editorial
La necesidad de construir enemigos
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La necesidad de construir enemigos
En su imaginaria construcción de enemigos, necesarios para el despliegue de una visión épica de la política, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha acentuado sus críticas contra el Poder Judicial, al cual adjudica actitudes conspirativas y propósitos destituyentes. Nada distinto de las negras intenciones que antes atribuyó -y atribuye- a los medios de comunicación independientes.
Ahora, la lista de imputados se ha ampliado. La causa del cambio de humor oficial es que los Tribunales de Alzada y la Corte Suprema de Justicia de la Nación han desestimado o rechazado distintos planteos judiciales de los abogados del gobierno nacional contra empresas e instituciones del país. Y a decir verdad, lo han hecho de acuerdo con lo que establecen la Constitución, las leyes y los procedimientos. Así, se han erigido en una barrera contra la que chocan estrafalarios encuadres jurídicos elaborados en la intimidad del gobierno para atacar a enemigos simbólicos o demoler estructuras no adictas de la comunicación social. En rigor, los jueces están haciendo lo que corresponde, mientras el gobierno exhibe la sucesión de rechazos a sus demandas como una conspiración judicial, al punto de que puede pensarse que la insistencia en planteos jurídicamente inviables responde a una estrategia de victimización con propósitos políticos, al menos frente al núcleo más duro de su militancia.
Es que sembrar la idea de una Justicia “injusta” que bloquea la acción “revolucionaria” de la presidenta frente a enquistados poderes corporativos, puede ser útil para mantener encendida la llama acrítica y la acción refleja de Unidos y Organizados, el ejército de la presidenta.
Diana Conti, una de las principales espadas del cristinismo, enfatizó días pasados en una entrevista con La Nación, la determinación de romper de cuajo con las corporaciones (aunque no precisó el alcance del ambiguo concepto) y la intransigencia de sus convicciones.
Estas verbalizaciones de Conti -encendida promotora de Cristina eterna- ratifican la simplificación binaria de una sociedad concebida en términos de buenos y malos, réprobos y elegidos, “nosotros y ellos”, procedimiento reductivo útil para el alineamiento político pero lesivo de la condición de persona de cada ciudadano y de los más básicos derechos humanos (de pensamiento, opinión y elección).
Esta recalcitrante y trágica concepción binaria, que presupone la irreconciabilidad de los opuestos y condena a los hombres al permanente desencuentro y a la guerra eterna, destierra el diálogo y la negociación, y desconoce los incontrastables logros de las democracias republicanas y el moderno Estado de derecho en el plano del desarrollo humano y social. De paso, contradice el discurso de Cristina Kirchner que enfatiza su declamada preocupación de gobernar para cuarenta millones de argentinos.
En esencia, la matriz de este pensamiento-sentimiento se remonta a la noche de los tiempos y se asocia con el jefe de la manada y la ley del más fuerte, situación de mando-obediencia que ha experimentado sucesivas elaboraciones a través de los milenios, que ha encontrado fuentes de justificación en el pueblo, en Dios, o en ambos, y que ha colapsado en la modernidad a causa de intelecciones más abstractas y complejas, la progresiva inclusión económica y política de amplios sectores sociales, el ensanche del horizonte del saber, la revolución de las tecnologías de la comunicación, y la continua expansión de la frontera democrática.
Esta recalcitrante y trágica concepción binaria condena a los hombres al permanente desencuentro y a la guerra eterna.