Edición del Lunes 28 de enero de 2013

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¿En unión y libertad? - Opinión Opinión

200º Aniversario de la Asamblea del año XIII

¿En unión y libertad?

Guillermo Marcelo Ruiz (*)

e-mail: gmruiz@fibertet.com.ar

El 31 de enero de 1813 inició sus sesiones la Asamblea General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y el 13 de abril de 1813 ordenó acuñar la moneda nacional con la siguiente inscripción: “en unión y libertad”.

Esta inscripción hace alusión a la forma política de la Nación Argentina, a sus valores fundamentales, y a su estructura mixta con el sentido de unión como complementación en libertad de los ciudadanos.

La Constitución de 1853

La fórmula “en unión y libertad” se ve reflejada también en el Preámbulo de la Constitución, ya que tanto la unión nacional como la libertad son bienes inseparables que integran la configuración política de la Nación: la unión de voluntades libres que constituyen la cosa común denominada Estado o República.

El restablecimiento del sistema democrático en 1983

Con respecto al lema “en unión y libertad”, y en el 30º aniversario del restablecimiento del sistema democrático, cabe recordar las palabras del Dr. Raúl Alfonsín pronunciadas en el discurso de Parque Norte el 1 de diciembre de 1985, cuando decía que “Detrás de cada unidad nacional hay un gran proyecto capaz de asociar en la construcción de un futuro común a fuerzas étnica, religiosa, cultural, lingüística o socialmente diferenciadas entre sí. Uno de los rasgos distintivos de la Argentina ha sido nuestro fracaso en delinear con éxito una empresa nacional de esta naturaleza. Otros países conocieron en el pasado terribles luchas internas, pero supieron disolver sus antagonismos en unidades nacionales integradas, cuyos componentes se reconocen como parte del conjunto en un universo de principios, normas, fines y valores comunes. Esta integración, aunque intentada varias veces, nunca alcanzó a prosperar en la Argentina, que mantuvo como una constante a lo largo de todo su itinerario histórico la división maniquea de su propia sociedad en universos político-culturales inconexos e inconciliables. Nuestra historia no es la de un proceso unificador, sino la de una dicotomía cristalizada que se fue manteniendo básicamente igual a sí misma bajo sucesivas variaciones de denominación, consistencia social e ideología”.

El Dr. Raúl Alfonsín continuaba diciendo que “Como unidad política y territorial, la Nación se asentaba en el precario dominio de un grupo sobre los demás y no en una deseada articulación de todos en un sistema de convivencia”, y agregaba que “La participación es un movimiento destinado a agrandar los espacios de libertad, de bienestar y de relación humana. No puede ser impuesto desde factores externos a la vida misma de los que participan, pero necesita del estímulo y del apoyo del conjunto de las instituciones públicas y privadas. Es un movimiento que provoca cambios en la mentalidad colectiva y, consecuentemente, en las instituciones. Estos cambios están dirigidos a promover la integración de los argentinos entre sí, así como entre éstos y sus organismos representativos y a recuperar la solidaridad y el sentido de unión nacional”.

El presidente Alfonsín concluía señalando que “Debemos aprender a unirnos y a sumar el trabajo de cada uno con el del otro y crear así la transformación y lo nuevo. Es la unión de lo que cada uno de nosotros produce desde su lugar. El discurso político debe llegar con este nuevo espíritu de construcción a todos los argentinos. Estemos dispuestos a marchar juntos. Debemos lograr la unión de lo desunido”.

La forma política de nación en unión y libertad es una asignatura pendiente

Cuando decimos que la forma política de nación en unión y libertad es una asignatura pendiente, queremos señalar primeramente que su concepción teórica está incompleta, y de ello se deriva la frustración en su realización, como decía el Dr. Raúl Alfonsín.

Entonces, cabe formular la siguiente pregunta: ¿Cómo pueden ser partes de un mismo conjunto la unión y la libertad?

Sin desmerecer los grandes aportes hechos por la tradición liberal y la socialista, lo cierto es que ninguna de las dos concepciones logró integrar la unión y la libertad como partes diferentes de una forma o conjunto único, sino que cayeron en una permanente tensión entre ambas cosas, entendidas por dichas concepciones como la unión general y la libertad particular, el todo y la parte, lo público y lo privado, el Estado y la sociedad, respectivamente, es decir, como formas separadas, desarticuladas o inconexas y, finalmente, contradictorias. Faltaba concebir el término medio como parte unificante que las concilia: la unión particular o confluencia de las libertades particulares que juntas componen una totalidad diferenciada en sí misma.

Porque como bien dijo el Dr. Raúl Alfonsín en el discurso de Parque Norte mencionado, el Estado no es “toda la sociedad argentina”, sino “una parte de esa sociedad”. ¿Qué parte de la Nación Argentina es el Estado? La parte que surge de la unión de las voluntades libres de participación de los ciudadanos, la cosa pública o común -res publica- como tercero o término medio que procede de esa unión.

En efecto, según una visión participacionista de la sociedad de raigambre cristiana, la forma política de nación como totalidad diferenciada tiene una estructura tripartita compuesta por unos y otros ciudadanos libres y la unión nacional de ambos en constante desarrollo, que es análoga a la estructura de otras formas sociales como la familia, la empresa o la ciudad.

Entonces, los ciudadanos libres no pueden prescindir del Estado nacional como forma objetiva que expresa la unión nacional de los argentinos, porque necesitan de ella para complementarse mutuamente con los bienes y servicios comunes del Estado.

Pero el Estado no puede echárselas de señor de los ciudadanos libres, en tanto parte que realiza su complementación, porque se debe a ellos, ya que la unión que el Estado representa constituye el producto de la libre participación ciudadana y, en consecuencia, sus órganos de gobierno no pueden actuar de manera prepotente o hegemónica como si el Estado fuera el todo, ni pueden decir “vamos por todo”, pues el camino dialéctico de la confrontación termina en una síntesis unitaria del Estado que suprime las diferencias y contradice su condición de parte unificante y su misión: el Estado es el lugar de encuentro social, de unión nacional y de diálogo fecundo, y tiene la misión de garantizar la libertad de los habitantes del país, y de canalizar y promover la unión participativa de los ciudadanos, sirviendo siempre con tolerancia a la convivencia política de los argentinos “en unión y libertad”.

(*) Abogado



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