Edición del Domingo 27 de octubre de 2013

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“LOS ESCÁNDALOS DEL DSM”

Salud mental: alertan por la sobremedicación de los chicos

Los colegios de Psicólogos y Psicopedagogos manifiestan su preocupación por la cantidad de chicos medicados que hay en las escuelas. Advierten que el Manual de Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés) promueve una sobrediagnosis, cuyo resultado son chicos medicados, desde muy pequeños.

 

Florencia Arri

area@ellitoral.com

Pablo tiene 6 años. Es de Corrientes y desde hace dos años se niega a trabajar en la escuela. Por recomendación de la maestra, su mamá lo llevó a un neurólogo que lo medicó con Ritalina (Metilfenidato), un psicoestimulante -de la categoría de las anfetaminas- que actúa sobre el sistema nervioso y es frecuentemente indicado para déficit atencionales.

En julio pasado, Pablo y su mamá llegaron a Santa Fe en busca de nuevas respuestas. La que encontró le generó estupor: la psicopedagoga María Alejandra Vassallo recomendó quitarle la medicación y comenzar terapia. Su problema no era una enfermedad, sino un reclamo.

El caso, lejos de ser aislado, es muestra de muchos otros que llegan a escritorios y divanes de toda la provincia. Así lo cuentan Mónica Niel y María Alejandra Vassallo, presidentas del Colegio de Psicólogos y de Psicopedagogos de la provincia de Santa Fe 1a. Circunscripción, respectivamente. Desde hace tiempo, ambos colegios trabajan juntos contra la psicopatización de la infancia, en sus diversos modos. Su preocupación es la misma: “La cantidad de chicos medicados que hay en las escuelas”.

Los profesionales que representan observan con alarma cuán recurrentes son los “diagnósticos del momento”: los TDAH (Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad), Trastornos de Conducta y los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), “patologías del espectro autista que han crecido notablemente como si fuera una especie de contagio”, dicen las especialistas.

Patologías y diagnósticos

Para superar las palabras, el Consejo Provincial que reúne a los Colegios de Psicólogos de Santa Fe y Rosario -1a. y 2a. circunscripción- redactaron el documento “Los escándalos del DSM”.

En él, atacan lo que consideran “la raíz”: el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM), que “ha sido desestimado en Estados Unidos por su falta de rigor científico”, explicó la psicóloga Mónica Niel.

Con apoyo y adhesión del Colegio de Psicopedagogos, el documento fue presentado en la Federación de Psicólogos de la República Argentina. Lo que estas colegiaturas cuestionan es la tendencia a simplificar problemas complejos, a darle una raíz biológica supuestamente basada en la neurociencias, sin que haya una comprobación certera, sin buscar una raíz orgánica del síntoma. En términos simples, argumentan, “se trata sólo la conducta y se medica”.

Como psicopedagoga, Vassallo no cuestiona la patología sino el método de diagnóstico: se determina que el comportamiento de un niño se encuadra en los TGD “a partir de preguntas que responden los maestros y los padres sobre su comportamiento; algo totalmente subjetivo”.

Las respuestas a los indicadores son encuadradas en “frecuentemente”, “poco” o “demasiado”. “No se tiene en cuenta al sujeto en su circunstancia sociocultural educativa; no se escucha al niño”, sostuvo Vassallo.

Desde la psicología, Niel observó que se simplifican cuestiones complejas. “Queda a criterio de quien evalúa: en muchos casos los docentes son quienes recomiendan a los padres visitar a neurólogos, cuando hay otras cuestiones a tener en cuenta en la salud mental infantojuvenil”, advirtió.

En busca de respuestas

La mirada crítica de ambos colegios, en palabras de quienes los presiden, se extiende también al sistema educativo. Cuestionan el proceder de los docentes, “que llaman a los padres para decirles que su hijo tiene un trastorno y que deben llevarlo a un neurólogo”, expuso Niel. Y desde allí “observamos un deslizamiento: parecería que los neurólogos son ahora quienes saben de salud mental infantil, cuando la formación en neurología dista de ser una formación en salud mental”, objetó Vassallo.

“Estamos convencidos de que medicar con una pastilla calma muchas ansiedades con respecto a las familias. Es más fácil pensar que hay algo en lo biológico; es menos doloroso para la escuela y la familia que repensar su posición y escuchar al niño que mediante un síntoma reclama algo”, coincidieron.

En estos diagnósticos, según Niel, no se considera que su conducta se deba “a algo circunstancial, algo que esté sucediendo en su vida en ese momento y que tiene resolución, o si realmente se trata de una problemática permanente en ese chico”. A partir del diagnóstico, el nene “entra en un circuito, se lo separa de la posibilidad de una escuela común, y se lo incluye en centros para chicos dentro del espectro autista”, observó Vassallo.

A esto se suma “la sobrediagnosis que permite el DSM, en el que se buscan respuestas a problemas sociales, discapacitando a chicos que crecen con el rótulo de discapacitado desde muy pequeños”.

Niel y Vassallo argumentan que el sistema educativo se ve superado y, ante esa situación, encuentra soluciones parciales en la derivación a la medicina.

Su análisis ancla en que por un lado “se promueve la atención a la diversidad” y, por otro, “observamos que por cada aula hay 40 chicos. Es imposible atender a la diversidad con esa cantidad de alumnos”. Desde allí, expresaron que “es comprensible la preocupación de los docentes, que recurren a los médicos para que hagan algo, para lograr que todos los chicos sean iguales”.

Más allá de la disputa por la cientificidad de la respuesta, estas profesionales plantean que el riesgo es grande: “Es la sobremedicación de niños desde muy chicos. Más que preocupante, lo que está pasando es espantoso”, concluyeron.

Psicopatologizar la infancia

“El DSM sigue ampliando la lista de trastornos hechos a la medida de la industria farmacéutica. En 1980 se habían añadido 112 nuevos trastornos mentales a la 3a. edición del DSM, en la edición revisada (1987) y en la cuarta (1994) aparecieron otros 58 trastornos más”.

“Los diagnósticos correspondientes al trastorno bipolar aumentaron un 4.000% y la sobremedicación es imposible sin sobrediagnóstico (...) Hasta los años noventa era una afección desconocida en los niños. Ahora ya es uno de los diagnósticos más frecuentes en psiquiatría infantil, las visitas se han multiplicado por 40 en menos de 10 años, siendo muchos de los ‘enfermos’ niños de dos y tres años”.

“Es alarmante cómo han logrado psicopatologizar a la infancia, en el último DSM se incluyen hasta ‘las rabietas’ si son más de tres a la semana durante un año”.

“Consideramos imprescindible pronunciarnos en contra del uso del DSM como posición ética a ser asumida por todas las instituciones que tienen a su cargo las decisiones políticas respecto de la Salud Mental de la población”.

*El Colegio de Psicólogos informó que los datos detallados en el documento fueron extraídos del artículo “La ansiedad como afección y la génesis del DSM-IV” de Christopher Lane; y en las revistas “Psicoanálisis y hospital”.

En tinta

A días de anunciarse la llegada al país de la quinta edición del Diagnostic and statistical manual of mental disorders (el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-V), el Consejo Provincial Colegio de Psicólogos Provincia de Santa Fe redactó el documento “Los escándalos del DSM”.

El documento es contundente desde la primera línea: establece que su elaboración “estuvo plagada de polémicas”. Allí se detalla que el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos “abandona la clasificación DSM”.

También, que el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH), la agencia de investigación biomédica dependiente del gobierno de Estados Unidos, “considerada la mayor proveedora de fondos de investigación en Salud Mental de todo el mundo”, anunció “que dejará de hacer uso de la clasificación del DSM por considerarlo carente de validez científica”.

La clave

En el mundo

La postura de los profesionales santafesinos es un eco de las críticas internacionales al DSM. En Europa, representantes de varias organizaciones de Salud Mental formaron el Comité Internacional de Respuesta al DSM-5, que cuenta con el apoyo de la División 32 de la Asociación Americana de Psicología (American Psycological Association, APA). Este grupo elaboró una “Declaración pública de preocupación por la próxima publicación del DSM-5”, con el fin de advertir tanto a los profesionales de la psicología, e incluso a pacientes, acerca de las limitaciones que presenta el DSM-5.

En Estados Unidos, la División 32 de la APA elaboró una “Carta Abierta al DSM-5”, dirigida a la Asociación Americana de Psiquiatría. En ella advierten de los principales problemas asociados a los cambios que incluye la nueva versión del DSM y solicitan tanto una reforma como una revisión empírica externa de dicho manual.

El escrito, respaldado con más de 14 mil firmas y apoyado por más de 50 organizaciones de Salud Mental, entre ellas, el Consejo General de la Psicología (COP), no ha logrado que la Comisión nombrada por la Asociación Americana de Psiquiatría reforme el borrador del DSM-5 antes de su publicación.



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