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Un verdadero médico de niños - Revista Nosotros Nosotros

Un verdadero médico de niños

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en 1996, el colegio de médicos otorgó al dr. Ángel Spedaletti un diploma por los 50 años de ejercicio profesional.

El Dr. Ángel Enrique Spedaletti forma parte de la mejor historia del Hospital de Niños y de la Pediatría de Santa Fe. Hoy, a sus 92 años, comparte con nosotros algunos recuerdos de su vida.

TEXTOS. DR. RAÚL NÉSTOR NESSIER, MÉDICO PEDIATRA (raulnessier@hotmail.com).

fotoS. archivo el litoral y gentileza dr. nessier.

El Dr. Ángel Enrique Spedaletti es uno de los pioneros en la Pediatria de Santa Fe. A mi entender, uno de los grandes profesores que he tenido en mi vida -sino el más grande-, y sobre todo un ser humano excepcional.

Nació en Juncal, pequeña población al sur de Rosario (provincia de Santa Fe), el 11 de febrero de 1921. Su padre era un inmigrante italiano dedicado a tareas rurales y su madre, argentina, de apellido Branca, constituyeron un hogar con 5 hijos.

¿Cómo surge su vocación de médico? “En 1932, yo tenía 10 años y mi hermanito menor de 2 años, manoteando la ‘cocina de campo', se quema la cara y parte de su cuerpo y estuvo muy delicado .... Yo acompañaba a mi papá cuando lo llevaba a curaciones, y en uno de esos viajes le dije: ‘Papá, en el año 46 voy a ser médico!'”. Y así fue, el 1º de agosto de 1946, la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario le otorga el soñado título de Médico.

LOS DESIGNIOS DEL DESTINO

Como le pasó al Dr. Esteban Laureano Maradona cuando el tren se para en Estanislao del Campo, por entonces Territorio Nacional de Formosa y lo deja allí para siempre, al Dr. Ángel Spedaletti la lluvia lo frenaría en Santa Fe.

“Mi padre quería que su ‘hijo Doctor' ejerciera en Pergamino (pujante ciudad de la provincia de Buenos Aires), pero un médico amigo que estaba trabajando en Alejandra (al norte de la provincia de Santa Fe), me pide la ‘gauchada de hacerle un reemplazo' porque tenía que viajar... Bueno, me vengo a Santa Fe y cuando llego a la estación de colectivos y quiero sacar un pasaje para Alejandra, se me reían y me dicen: ‘Usted no puede llegar allí, con la lluvia que hubo no puede llegar...' y nunca llegué a Alejandra!”. Pasaron 66 años de aquel episodio y el doctor todavía no conoce Alejandra.

EL HOSPITAL, SU VIDA

Sigue en su relato el Dr. Spedaletti: “... Esas horas que pasé en Santa Fe fueron decisivas. Fui en visita de cortesía a ver a un médico que alguna vez me había atendido, el Dr. Cárcamo, y luego de una corta charla, éste llama al Dr. González Loza (ministro de Salud de la provincia) y le dice ‘Aquí tenemos al candidato ideal para Médico Interno del Hospital de Niños de Santa Fe'”.

El flamante Hospital de Niños de Santa Fe funcionaba en lo que -hasta entonces- era un sanatorio privado en bulevar Gálvez 1563, y llevará por nombre “María Eva Duarte de Perón”, fundado el 7 de diciembre de 1947, siendo su primer director el Dr. Francisco Menchaca.

Enero del ‘48 ve llegar al “flamante Doctorcito”, para quedarse a vivir allí, por 3 años y medio. “El Hospital fue mi casa, mi lugar de trabajo y aprendizaje, mi escuela y también mi refugio espiritual. Iba a misa allí porque había un grupo de monjas alemanas que nos ayudaban en las tareas del hospital y se celebraba misa en su capilla... Pero hay algo más: allí también encontré el amor de mi vida, la mujer con quien me casé y viví durante 50 años, hasta que Dios la llevó junto a Él”.

Y es que allí conoció a Edith Amalia De Petre, quien fuera la primera asistente social del Hospital de Niños de Santa Fe y con quien compartió su vida. Muchas anécdotas y vivencias la tienen como protagonista, ya que influía muchísimo en las actitudes del doctor con sus “educandos” (residentes y concurrentes), generalmente “maternalizando” el trato de su “doctorcito”, como ella le decía, y a quien -con su ternura amorosa- le cambió el sobrenombre de “Petiso” por el de “Piti”.

“La esposa del médico debe ser su mejor compañera. Junto a mi espíritu de servicio estuvo siempre su comprensión y apoyo incondicional; ‘primero tus pacientes', me decía...”.

ALGO DE SU TRAYECTORIA

En 1949 lo vemos organizar -por iniciativa del Dr. Francisco Menchaca- la primera Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Pediatría filial Santa Fe (SAP). Allí se lo ve con grandes figuras del quehacer médico local: Antonio Gomila, Carmelo Corti, Carlos Fígoli, Federico Milia, Carlos Moyano Centeno, Antonio Boggero, Armando Orioli y el mismo Menchaca.

Acompañaron esa iniciativa los Dres. Dora Seibel de Cortz y Miguel Ángel Cortz, José Lamelas, Antonio Naput y Clodomiro Amado, entre otros.

En 1967 comienza, junto al Dr. Milia, a organizar la Residencia Médica Pediátrica, inspirados en el modelo desarrollado en Buenos Aires por el doctor y maestro Carlos Gianantonio, dos años antes. Con ella llega la excelencia en la formación del pediatra. “En un hospital donde no se hace docencia se deteriora la calidad de formación médica y se afecta los niveles de prestación”, asegura.

Por eso, será también el creador de los Ateneos Científicos del Hospital de Niños y por este motivo hoy la Sala de Ateneos del Hospital Alassia lleva el nombre de Ángel Spedaletti.

De esa “incubadora” saldrán grandes pediatras que jerarquizaron y jerarquizan el saber científico pediátrico local, nacional e internacional. Sería imposible nombrar a todos quienes pasaron por sus centros académicos y sería un acto de injusticia olvidar a alguno.

MERECIDOS RECONOCIMIENTOS

El Dr. Orlando Alassia sería su colega de trabajo durante muchos años y fue éste quien crea la Fundación del Hospital de Niños y quien, junto al Dr. Santiago Paviotti, impulsan la construcción del Nuevo Hospital de Niños, que -inaugurado en 1999- lleva su nombre actual.

“El hospital, después de llamarse María Eva Duarte de Perón, pasó a llamarse Dr. Ricardo Gutiérrez, y actualmente Dr. Orlando Alassia”.

El Dr. Ángel Spedaletti fue embajador del “saber pediátrico” delegado por la SAP. Se lo vio en México en 1966, Viena 1971 y Barcelona en 1980. Es autor de numerosos artículos médicos; lo vemos enfrentar enfermedades que la mayoría de los médicos de hoy no hemos conocido, como fiebre reumática (tiene una de las casuísticas más grandes del país, con 244 niños atendidos), fiebre tifoidea, tétanos, rabia o cólera. Hizo uno de los primeros diagnósticos de “Talasemia Beta” en el país; y en la grave epidemia de poliomielitis de 1957 se lo ve manejando pulmotores al lado de los enfermos.

En 1998 llegan algunos merecidos reconocimientos: es declarado Miembro Honorario Nacional de la SAP y la UNL y la Sociedad Médica de Santa Fe le otorgan el Premio Benemérito Dr. Esteban Laureano Maradona. “Siempre sentí que no los merecía”, dirá con su innata humildad.

CUANDO LA VOCACIÓN DETIENE EL TIEMPO

Pasaron 67 años desde que Spedaletti se recibió de médico y 22 desde que se jubiló, pero hoy podemos entrar a su “Consultorio de Niños” (Ituzaingó 1922) y constatar que todo está como el primer día: la camilla, el escritorio, la balanza, la biblioteca, las “fichas de sus pacientes”. Es posible encontrar “Los Archivos Argentinos de Pediatría”, (hasta los de 2013) con párrafos marcados o resaltados...

Los diplomas, los certificados, los premios recibidos, los dibujos que los pequeños le traían de regalo... Si hasta parece escucharse el bullicio y el llanto de los niños que esperan ser atendidos, percibir la angustia de madres y preocupaciones de padres en su sala de espera. Es posible ver su mirada buena y noble, sus manos que curan, sus palabras que consuelan. Se puede percibir la alegría por la enfermedad curada, por la muerte derrotada, y también el dolor y el desconsuelo frente a lo incurable, a lo irreparable...

Humildad, capacidad, honestidad, generosidad, ética, bonhomía... y sobre todo ¡amor! Su consultorio es “su santuario” y desde allí les dice a los jóvenes que abrazan su misma vocación: “La ciencia y la tecnología avanzaron mucho en los últimos 50 años, pero lo más importante debe seguir siendo ‘la persona, el ser humano que sufre...'”.

Sus vivencias llenarían páginas enteras, por eso para plasmarlo en una sola imagen, me adueño de las palabras que expresaron sus queridos discípulos -encabezados por el Dr. Juan Carlos Beltramino y el Dr. Santiago Paviotti- cuando en octubre de 1992 y con motivo de su alejamiento del hospital, le entregaron una plaqueta que dice: “Forjador de médicos para niños y hombres para la vida”.

“El Hospital de Niños fue mi casa, mi lugar de trabajo y aprendizaje, mi escuela y también mi refugio espiritual”.

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