Horacio Rosatti
Horacio Rosatti
“Tuve la oportunidad de llevar a la práctica lo mismo que escribí”
El ex intendente santafesino recibió un premio de la Academia Nacional de Derecho por su Tratado de Derecho Constitucional. Dice que no es necesario reformar la Carta Magna y que, por el momento, sus proyectos no pasan por la política.

De entrecasa. Rosatti recibió a El Litoral en su domicilio, acompañado por Larry, el perro callejero que hace más de 15 años le obsequiara un chico de condición humilde.
Foto: Guillermo Di Salvatore
Emerio Agretti
—¿Qué significa para usted haber recibido el premio de la Academia Nacional de Derecho?
—Un reconocimiento muy importante a la obra de alguien que, como se dice en el prólogo del libro, ha incursionado en los aspectos teóricos del Derecho Constitucional y también, con el ejercicio de la función pública, ha tenido que ver en su funcionamiento. Desde esa perspectiva, me parece muy estimulante. Porque yo siempre he pensado -como también se dice en el prólogo- que la acción sin pensamiento es ciega y el pensamiento sin acción es etéreo. Es decir que la práctica tiene que estar guiada por un análisis teórico y la teoría tiene que estar pensada para en algún momento poder ser aplicada. En el caso argentino, la Constitución siempre ha sido un tema de debate, por su aplicación, por su no aplicación, por su modificación. Y estos temas son analizados con el rigor que corresponde a una obra de derecho, pero siempre teniendo en cuenta el aspecto de la aplicación práctica. Que a mí me parece importante, porque normalmente se suele descreer de la vinculación entre la teoría y la práctica. Entonces, para quienes enseñamos Derecho Constitucional en la Universidad, y escribimos sobre eso, es muy importante poder ligar estos dos acercamientos, y tener una historia personal coherente entre lo que uno dice en el libro y lo que hace en la gestión.
—Resulta interesante pensar cómo puede haber operado eso en el proceso de elaboración del libro, cuando el análisis de un artículo constitucional seguramente remitía a una experiencia personal, o a su vinculación con un caso concreto.
—Sí, tal cual. Por eso, es un libro que a lo mejor yo podía haber estado en condiciones de escribirlo mucho tiempo antes. Porque hace más de 25 años que doy Derecho Constitucional en la Universidad. Pero me parece que eso habría significado perder esta percepción de la praxis. De hecho, no tardé tanto en escribirlo, porque lo tenía en la cabeza desde hace muchos años. Pero sí decanté algunas cosas en función de la experiencia pública y política.
—¿Cómo incorpora la sociedad argentina la cuestión constitucional? ¿Es algo que está presente?
—Pienso que no como debería estarlo. Tal vez se tenga una aproximación bastante fidedigna con respecto a los derechos, no tanto de los deberes. Y menos aún de lo que llamamos la parte orgánica, el funcionamiento de las instituciones. Esto se le hace a la gente un poco difícil de comprender. No por una incapacidad de percepción, sino porque a veces el funcionamiento es contradictorio, se hace difícil de vincular con el sentido común. El rol de la Justicia, por ejemplo. El proceso de designación de los jueces, el papel del Congreso. Son temas que -se percibe- funcionan en una clave demasiado compleja, demasiado difícil; cuando no debería ser así.
—Para terminar, y yendo al plano personal, se conocen muchas facetas de Horacio Rosatti: en lo político, lo académico, lo cultural, incluso el fútbol. ¿Por dónde van sus próximos proyectos?
—Bueno, yo siempre me programo uno o dos años hacia adelante. Y el plan es seguir con lo que estoy haciendo: dando clases, ejerciendo la profesión, escribiendo. Me falta un tomo para terminar la historia de Boca, el cuarto. Y en caso de que se apruebe la unificación del Código Civil y Comercial, tengo también la intención de escribir sobre el enfoque del derecho público en el código unificado. Y tengo también algunos proyectos conversados con mi editor, que es Rubinzal. Así que mi vida está proyectada hacia eso.
—¿No hacia la política, por el momento?
—No hacia la política por el momento. Uno nunca puede decir que nunca más, pero la verdad es que he ocupado cargos que nunca pensé, que han sido de mucha relevancia. No siento que me haya quedado nada pendiente en esa materia. Lo cual no significa que el día de mañana uno se pueda entusiasmar por un proyecto, pero hoy por hoy no lo veo. Y me parece que hay que creerme cuando digo esto, porque cuando dije que no iba a seguir, no seguí. Y yo a eso lo converso con mi familia, no tiene que ver con las expectativas de terceros. Porque si algo caracteriza a un sistema democrático, es que nadie es demasiado importante. Si alguien se considera vital, decisivo, creo que ya hay que pensar en otro sistema político.
Perfil
Horacio Rosatti es abogado, docente universitario y autor de numerosas obras jurídicas e históricas, ensayos culturales e incluso sobre la historia del club de sus amores, Boca Juniors. Fue funcionario provincial e intendente municipal, convencional constituyente, procurador general de la Nación y ministro de Justicia en el gabinete de Néstor Kirchner.
Méritos
El premio Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires es entregado cada dos años a “la mejor obra sobre temas propios de las ciencias jurídicas y sociales”, de cualquier rama. En esta oportunidad, participaron 34 obras y el Tratado de Derecho Constitucional de Rosatti (en dos tomos) se impuso de acuerdo con los parámetros utilizados por el jurado, integrado por los académicos Félix Trigo Represas, Alberto Rodríguez Galán, Jorge Vanossi, Roberto Luqui y Mariano Gagliardo: la importancia del tema abordado, la extensión y esfuerzo que la obra demuestra y la profundidad del tratamiento, así como la fundamentación del criterio del autor en los puntos que puedan considerarse controvertidos.
Reforma en Santa Fe, y no en la Nación
—De manera periódica, y particularmente en la actualidad, se reflota la idea de una reforma de la Constitución Nacional. Usted, que tuvo una participación activa en la última convención, ¿qué opina de esto? ¿Es necesaria u oportuna?
—No. Me parece que hay muchas cosas todavía pendientes de aplicación o de mejora con respecto al texto de 1994. Los derechos están todos, sea porque surgen explícitamente del texto de la Constitución o por reenvío a los tratados internacionales de derechos humanos. Así que no es que falte reconocer derechos o garantías, ni mecanismos procesales para articularlas. Y en la parte orgánica hubo una definición sobre el sistema político, y me parece que algunos aspectos que no funcionan bien son por cuestiones de implementación, y no por el texto. No se me ocurre en función de qué circunstancia y tema, hoy, podríamos hablar de una reforma.
—Otra es la situación en el caso de la Constitución Provincial.
—Sí, sin duda. La Constitución de Santa Fe, que es muy buena y ha sido un ejemplo y un paradigma en su tiempo, tiene 50 años, y en ese tiempo han pasado muchas cosas en cuanto al reconocimiento de los derechos, la forma de concebir el poder. En 50 años, se ha modificado todo eso como no había ocurrido en los 200 años anteriores, desde la Revolución Francesa. Entonces, sí pienso que es necesaria una reforma en la provincia. Y no es solamente una cuestión de opinabilidad: es una exigencia que deviene en algunos temas del propio texto de la Constitución Nacional. El tema de la autonomía municipal, por ejemplo, que está en el artículo 123, y nosotros no la tenemos. Da mucha pena ver que en nuestra provincia no tengan reconocida la autonomía ciudades como Santa Fe, Rosario, Rafaela, Venado Tuerto, Reconquista, y otras provincias se la reconocen a comunidades de 5 mil habitantes. Creo que en eso estamos atrasados, y solamente esto ya habilitaría una reforma.
—¿Y qué otros aspectos debería contemplar?
—En el diseño de la institucionalización del poder a mí me gustan las dos Cámaras; yo defiendo la bicameralidad. Pienso que la Cámara de Diputados debería tener una representación proporcional. No 28 sobre 50 el que gana, porque la gobernabilidad no se asegura con una mayoría en una Cámara, sino con diálogo, con búsqueda de acuerdos, con sensatez, con consensos, con participación de la gente. No porque haya una mayoría automática (que hoy, además, después de la última elección se convierte paradójicamente en una minoría automática). Entonces, pienso que eso debería ser modificado. Dos cámaras, y la de Diputados, con representación proporcional.
El gobernador me parece que debería requerir para el acceso al cargo una mayoría que no sea la simple pluralidad de sufragios como hoy, sino en un sistema o como el de la ciudad de Buenos Aires, mayoría absoluta -lo que generaría más de una vez una doble vuelta- o como el de la Nación, 45 % o 40 con una diferencia de 10.
Después, en materia de Poder Judicial, la constitucionalización del Consejo de la Magistratura, del Ministerio Público en el nuevo sistema procesal penal, la implementación del juicio por jurados. En mi perspectiva, ésos deberían ser los ejes.