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“No soy hipócrita: a mí me gustaba la noche y las minas”   - Deportes | Fixture | Resultados Deportes

Claudio Mir, aquel zurdo goleador que surgió de Newell’s de Santa Fe, la rompió en Colón y jugó en Unión...

“No soy hipócrita: a mí me gustaba la noche y las minas”

Reconoce que no tenía límites, que se gastó todo lo que ganó y que una vez se quiso suicidar. “Me salvó mi actual mujer, se lo debo a ella”. Se apenó con lo de Cototo Balbuena y no ahorra elogios para su amigo Toresani.

“No soy hipócrita: a mí me gustaba la noche y las minas”

En La Paz. “Carozo” Mir con un paisaje boliviano de ensueño como fondo. El ex de Colón y Unión habló sobre su pasado futbolístico y también sobre su vida llena de anécdotas.

Foto: El Litoral

 

Enrique Cruz (h)

(Enviado Especial a La Paz, Bolivia)

Le pasó de todo a “Carozo” Mir en su vida. Decidió vivirla con desenfreno, sin pausas y sin privaciones ni cuidados. Por eso, suelta la primera frase reveladora cuando decidimos tomar las fotos en un puente ubicado en pleno centro de La Paz: “Acá, a este lugar donde estamos parados, vine una noche para tirarme; y no estaba borracho, te lo aseguro”. Y después lo reconoce en una charla sin filtros con El Litoral. Atrás quedó aquella aparición tremenda en 1984 cuando salió goleador del torneo de la B con la “11” de Colón, su posterior paso por Unión y todo lo que le vino después, que fue violento y lo llevó a vivir siempre al límite.

—¿Te gustaría volver el tiempo atrás para instalarte en aquel 1984, Claudio?

—Eso fue muy bueno para mí, era un equipo integrado por grandes jugadores y personas como Cococho Alvarez, a quién le mando un saludo enorme y le deseo lo mejor porque se lo merece.

—Eras muy joven, metiste goles, eras figura. ¿Tenías conciencia de que podías convertirte en una figura de renombre nacional e internacional?

—No, la verdad que no. Tenía 16 ó 17 años, no me acuerdo bien. Había salido de Newell’s de calle Mendoza al 4000 y eso no me lo olvido jamás, porque fue el club que me formó cuando era niño y amo esa institución. Y después me fui a Colón y era la figurita de ese momento. Pero cuidado que Unión tenía grandes jugadores también, como el Turco Alí, un fenómeno en todo sentido. Ese equipo de Colón era un grupo de gente muy humilde. Estaba Daniel Wermer, el Cabezón Juncos, Horacio Schneider que luego falleció...

—¿Te enteraste de la muerte de Cototo Balbuena?

—No te puedo creer... Le mando un saludo a toda la familia, con Cototo vivimos momentos muy lindos también, éramos todos chicos muy humildes los de aquel equipo.

—¿Y lo de Unión?, ¿es un error haberte cruzado de vereda luego de todo lo que hiciste en Colón ese año?

—No, para nada. La gente de Colón pensaba que yo era hincha de Unión y la gente de Unión creía que era de Colón. ¡Yo siempre fui hincha de Colón!... En realidad, soy de Boca también. Pero primero está Colón y después Boca. Pero yo fui profesional y di todo. ¿Te acordás cómo fue mi carrera?, de Unión me fui a Colombia, jugué en Huracán y de allí volví a Unión primero y a Colón después. Ahí ya fue difícil, porque jugando bien o mal, la gente de Colón me lo recriminaba. Tenía la hinchada dividida.

—Entre los que te alentaban y los que te puteaban...

—No. ¡Una parte puteaba a mi vieja y la otra parte a mi viejo!... Pero a mí me gustaba que me insultaran, me daba fuerzas, le daba para adelante.

—¿Y por qué se dio eso?, ¿no te perdonaron que hayas ido a Unión?

—A mí me gustaba salir, como a cualquier pibe. No hacía cosas malas... Ustedes lo decían y me perjudicaban...

—¿No te gustaba que el periodismo te lo marcara?

—No... Te lo digo en broma. Ustedes hacen su trabajo y está bien. ¡Qué se yo...! No era un santo, salía a la noche, me gustaba la noche... En realidad, era un desastre.

—No te cuidabas...

—No tenía alguien a mi lado que me cuidara, un representante por ejemplo. No me quejo porque nadie te pone un revólver en la cabeza para salir de noche. Entonces, salía y me la bancaba... A los jugadores les gusta salir, les gusta la noche, les gustan las minas... No soy hipócrita hermano, por eso lo digo así, con todas las letras. Porque en el fútbol hay mucha hipocresía... ¡Pero aclará que me gustaba salir pero que ya no lo hago más, no sea cosa que se enoje mi actual mujer!... Pero no soy mala persona como por ahí se llegó a decir. Una imagen yo dejé, buena o mala, pero sé que por Santa Fe no pasé desapercibido.

—¿Cuáles eran tus vicios?

—Salía y tomábamos... Pero te aclaro que antes no había tanta falopa como ahora... No lo digo sólo por el ambiente del fútbol, sino en general. Acá en Bolivia hay mucha falopa dando vueltas y eso es jodido. A mí me gustaba tomar mi vinito o mi vasito de whisky... Cuando vine a jugar a Bolivia tomaba whisky la noche previa al partido... A escondidas porque si me agarraba el técnico me mataba.

—¿Eso no te quitó brillantez y posibilidades en la cancha?

—Yo rendía en la cancha... Acá el jugador boliviano sale a morir. En Argentina vas a un boliche y te tomás un vaso de whisky, acá en Bolivia te tomás una botella. Pero después, los bolivianos rinden en la cancha... Te cuento algo que me pasó en Salta. Apenas llegué, los jefes de la barra me fueron a hablar al hotel y me pusieron un arma arriba de la mesa. Me dijeron que me iban a poner un tipo en la puerta del hotel para que no saliera. Y la cosa no es así, ¿por qué me iban a negar que saliera?

—Seguramente porque te veían en la noche y si no jugabas un buen partido te tildaban de vago...

—Está bien, yo salía, pero no lo hacía el día previo al partido. Cuando fui técnico le pedía que no salieran a mis jugadores de lunes a viernes, jugábamos el sábado y el domingo los dejaba salir. ¿Por qué no iba a dejarlos?

—¿No tuviste a nadie al lado que te pusiera un poco de freno en algún momento?

—No, a nadie... Mi viejo murió cuando yo recién empezaba, estaba en el Borussia Dortmund y me volví... La tuve que pelear solo... A mi vieja no le puedo decir nada porque de fútbol fue menos diez. Mi vieja es bárbara, pero de fútbol cero. La única que me cuidó fue mi hermana, ¡pero es menor que yo!... Cuando mi viejo murió se me vino el mundo encima, tenía 19 ó 20 años... Fue jodido.

—¿Ganaste plata en el fútbol?

—Pero así como vino, se fue... Se fue en la noche, en viajes. Jamás pensé que algún día se iba a terminar. No era consciente, cuando jugaba, de que en algún momento se iba a terminar. Por eso le digo siempre a los chicos que la cuiden, que la cuiden mucho.

—¿Ves esto como parte del pasado o cada tanto se te viene a la cabeza?

—A mí me pasaron muchas cosas feas... Cuando me fui a Colombia me compró el narcotraficante más grande del mundo y tenía 17 ó 18 años, no me acuerdo. Soy técnico, estudio, trabajo... A mí me salvó Patricia, mi señora. Si no fuera por ella, hoy estaría con Dios o con el Diablo, pero ya no más acá.

—¿Pensaste alguna vez en hacer algo malo?

—Sí, claro... Fue acá en Bolivia. Me fui al puente ese donde nos sacamos las fotos y pensé en tirarme. No había tomado alcohol ni nada. Me paré y ví que era muy alto y dije: “Ni loco me tiro”. Pero te reconozco que lo pensé. Pero gracias a Dios tengo gente amiga acá en Bolivia y en Santa Fe también, como Julio César Toresani, a quien le digo que lo quiero mucho, que se cuide y que le prometo que cuando vaya a Santa Fe lo voy a invitar a tomar unos buenos whiskys como cuando él estaba acá...

—¿Qué hacés con un rosario colgado en tu cuello?, ¿sos creyente de verdad, significa algo especial para vos o lo tenés de adorno?

—(Risas) No me mates, de adorno no... Soy creyente... Pero en verdad a este rosario me lo mandó mi hermana de Santa Fe, yo la adoro a mi hermana y ella a mí, así que a este rosario lo voy a usar de por vida, hasta que me muera, que mucho no me queda... Hablando en serio, quiero mandarle un beso muy grande a ella, a mi vieja, al Pelado Centurión, a Maximiliano y a Stefi, mis hijos y a mi sobrino Uriel. A ellos los quiero mucho.

—¿Qué querés hacer de tu vida?

—Volver a Santa Fe, irme de Bolivia. Sé que no es fácil, porque se me complica al haberme ido hace tiempo. Cuando voy me veo con Lito Bottaniz, con Nery Pumpido, con Toresani, con Ricardo Pancaldo. En realidad, tengo contactos allá, pero hay gente que no quiero ver y trato de evitarlos. Acá mismo en Bolivia hay gente que no quiero ni hablar. Y eso que son argentinos, algunos de Santa Fe incluso. Pero no les doy bola ni me dan bola.

—¿Estás rencoroso por algo con Santa Fe?

—No, para nada. ¿Por qué voy a tener rencor de Santa Fe si es mi ciudad?... Para nada. Sólo digo que tengo que volver pero con algo medianamente seguro, porque necesito trabajar. ¿Qué querés que haga?, ¿que salga a “chorear” o me meta en algo raro?...

—Obvio que no. ¿Por qué te nacionalizaste boliviano?

—Porque yo vine acá en 1993 y Azkargorta me quería para jugar el Mundial de 1994. El equipo estaba armado y él tuvo la posibilidad de tener seis meses a los jugadores en el Centro de Entrenamiento del Barcelona y eso nadie lo sabe. Cuando vos tenés seis meses a los jugadores, podés meterle todos tus pensamientos. Al final no me pudo convocar pero con el paso del tiempo se dio la posibilidad de nacionalizarme y lo hice.

—¿Estás bien entonces, no te vas a mandar ninguna macana?

—(Risas) No me mates... Estoy bien. Mi mujer me salvó la vida, ya no salgo, me porto bien y laburo. No me queda otra. De mis tiempos de jugador no me quedó un mango. Pero ya está. Ahora miro para adelante y se lo debo a ella.

 

“No soy hipócrita: a mí me gustaba la noche y las minas”

Con El Litoral. En pleno centro de la ciudad de La Paz, el enviado del diario -que todavía lucha por adaptarse a la altura- charló en forma amena con “Carozo”. Foto: El Litoral

 

Su carrera

Colón, Unión, Deportivo Pereyra de Colombia, Huracán, Colón nuevamente, Chaco For Ever, Sportivo Norte de Mar del Plata, Unión Española de Chile, Douglas Haig de Pergamino, Quilmes, otra vez Unión, Defensores de Cambaceres, The Strongest y Bolívar de Bolivia, Douglas Haig, Juventud Antoniana de Salta, Godoy Cruz de Mendoza, Sportivo Norte de Rafaela, Sportivo Urquiza de Paraná, Mitre de Esperanza, Central Norte de Salta y Alianza de San Juan fueron escalones de la carrera de Carozo Mir como futbolista, viviendo inclusive situaciones complicadas por jugar en equipos que son rivales, como le pasó en Santa Fe y también en Salta.

/// el dato

 
“No soy hipócrita: a mí me gustaba la noche y las minas”

Con el presidente. La importancia de la trayectoria de Claudio Mir queda en evidencia en esta foto, cuando jugó un partido amistoso en el que también estuvo en cancha el presidente de Bolivia, Evo Morales.

Foto: Archivo El Litoral

Mandé a un chico boliviano de 15 años al Español de Barcelona. Yo jugué con Tomás N’Kono, el camerunés, un señor con todas las letras con el que me llevé bárbaro. Uno disfruta de tener ex compañeros como N’Kono, que es el entrenador de arqueros de por vida del Español de Barcelona”.

Claudio Mir

Ex jugador de Unión y Colón

“No soy hipócrita: a mí me gustaba la noche y las minas”

Pasado de gloria. Claudio Mir junto a uno de sus máximos ídolos, “Cococho” Álvarez. El delantero jugó junto al “10” sabalero en el comienzo de su carrera y aprendió mucho del talento del enganche.

Foto: Archivo El Litoral

Cococho, Zuliani, Caraballo y siguen las “firmas”...

“Cuando estuve en Colón no cobrábamos, éramos chicos del club, humildes, pero tuve la suerte de tener como compañero a Cococho Álvarez. Él me enseñó todo cuando yo era un pibe. A Cococho lo veía jugar cuando le tiraba pelotazos a Hugo Coscia y yo era un pibito e iba a la cancha a verlo. Para mí fue un honor jugar con él y le mando un abrazo enorme porque es un fenómeno. Pero así como no me olvido de Cococho, tampoco me olvido del Gringo Zuliani, de Tonono Franco, de Alberto Caraballo, de Panetto que me vio cuando era un chiquito, de Schiffitto, que fue mi técnico en Newell’s... De ellos nunca me voy a olvidar, hermano... Y les mando un abrazo a todos, porque los recordaré siempre. No tengo idea de qué es la vida de cada uno de ellos, pero conmigo se portaron fenómeno”, cuenta Carozo Mir con ese brillo de emoción tan particular en sus ojos por nombrar a gente que lo formó en su niñez.

—¿Qué pensaste en el momento en que Ricardo Tenerello, que era presidente de Unión, te fue a buscar en 1985?

—A mí me quería Boca, me quería River... ¡Y terminé en Unión!... Pero te repito que respeto mucho a la gente de Unión, porque conmigo se portó maravillosamente. Yo soy hincha de Colón y la gente de Unión lo supo siempre... Fijate el caso del Bichi Fuertes e imaginalo jugando en Colón pero en la B y sin el cariño ilimitado que le dio la gente en la parte final de su carrera. ¿Te pensás que no hubiese jugado en Unión en Primera si era goleador de la B en Colón, como me pasó a mí? Yo tenía 17 años y me agarró gente importante en Unión. Era joven, pero era profesional y tenía toda la carrera por delante.

—Se hizo el primer fondo de inversión en la ciudad para comprar un jugador, ¿te acordás?

—Por supuesto, porque además de Ricardo Tenerello estaban el doctor Scocco, Oscar Dadea, Cacho Bree, Cosentini... Eran empresarios muy importantes. Y después Dadea hizo el negocio cuando me llevó a Colombia. Entonces, yo no podía defraudarlos, no podía fallarles. Me faltó la asignatura de jugar con el Pelado, pero justo que me fui a Unión, lo vendieron al Pelado a Puma Internacional y se fue a jugar a Boca.



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