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John Irving y la tolerancia sexual

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John Irving, el autor de “Personas como yo”, que acaba de publicarse en castellano. Foto: EFE

Por Carmen Sigüenza

(EFE)

El escritor estadounidense John Irving, uno de los autores más reconocidos e intensos, poseedor de un mundo propio, con tramas emocionantes y absorbentes, vuelve con Personas como yo, una novela donde pone la lupa a la bisexualidad y hace una llamada a la “intolerancia contra los intolerantes”.

“Personas como yo es uno de mis cuatro libros más políticos. Trata de la intolerancia sexual, del odio sexual por las minorías, y en este caso de una minoría dentro de la minoría: la bisexualidad -a la que tanto los homosexuales como los heterosexuales nunca han terminado de ver bien- y la transexualidad o transgénero”, afirma Irving.

Una novela que es la decimotercera en la carrera de John Irving (Exeter, New Hampshire, 1942) autor de algunos de los títulos más esenciales en la literatura norteamericana del siglo XX y XXI como El mundo según Garp u Oración por Owen.

En una escena Personas como yo, publicada por Tusquets, un personaje le dice al protagonista “Todo el mundo es intolerante con algo Bill, ¿y tú qué no toleras?”, y el protagonista le contesta: “la intolerancia”. Pues esta idea de Irving recorre toda la trama de esta novela, que se inicia en los años 50 en la Costa este de EE.UU. y llega hasta nuestros días, en el madrileño barrio gay de Chueca.

La familia, los clubes de lucha, los “outsider”, la identidad sexual, la búsqueda del padre son algunos de los ingredientes de ésta y de algunos otras obras de Irving, por donde también pasan de puntillas y entretejidas escenas de deliro libertario, sexo explícito y sobre todo mucha humanidad.

En Personas como yo todo nace en un teatro de aficionados de la localidad de First Sister y también en el club de teatro del colegio, donde el adolescente Billy Dean da rienda suelta a todos sus amores y “encaprichamientos” sean del género que sean.

Todo ello en medio de una familia con algún que otro travesti, con sujetadores preparatorios, trajes, disfraces y mucho teatro de la manos de William Shakespeare, Henri Ibsen o Tenesse Williams y muchas lecturas de Flaubert, las hermanas Bronte o el activista negro James Badwin.

Pero Irving rápidamente aclara que no hay nada de él en el protagonista, sólo la primera parte, ya que su madre -“una mujer liberal defensora del derecho de los homosexuales, el aborto o las causas civiles”, dice- era apuntadora como la madre del protagonista y él se pasaba tardes y tardes entre bambalinas viendo los ensayos.

“Hay poco de mí en Billy, excepto que como él, entre los 13 y 18 años, te pasas todo el tiempo imaginando y deseando hacer el amor con todo el mundo. Pero yo era un chico hetero bastante común no como Billy, por eso lo inventé, un joven que nunca estuvo en el armario”, precisa este escritor que cree que en Estados Unidos están evolucionando bien los derechos de los homosexuales.

“Vamos por buen camino -precisa-, al margen de la Iglesia que nunca va a cambiar su doctrina en esto, como en su antifeminismo, creo que se va por el camino adecuado. No sé cómo va en España -continúa- y tampoco en el resto de Europa, pero yo creo que todavía podré ver que por sentido común todo se normalizará, ojalá lo vea, pero la cosa donde no va bien es con el Islam radical y con eso sí que hay que ser intolerante con el intolerante”, recalca, al tiempo que se muestra preocupado por los movimientos actuales contra el aborto, algo incomprensible, añade.

Entre ocho y nueve años ha tardado Irving en escribir este libro, que es una exploración del deseo, tejida con profundidad psicológica e información de primera mano obtenida por amigos, profesionales y un sinfín de viajes, según el propio autor.

Y un libro donde la frase: “Querido mío, por favor, no me etiquetes, no me conviertas en una categoría antes de conocerme“ que repite la bibliotecaria transexual de la que se enamora el protagonista, la señorita Frost, es toda una declaración de intenciones de este autor, al que siempre le gusta provocar a sus lectores.