Edición del Jueves 31 de julio de 2014

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Dos es otra historia

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Por Julio Anselmi

“Uno es un número solitario”, de Bruce Elliott. Traducción de Carlos Gardini. La Bestia Equilátera. Buenos Aires, 2014.

El hombre está solo, tiene un solo pulmón, acaba de escaparse de la cárcel y no tiene en los bolsillos otra cosa que una pistola. Es increíble cómo sobre esa remanida base argumental (un hombre preseguido, solo, sin dinero ni meta posible) un escritor (y un lector) de policiales pueda seguir encontrando material para nuevas emociones. Uno es un número solitario es otro gran ejemplo de esta capacidad interminable del género en su vertiente negra para identificarnos con un pobre paria echado a perder en un mundo infausto.

Larry Camonille se escapó con otros nueve convictos, y las noticias lo apuntan como el cerebro de la fuga. A lo largo de la novela, la policía irá apresando a casi todos los prófugos en desbandada. No sabemos qué delito lo tenía preso, pero hay algo más que la sentencia judicial que lo instiga a buscar la libertad. Tuberculoso, ya le han sacado un pulmón, y el otro funciona cada vez menos.

Con la bendición estelar de los maestros James Cain y (los buenos títulos) de James Hadley Chase, la obertura de la novela tiene que ver con una mujer, la prostituta con la que el prófugo gasta el último billete que lleva en el bolsillo. Y también bajo esa misma protección santoral, tras vagabundear y recibir una estremecedora paliza por parte de la peor resaca humana de la ciudad (no hay marginalidad idealizada en las grandes novelas negras), lo que encaminará finalmente al núcleo de la historia tendrá que ver con una mujer. Con dos, en verdad. Con una viene aparejada la catástrofe, con la otra, una chiquilla tan desprotegida como el protagonista, el amor, el quiebre del número solitario, y el apoteótico final, que no casualmente tiene como escenario una iglesia.

“No tengo idea cómo una novela tan buena pudo haber pasado inadvertida durante más de sesenta años”, se asombraba justamente Ed Gorman. De su autor, Bruce Elliot (Nueva York, 1914- 1973), la misma editorial que publica esta novela presentó Mi ángel tiene alas negras. Fue, aparte de escritor, mago, dos profesiones muy similares.



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Jueves 31 de julio de 2014
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