Edición del Lunes 04 de mayo de 2015

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Bicentenario de la provincia de Santa Fe (1815 - 2015) - 4

En busca de la autonomía

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Acta del Cabildo del 31 de marzo de 1815, donde consta que se elige a Francisco Antonio Candioti como primer gobernador de la provincia de Santa Fe. (Fragmento)

 

Por Pascualina Di Biasio

La crisis interna que hace eclosión en 1815 pone de manifiesto un panorama incierto en la gestación de un nuevo orden para reemplazar la legitimidad de la monarquía española.

Las ciudades subalternas comienzan a luchar para independizarse de las ciudades cabeceras; y como consecuencia de esas aspiraciones, se inicia un proceso de disgregación de las antiguas provincias del Régimen de Intendencias. En la región del Litoral, subordinada al dominio de Buenos Aires, empieza a gestarse una creciente oposición.

En los primeros cinco años de la revolución, la situación jurisdiccional se agrava a pesar de los numerosos intentos del Cabildo y los principales vecinos por atraer la atención del gobierno revolucionario. La falta de una propuesta que respetara las libertades y derechos de los pueblos a ejercer el autogobierno abre el camino al programa confederal que José Gervasio Artigas presenta como alternativa de articulación política, representativo de aspiraciones de ciudades del interior opuestas a las pretensiones de Buenos Aires.

Artigas expande su influencia

En 1814 Artigas rompe definitivamente con las autoridades del Directorio y derrota en territorio entrerriano a las tropas enviadas desde Santa Fe por el gobierno central al mando del coronel Holmberg.

En la Batalla de El Espinillo, a 25 km de Paraná, se enfrentan dos proyectos de organización: centralismo y federalismo. El triunfo de las tropas orientales y entrerrianas permite a Artigas reforzar su posición y dirigir la mirada hacia las provincias del litoral del Paraná, donde encuentra terreno propicio para extender sus ideales y lograr predominio en la región. A partir de ese momento, Eusebio Hereñú reconoce al líder de la Banda Oriental como Protector de los Pueblos Libres, y desconoce la dependencia entrerriana del Cabildo de Santa Fe. Finalmente, el director Posadas termina reconociendo a Entre Ríos y Corrientes como provincias bajo su tutela, pero Santa Fe continúa bajo el control, cada vez más férreo, de Buenos Aires.

Santa Fe, escenario de guerra

A partir de 1812, las actas del Cabildo, relatan el día a día de los problemas a los que se enfrentan: la arbitrariedad de los delegados porteños en el gobierno, la resistencia del cuerpo ante la pérdida progresiva de su autonomía y la falta de respuesta para la defensa de las fronteras.

El oficio que el Cabildo eleva al gobierno central, en enero de 1815, firmado por Manuel Aldao, Gabriel de Lassaga, Antonio Crespo, Ramón Cabal y Antonio Machado, describe la situación de indefensión en que se hallan.

Dice así: “Ha reclamado una fuerza permanente, no sólo para conservarse por su derecho de pueblo hermano, sino por la utilidad que ofrece su ubicación a los negocios del Estado y al comercio de las Provincias Unidas (...) los indios en menos de un año asolaron los pagos de Sunchales, Cululú, Prusianas, Ramada, Cayastá, Calchines, la costa de Añapiré, ambas costas del Salado, y los fuertes de la Esquina, Soledad y Almagro...”.

Y sigue: “Aquí tiene V.E. el estado más lamentable a que nunca pensó llegar la ciudad, desnuda de armas, haciendas y caudales, deshechas sus dos últimas compañías de blandengues desde la derrota del coronel Holmberg en Paraná”.

El coronel Eustaquio Díaz Vélez, teniente de gobernador desde abril de 1814, había sido enviado con el objetivo de controlar militarmente el territorio e impedir la adhesión de la población y sus dirigentes a la causa federal, actitud que ignoraba las demandas existentes y genera un fuerte resentimiento en el vecindario.

Momento de decisión

Las circunstancias se presentan favorables para el triunfo de la causa artiguista; el Cabildo y los principales vecinos comienzan a ver con simpatía su adhesión a la causa para alcanzar un gobierno propio manteniendo lazos de solidaridad con la causa nacional.

La jurisdicción santafesina, al decir de Halperin Donghi, es “una pieza esencial en el tablero litoral”. Para el gobierno central es el paso obligado hacia el interior y para el Protector de los Pueblos Libres es el territorio desde el cual puede ejercer presión contra Buenos Aires. El gobierno revolucionario no está dispuesto a perder el control del territorio santafesino ni a conceder ninguna autonomía administrativa, y Santa Fe se resiste cada vez más al destino político y económico que le imponen.

Los acontecimientos en el Litoral van marcando hitos significativos en el rumbo de la revolución y Santa Fe es el principal escenario. Las actas del Cabildo muestran la trama político-institucional de una etapa cargada de incertidumbres y posiciones cambiantes.

La del 14 de mayo de 1815 da cuenta de la convocatoria que realiza Díaz Vélez al Ayuntamiento, representantes de las religiones y principales vecinos para comunicar que “por unos documentos originales que tiene”, sabe que el jefe de los orientales ha mandado a su hermano Manuel a unirse con los indios fronterizos para atacar a las tropas del Estado de las Provincias Unidas radicadas en la ciudad. Y al considerar que las fuerzas con que cuenta resultaban insuficientes para hacerles frente, decide retirarse con ellas a Buenos Aires “con el fin de no exponer a este pueblo a los desastres consiguientes de una guerra”.

El 24 de marzo entra la primera fuerza artiguista a la ciudad, y Díaz Vélez se entrega sin combatir quedando el Cabildo a cargo del gobierno que usaría esa autoridad de manera “precautiva y preventiva”. El día 31 los capitulares dejan constancia que (...) era “de necesidad absoluta nombrar interinamente una persona de crédito, celo y actividad a quien encargar el gobierno y que concurriendo estas y las demás cualidades necesarias en la persona del ciudadano Francisco Antonio Candioti de unánime acuerdo lo eligieron y nombraron por tal gobernador político y militar, intendente de Hacienda interinamente hasta el Congreso General del Pueblo”.

El auxilio y la protección de Artigas son vistos como la única salida ante la imposibilidad de un acuerdo con el gobierno central, y la decisión se toma cuando las tropas ya están en Santa Fe. La amistad de Candioti con Artigas no alcanza para atenuar las vacilaciones de la dirigencia por los riesgos a los que aún quedaba expuesto el territorio.

Entre temores y dudas

La descripción de los festejos por la designación del primer gobernador autónomo refleja temores y dudas. Se acuerda dejar asentado “que por unas imperiosas ocurrencias fue inevitable haber hecho enarbolar la bandera de libertad e independencia a ejemplo de los orientales con el correspondiente saludo de artillería para afianzar la unión con el Jefe Protector de los Pueblos Libres, que acaso por esa falta o demora dudaba de nuestra decisión.

El 13 de abril, el protector José Artigas entra en la plaza de la ciudad, y el 26 se reúne el Congreso, con representación de todos los pueblos, en el edificio de la Aduana, donde se ratifica la elección del gobernador, se establece el gobierno y se constituye la Junta de Representantes, primer antecedente del Poder Legislativo.

Artigas, que ya había logrado expandir su poder a toda la Mesopotamia, incorpora en abril de 1815 a Santa Fe y Córdoba. Estas acciones permiten a los federales dejar aislada a Buenos Aires del norte y de Cuyo. Carlos María de Alvear intenta quebrar militarmente al bloque federal pero las tropas, al mando de Alvarez Thomas, se rebelan en Fontezuelas precipitando su renuncia y la disolución de la Asamblea del XIII.

La tregua dura muy poco. El gobernador santafesino advierte al nuevo director los males que acarrearía una nueva invasión militar, pero en agosto de 1815, dos días antes de su muerte, Viamonte ingresa y saquea el territorio. Sin embargo los santafesinos no se resignan a perder su autonomía.

La resistencia del Litoral decide la suerte del poder revolucionario. La Liga de los Pueblos Libres, que lidera Artigas, levanta la bandera federal como señal de independencia frente a España y alienta la expectativa de una organización federal convocando a la reunión de un congreso en Arroyo de la China.

El gobierno revolucionario no está dispuesto a perder el control del territorio santafesino ni a conceder ninguna autonomía administrativa, y Santa Fe se resiste al destino que le imponen.



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