EDITORIAL
EDITORIAL
Cuando el relato necesita combustible
El gasoducto del NEA fue la primera megaobra anunciada por Néstor Kirchner. Una década después, ese emprendimiento sigue en los papeles. Entre tanto, el gobierno de Cristina Fernández tiene serios problemas para conseguir barcos con gas metano que compensen la falta del combustible; también, para contar con los 3.000 millones de dólares que el país necesita para pagar el déficit energético anual.
El ex presidente era conciente del problema, aunque por entonces planeaba proveerse del gas desde Bolivia, comprándolo a Repsol a precio internacional para eludir la tarifa “pesificada” que tendría que haber pagado a la misma petrolera -por entonces aliada estratégica- si el gasoducto se proveía desde Salta, tal como reclamaba el ex mandatario de esa provincia, Juan Carlos Romero.
Vale la pena el repaso. El yacimiento boliviano es el mismo que el salteño, pero el gobierno no admitía aumentar tarifas energéticas capaces de sustentar las inversiones necesarias para la exploración y explotación de nuestros recursos hidrocarburíferos.
El “nuevo paradigma” energético que hoy plantea el gobierno nacional tuvo que revisar la marcha. La expropiación de acciones de Repsol fue funcional a la anunciada pretensión de la petrolera española de retirarse del país; de hecho, los ibéricos -hoy en medio de una gran crisis- no tenían los recursos que hacen falta en la Argentina.
YPF no es -a pesar de la propaganda oficialista- una empresa estatal. Aunque con mayoría de acciones bajo jurisdicción de la Casa Rosada, sigue siendo una empresa privada. El gobierno ha reconocido que eso es así para poder otorgar el marco jurídico contractual que los inversionistas petroleros exigen, incluyendo el paraguas “neoliberal” y “menemista” de los Tratados Bilaterales de Inversión que el kirchnerismo cuestiona pero utiliza.
El nuevo escenario reboza de ortodoxo -ajustado- realismo. Los surtidores de YPF aumentaron hasta 35 % el precio de naftas y gasóleo en el último año, y sobrevuelan los “cargos específicos” en las facturas del gas. Miguel Galuccio negocia contratos con la norteamericana Chevron, con British Petroleum en sociedad con los Bulgheroni o con la CCNOC, una empresa estatal China que viene con la condición de llevarse recursos que necesitan en su país, no importa cuánto escaseen en la Argentina.
Vaca Muerta en Neuquén y los yacimientos en Salta son los escenarios inminentes del petróleo y el gas no convencional. No habrá una empresa estatal explotando esos recursos; la última se privatizó con el aval político decisivo de Néstor Kirchner a cambio de cientos de millones en regalías que le concedió Domingo Cavallo.
Hoy el gobierno le garantiza dólares a precio oficial a los futuros inversores petroleros privados. Mientras tanto se deshace de los subtes subsidiados en la Capital Federal, abandona el aporte a los colectivos en las provincias, instala usinas contratadas de manera directa ante la emergencia y licita en Santa Cruz represas que bañarán los terrenos vendidos a los amigos del poder, a precio vil.