Editorial

La AFA, al servicio de la propaganda K

  • River o Boca van a jugar a las 21.30 para quitarle audiencia al programa de Jorge Lanata. El gobierno nacional, que no ha podido responder con argumentos a las denuncias de corrupción, busca ganar con el rating.

El kirchnerismo ha pasado de la pérdida de los valores republicanos y democráticos al liso y llano extravío del sentido común. Sólo por esa razón, el análisis político se ve forzado a reflexionar sobre lo obvio.

No debería ser necesario señalar que resulta gravoso para el sector público -y repudiable para la convivencia social- el despropósito de poner al fútbol al servicio de la propaganda oficial, algo que -para quienes participan de las bacanales regadas con miles de millones de pesos del Estado- ya parece vivirse con toda naturalidad.

Esta semana, el circo romano recibió una vuelta de tuerca. Hay nuevas partidas de fieros leones y los mansos esclavos han sabido cómo portarse: el gobierno le ordenó a la AFA que Fútbol para Todos compita con Periodismo para Todos. Es decir, que el fútbol se imponga al periodismo.

La idea supera a los mejores guionistas de humor político. ¿Serán el producto de la falta de respuestas argumentativas del kirchnerismo al contenido de las investigaciones sobre el lavado de dinero K en el programa de Jorge Lanata?

La absurda decisión no se detiene en cuestiones tan elementales como la inseguridad, el valor de la vida de la gente, los operativos policiales y el regreso a sus hogares de los simpatizantes que van a los estadios y encontrarán -casi a la medianoche- bastante menos transporte público. No importa. Si no se puede responder a las acusaciones sobre corrupción con los argumentos, al menos se le puede ganar con el rating. Ésa parece ser la consigna.

El gobierno nacional va al pasado sólo cuando le resulta conveniente. De lo contrario, simplemente lo deforma. De la lista de las complicidades con la dictadura militar, el relato ha excluido prolijamente al actual presidente de la Asociación del Fútbol Argentino. Es evidente que basta con hacerse K para alcanzar la redención. Y, además, tener paciencia con las deudas del gobierno, que hoy con Fútbol para Todos llegan a 535 millones de pesos.

No es la primera vez que el poder se vale del fútbol para promover la alienación popular. Se hizo con el Mundial ‘78, como antes lo hicieron los gobiernos inaugurados desde 1943, al hacer que los triunfadores de las competencias deportivas compartan -sólo al vencer- sus laureles con el jefe del Estado. Para los perdedores, en tanto, no existía el derecho a la obsecuencia.

Carlos Menem no se privó de vincular su propia imagen, su propia persona, con el deporte, y jugó tenis, fútbol y básquet con profesionales que se prestaron a la actuación. Pero fue durante el gobierno de Raúl Alfonsín cuando la Selección argentina jugó su mejor Mundial. ¿Cuántas imágenes quedan de Alfonsín con los campeones? Muy pocas. Es válido preguntarse: ¿Qué no hubieran hecho el actual gobierno, el menemismo o la dictadura con algo así?.

Los populismos son poco originales: primero confunden al partido con el Estado, luego a la parte social que representan con toda la sociedad, y desde siempre a los colores de sus divisas partidarias con los de la patria. Y así dejan sin lugar a los demás... El sábado 25 de Mayo no habrá fútbol, para que no haya obstrucciones al celebrarse la comunión entre la fecha del nacimiento patriótico y la del alumbramiento del kirchnerismo.

El gobierno le ordenó a la AFA que Fútbol para Todos compita con Periodismo para Todos. Es decir, que el fútbol se imponga al periodismo.