EN PALABRAS ANDANTES

Se festejó el día de “Glosa”, la gran novela de Juan José Saer

Se celebró por primera vez el día de “Glosa”, la que algunos consideran su mejor novela. La actividad central fue un diálogo abierto entre Roberto Maurer y Raúl Beceyro.

De la redacción de El Litoral

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Se acercaban como conspiradores. El martes 23, anochecía y la librería Palabras Andantes se iba llenando lentamente de los asistentes a la primera celebración del “Día de Glosa”.

Porque resulta que “Glosa”, la novela del escritor santafesino Juan José Saer, que algunos consideran como la mejor, cuenta una historia muy simple: a lo largo de 250 páginas su personaje central, Ángel Leto, camina las 21 cuadras que van desde Boulevard y San Martín, por San Martín, hasta el Parque Sur. A lo largo de esa caminata Leto encuentra al Matemático, con el cual habla, sobre todo, del festejo del cumpleaños de Jorge Washington Noriega, al cual ninguno de los dos asistió.

En la primera página de su novela Saer se preocupa por aclarar el día en que sucede esa caminata: el 23 de octubre de 1961 (agrega, también: “pongamos, qué más da”). Este martes 23 se festejó, por primera vez, el día de Glosa.

Durante todo el día, en una pantalla ubicada al fondo del local de San Gerónimo 2342, de Santa Fe, se podía ver y escuchar dos fragmentos de documentales. En uno de ellos Jorge Conti lee el comienzo de “Glosa”, y en el segundo el propio Saer aparece en la última ocasión que fue filmado en Santa Fe (en 2002, para el filme “Bienal”, de Marilyn Contardi). En este fragmento Saer cuenta un poco sus comienzos como escritor, cuando conoció a José Pedroni y a Juan L. Ortiz.

CONTRA SAER

Pasadas las 20, hora en la que se anunciaba la actividad central de la jornada -anunciada como un “diálogo abierto entre Roberto Maurer y Raúl Beceyro, a propósito de Saer, Glosa y lo que salga”-, entre la concurrencia podía advertirse a Hugo Gola, poeta y amigo de Saer, a Maricel Cherry, realizadora de un film sobre el texto de Saer “Barro cocido”, a Pedro Casís, que al parecer momentáneamente había abandonado la música para dedicarse a la fotografía y al cine, además de otros amigos de Saer, e incluso algunos parientes.

Roberto Maurer tomó el micrófono y manifestó desconocer los motivos por los cuales estaba ahí, dado que no era un especialista en Saer y solamente había sido su amigo. Aludió a Tito Mufarrege, otro amigo suyo, y de Saer, escritor que frecuentemente había acusado a Saer de haberlo plagiado, ya que, al parecer, Tito Mufarrege le contaba cosas a su amigo Saer, y luego encontraba esas cosas publicadas.

En cierto momento Maurer sacó un as de la manga. En realidad sacó 3 hojas de su bolsillo y anunció que iba a leer una especie de biografía de Saer escrita por Tito Mufarrege. Se disculpó porque algunas de las consideraciones de Tito podían ser consideradas difamatorias. Y leyó. Efectivamente Tito enuncia ciertas derivas en el posicionamiento político de Saer y enumera razones, a la luz de las cuales resulta casi inexplicable que se considere a Saer un buen escritor, o un buen hijo, o una buena persona.

Algunos de los asistentes estallaron en carcajadas al escuchar la diatriba de Tito Mufarrege contra Saer, y otros se sintieron incómodos: creyeron asistir a un homenaje al escritor Saer y se encontraban con un inventario de sus bajezas y claudicaciones. Tito, por ejemplo, denunciaba que sus padres debían arrastrar a Saer de la cama, para que fuese al colegio, y que luego Saer actuaba de manera desalmada, ante los empleados de la empresa familiar.

Se aclaró que quizá las acusaciones de Tito no debían ser tomadas muy en serio, y se dijo que, por otra parte, Tito había sido tomado por Saer, en sus rasgos básicos, para construir un personaje: Pancho. El personaje de Saer, era Tito, o al menos algo de Tito había servido a Saer para inventar a Pancho.

También se aclaró que el propio Roberto Maurer había servido de base para otro personaje, y no cualquier personaje. Ángel Leto, uno de los dos protagonistas de “Glosa”, tenía los rasgos de Maurer. Como Ángel Leto Maurer solía bajarse del ómnibus 16 en Boulevard y 25 de Mayo, y tomar San Martín para ir al centro. Como Ángel Leto, Roberto Maurer trabajaba en esa época en la administración de una empresa. Pero a diferencia de Ángel Leto que, según narra Saer, se convierte en un guerrillero y se suicida con una pastilla de cianuro al encontrarse cercado por los represores, Roberto Maurer estaba ahí, contando detalles de su amistad con Saer.

SAER Y EL CINE

Por su parte Beceyro empezó diciendo que, a pesar de haber leído un libro y escuchado varias conferencias sobre las relaciones de la literatura de Saer con “lo cinematográfico”, no había ninguna relación entre Saer y los procedimientos cinematográficos. Le faltó decir que, por ejemplo, “Glosa” es un travelling de 21 cuadras no aclara ni al cine ni a la literatura de Saer.

Dijo que el primer estadio de la relación de Saer con el cine es lo que podría llamarse la “cinefilia”. Saer empezó como cualquiera, como todos, viendo cine. Como los cinéfilos, Saer tenía los gustos de la mayoría pero también tenía gustos particulares, y había ciertos directores menores que Saer apreciaba particularmente. Se mencionó a Sidney Lumet, y que el entusiasmo que sentía Saer por Lumet suscitó el entusiasmo de varios de sus alumnos. Porque el segundo aspecto de la relación de Saer con el cine fue el hecho de haber sido profesor en una escuela de cine: el Instituto de Cinematografía de la UNL. Beceyro pareció emitir dudas sobre las virtudes del Saer profesor salvo en un aspecto: Saer transmitía el entusiasmo que sentía por algunos escritores cuyos libros estaba leyendo en ese momento. Gracias a eso sus alumnos, contagiados por ese entusiasmo, leyeron, entre otros, a Faulkner, Joyce, Virginia Woolf, y entre los argentinos a Antonio Di Benedetto y Jorge Luis Borges.

“Saer se convirtió en guionista profesional, de la productora de “el ingeniero Giménez”, productor de media docena de films, y que allí Saer vio alguno de sus cuentos adaptado (El taximetrista, dirigido por Dino Minitti), y participó en algunos de los otros proyectos del Ingeniero Giménez”, señaló.

Para terminar Beceyro aclaró un aspecto poco conocido de Saer: su tentativa, finalmente frustrada, de realizar un film.

Algunos participantes del público (entre ellos Rogelio Alaniz), hicieron algunas observaciones sobre Saer y su consideración en círculos académicos desde hace mucho tiempo, pero se convino en que sólo en sus últimos años de vida (falleció en 2005), alcanzó cierta notoriedad: hasta apareció en la revista Caras. Alguien acotó, respecto a la muerte de Saer, que hay ahí una coincidencia: falleció el 11 de junio, que es precisamente el día en que nació Juan L. Ortiz. Además, otra coincidencia, fue incinerado el 16 de junio, que es el “día de Ulises”. Efectivamente la gran novela de James Joyce también transcurre en un solo día: el 16 de junio de 1904, y todos los 16 de junio, en la ciudad de Dublín, se realizan diversas celebraciones, en los lugares en los que sucede Ulises.

El festejo terminó con los participantes con un vaso de vino en la mano: nada más adecuado en un homenaje a Juan José Saer.

 
Se celebró por primera vez el día de “Glosa”, la que algunos consideran su mejor novela. La actividad central fue un diálogo abierto entre Roberto Maurer y Raúl Beceyro.

En una pantalla ubicada en el fondo de la librería se pudieron conocer dos fragmentos de documentales sobre “Glosa” y “Saer”. Aquí, los expositores. Foto: PABLO AGUIRRE

De película

Saer vivía en los años ‘70 en la ciudad francesa de Rennes, en un edificio de departamentos ubicado frente a la Universidad donde daba clases. Uno de sus alumnos tenía un equipo de Super 8, con el que filmaba ingenuos relatos relacionados con leyendas bretonas y Saer le pidió prestado el equipo y comenzó a filmar, en el Centro Comercial del barrio de la Universidad, una película cuyos personajes eran un hombre de unos 30 años (interpretado por un actor amigo) y una niña de 10, la hija de otros amigos, más concretamente Cecilia Beceyro. En el film el hombre trataba de atraer a la niña, que estaba en la entrada de un supermercado.

Eso es todo lo que se recuerda de ese intento de Saer por hacer cine. El material fue revelado, pero nunca se terminó la película. En 2002, aparece el libro de cuentos escritos por Saer “Lugar”, y allí se puede leer el brevísimo texto “Nochero”. En él, se cuenta la siguiente historia: “El Gato Garay está tomando un vermouth en el Gran Doria cuando ve en la vereda de enfrente, parado frente a la vidriera de una confitería (en la realidad el Polo Norte) a un hombre de unos treinta años que compra bombones a una nena de alrededor de los diez años, y que se va con ella. Su intención es frustrada por la llegada de la madre de la nena, el hombre huye y la madre, inquieta y enojada, interroga a las vendedoras de la confitería para saber qué había pasado. El Gato Garay se levanta y se dirige a la casa de unos amigos donde ha sido invitado a cenar”. Eso es todo. Uno no sabe si Saer, cuando filmaba la película, tenía algo escrito, y si ese texto es el que aparece en “Lugar”. O si algo escrito entonces, ha sido re-trabajado ahora, para convertirse en “Nochero”. Tampoco uno sabe qué marca dejó en Saer aquel film inconcluso y hasta qué punto el texto de “Lugar” es una revancha contra ese film que no pudo ser.