
Aquí “hay un patrón absolutamente marcado”: los cuerpos tienen una orientación suroeste-noreste, están todos inclinados, uno al lado del otro y no hay superposición. Este solo dato arrojó dos hipótesis iniciales a los investigadores: o esta gente tenía un registro absolutamente claro de quienes estaban enterrados o fue un enterratorio masivo en un período de tiempo similar como consecuencia de una pandemia o de enfrentamientos con otro grupo.
Pero una vez realizada la excavación, con los huesos en las manos, vieron que la mayoría de los enterrados eran personas adultas y varones; las mujeres estaban boca abajo y no había rangos etarios demasiados dispersos. “Con lo cual descartamos la hipótesis de algún tipo de pandemia porque tendríamos que tener de todo (niños incluidos) y porque no hemos encontrado signos de violencia en los esqueletos”, aseguró Rosario.
¿Quiénes eran?
Las investigaciones, algunas realizadas en el exterior, permitieron obtener más datos sobre el grupo que habitó estas tierras. Para conocer la antigüedad de los restos, se enviaron huesos al Centro de Estudios Especializados en isótopos de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos, donde se hizo un análisis de Carbono 14, a través del método de datación de radiocarbónica por espectometría de masas. Esto se logró con el apoyo de la Bolsa de Comercio de Santa Fe. ¿En qué consiste? El carbono 14 mide el colágeno del hueso y sirve para datar todo aquello que alguna vez estuvo vivo. Cuando respiramos acumulamos Carbono 14, cuando morimos, va disminuyendo de manera constante: cada 5.800 años se pierde la mitad del carbono 14. Haciendo un análisis de la cantidad que queda en el hueso se puede saber cuántos años hace que se murió la persona. En este caso, las dataciones arrojaron que este grupo vivió 1.000 años antes del presente con un margen de error de 30 años. “Esto lo ubica aproximadamente en el 930”, sentenció Feuillet.
Otros estudios (denominados isotopos estables de nitrógeno 15 y delta carbono 13) permitieron a los especialistas aproximarse al tipo de actividad que desarrollaban y de qué se alimentaban. “Los primeros análisis dieron como resultado que este grupo aborigen podría haber cultivado maíz. Pero hace 12 meses llegaron otros análisis de Estados Unidos (Universidad de Georgia) y otros del Instituto de Geocronología y Geología Isotópica -Ingeis, Conicet- que arrojan una dieta absolutamente cárnea vinculada a economías cazadoras recolectoras. Esto afianza la idea que tenemos de que es un sitio ritual, porque no estamos encontrando ninguna de las herramientas que usaban para cazar ni el campamento base que es donde vivía la gente”.
Y como han encontrado distintos tipos de restos de la misma época hasta en 800 metros a la redonda del cementerio, los arqueólogos siguen soñando con descubrirlo.
Mientras tanto, el largo camino iniciado va cosechando logros. Un museo que resguarde y conserve el material encontrado es uno de ellos. “Está bueno que la gente sepa qué pasó acá en el lugar donde vive, que este suelo que hoy cada uno siente suyo también fue de alguien más hace mil años y que también lo sintió y vivió aquí de otra manera a la que se vive hoy. Ese nexo entre el pasado y el presente, a través de la misma tierra, son fundamentales para reconstruir la historia”.
Inédito. En un predio de 24 metros cuadrados, se hallaron 50 cuerpos de aborígenes enterrados en el año 900 D.C. Es el primer cementerio que se encuentra con estas características en las cuencas de los ríos Salado y Paraná.
Un sueño. La Municipalidad de Santo Tomé construye a 20 metros del cementerio un museo arqueológico para reunir las piezas encontradas. La obra empezó hace un mes y ya tiene un 25 % de avance. Fotos: Mauricio Garín
El sitio arqueológico está localizado en un punto estratégico de la ciudad de Santo Tomé, a metros del río Salado, justo donde el cauce hace una curva y cambia su nombre a Coronda. “En el pasado este lugar era un punto absolutamente estratégico del paisaje porque tiene una visibilidad que permite controlar el curso de agua, saber quién venía y quién no y, sobre todo, los recursos ecológicos. Y dominar el paisaje en esa época era tener el poder de una región”, relató la arqueóloga Rosario Feuillet. Además, el sector cobra relevancia porque es el punto más alto de la ciudad, con una cota de 14,73 metros. Esto hace suponer que el campamento base estaba asentado muy cerca.
El espacio fue diseñado respetando características de la museología moderna. Tendrá una muestra permanente dedicada al poblamiento americano y otras rotativas.