editorial

  • En la ciudad, existen disposiciones sobre la tenencia de perros peligrosos, pero no se ponen en práctica.

Perros peligrosos

El problema no es nuevo. Sin embargo, y lamentablemente, la sociedad en general -y las autoridades en particular- no parecen tomar conciencia de la situación.

Días atrás, una niña de apenas 5 años fue atacada por un perro de raza Pitbull mientras se encontraba junto a sus padres y tres hermanos en el área de juegos infantiles del parque Garay.

No se trata de un caso aislado. De hecho, los profesionales médicos del Hospital de Niños Orlando Alassia se encuentran con demasiada frecuencia ante situaciones semejantes.

Afortunadamente, este último caso no tuvo consecuencias fatales. Sin embargo, en ocasiones este tipo de perros ha provocado daños irreparables a sus víctimas.

El problema no es sencillo de abordar. Básicamente, porque mucha gente tiende a “humanizar” a los animales, olvidando que más allá de la crianza que se les brinde o las condiciones en que se encuentren, mantendrán su instinto latente.

La ola de inseguridad que desde los últimos años afecta a los grandes centros urbanos, parece haber agravado el problema: muchos optan por adquirir determinadas razas de perros, con el objetivo de que custodien sus viviendas. Sin embargo, parecen olvidar que animales de este tipo tenderán a proteger su territorio contra todo aquel a quien consideren un extraño.

Los criadores no siempre actúan con la responsabilidad necesaria. Frente a la posibilidad de una venta, en muchas ocasiones no brindan al comprador información imprescindible sobre la crianza y control de los animales. De hecho, el Pitbull es considerada una “raza de pelea”, lo que lo torna aún más peligroso que aquellos perros que pertenecen a las denominadas “razas de guardia”.

Desde 2009, en la ciudad de Santa Fe existe un Registro de Perros Potencialmente Peligrosos, creado a partir de una ordenanza. En teoría, todo propietario de las razas Pit Bullterrier, Staffordshire Bull Terrier, American Staffordshire Terrier, Rottweiler, Dogo Argentino, Fila Brasileiro, Tosa Inu, Akita Inu y Dobermann, debería informar de la existencia de su perro al Departamento de Zoonosis Urbana dependiente de la Dirección de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Subsecretaría de Ambiente de la Municipalidad. Sin embargo, en dicho registro apenas si aparecen tres Pitbull. Y todos pertenecen al mismo dueño.

Este registro impone exigencias a propietarios de perros y a negocios dedicados a la venta de estos animales. Entre otras, sólo pueden ser vendidos a mayores de edad y a personas que presenten certificado de buena conducta. Por su parte, el perro debe contar con vacunas y controles al día.

En realidad, ninguna de estas cláusulas impide que animales potencialmente peligrosos estén en la vía pública y puedan atacar a víctimas impotentes.

A nivel provincial, la diputada Griselda Tessio (UCR-FPCS) presentó hace tiempo un proyecto de ley tendiente a generar una serie de normas sobre tenencia, cría, adiestramiento y circulación en lugares públicos de perros de razas potencialmente peligrosas. El tema logró media sanción ayer en la Cámara de Diputados y pasó para su tratamiento en el Senado.

Y si bien algunos legisladores dudan de que se trate de un tema de injerencia provincial, Tessio dejó entrever que sospecha de la existencia de una suerte de lobby de criadores y vendedores, porque temen que la sanción de una norma como ésta les pueda afectar un negocio que, al parecer, resulta cada vez más rentable.

La ola de inseguridad que desde los últimos años afecta a los grandes centros urbanos, parece haber agravado el problema.