Por Gonzalo Andrés (*)
Los mitos del voto electrónico
Por Gonzalo Andrés (*)
La implementación de un voto electrónico que solucione los problemas electorales es un planteo recurrente en la Argentina. De hecho, por estos días el gobierno nacional propone una reforma política que incluye esta iniciativa: “Tenemos que trabajar para lo antes posible tener una iniciativa que contemple salir de la multiplicidad de boletas e incorporar nuevas tecnologías”, afirma Adrián Pérez, el funcionario a cargo de la reforma. Su idea es replicar el “modelo de modernización electoral” introducido hace unos años por Manuel Urtubey en Salta y Mauricio Macri en Capital Federal.
Evitar el fraude, la manipulación del sufragio y, fundamentalmente, agilizar el escrutinio son algunas de las promesas que deslizan los promotores del voto electrónico. Ante la multiplicación de candidatos en algunos distritos y la magnitud de las boletas, se propone incorporar computadoras para agilizar el sufragio y el conteo de votos. Ahora bien, resulta necesario hacer algunos comentarios sobre los mitos del voto electrónico y sus supuestas soluciones mágicas.
A pesar de que existen antecedentes en muchos lugares del mundo, en la actualidad solamente siete países usan sistema electrónico para votar: Estonia, India, Filipinas, Bélgica, Venezuela, Brasil y algunas ciudades de Estados Unidos.
Lo cierto es que existen muchos debates al respecto, ya que su implementación ha generado inconvenientes informáticos, económicos, legales y políticos.
Por ejemplo, India y Estonia tuvieron serios problemas con las acciones de los hackers, por lo que tuvieron que invertir mucho dinero en un software supuestamente infranqueable. Bélgica planea suspender la aplicación tras encontrar fallas en el sistema. Brasil demoró 20 años en colocar las máquinas de votación en todo el territorio. En Venezuela y Filipinas son reiteradas las sospechas de fraude electrónico. También hubo denuncias de que con el sistema informático se puede relacionar cada voto con su votante. Esto es, se violaría el derecho al secreto del sufragio.
Asimismo, en 2009 la Corte Suprema de Alemania declaró inconstitucional el voto electrónico. Su argumento es sencillo: cualquier persona tiene que poder fiscalizar el proceso electoral y al utilizar urnas electrónicas, solamente puede seguir el proceso la persona que tenga conocimientos técnicos específicos. Entonces, ¿quién puede decir cómo está programado el software que corre dentro de la máquina?
Por su parte, en 2010 Holanda descartó este sistema de votación luego de los escándalos generados por las severas fallas de seguridad informática. Además, el Reino Unido en 2008 e Irlanda en 2009 suspendieron la incorporación de computadoras debido al alto costo económico que generaba.
Como se ve, no todo es color de rosas con el voto electrónico. Ni en los países con democracias más consolidadas resolvió problemas electorales: no sólo es costoso de implementar, sino que también se puede cambiar el resultado de una elección o averiguar qué candidato eligió cada persona.
En el caso argentino, vale hacer una aclaración. Según sus promotores, la llamada boleta única electrónica que proponen no será voto electrónico, ya que solamente es una impresora que imprime un voto. Nada más lejos de la realidad. La Real Academia Española dice que una computadora es una máquina que permite el ingreso y procesamiento de información. Eso es justamente lo que hace la máquina del voto electrónico. Quizás el cambio de nombre sea un artilugio para evitar críticas. Además, sostienen que en su sistema seguirá existiendo el papel y la urna como resguardo del proceso. Entonces, ¿para qué invertiríamos tanto dinero?
A veces los relatos tecno-utopistas pueden confundirnos con sus cantos de sirena. Pero no está demostrado que la informática contribuya con la democracia. El voto en papel tiene sus deficiencias. El voto electrónico, también. No obstante, vale decir que la rapidez del escrutinio no es un derecho constitucional; la transparencia del proceso y el secreto del voto, sí.
En definitiva, vale pensar si realmente una computadora puede resolver los problemas de representatividad política que vive nuestro país. No siempre una innovación tecnológica es sinónimo de progreso.
(*) Lic. en Comunicación Social (UNER). Becario doctoral de Conicet. En Twitter: gonza_andres
En la actualidad solamente siete países usan sistema electrónico para votar: Estonia, India, Filipinas, Bélgica, Venezuela, Brasil y algunas ciudades de Estados Unidos.