TECNOLOGÍA Y COMUNICACIÓN

Estar en una burbuja: lo que Internet muestra y oculta

Por Gonzalo Andrés (*)

Con la expansión a escala planetaria de Internet, el acceso a la información se efectúa de manera virtual, y casi de manera instantánea, gracias a los motores de búsqueda cada vez más refinados. De acuerdo con algunas estimaciones de consultoras privadas, casi el 95% de la información existente ya está en Internet. Es muy poca la información que aún circula por fuera de la red.

La forma más usual de conseguir la información es a través de los buscadores, entre los cuales el más conocido es sin dudas Google. Aunque vale decir que no todas las personas encuentran las mismas cosas. La mayoría de estos servicios están programados para mostrar resultados personalizados.

¿Qué significa eso? Desde 2009, Google modificó sus algoritmos de búsqueda con el propósito de que a cada persona le aparezcan resultados de búsqueda personalizados, en función de lo que la empresa considera que será lo más relevante para ella. Básicamente, se encargan de transformar la gran masa de datos que disponen de cada persona en un perfil de usuario que recibirá resultados de acuerdo con sus comportamientos y expectativas. Posteriormente, esta metodología la adoptaron otros buscadores como Yahoo y redes sociales como Facebook y, más recientemente, Twitter.

A partir de la Big Data que disponen las grandes empresas de tecnología sobre nosotros, se crean unas categorías personalizadas sobre lo que hacemos en sus entornos virtuales. Es decir, el universo informativo al que accedemos, vemos y leemos en la red se reduce cada día a una serie de opciones más personalizadas y a la vez más restringidas. Esto es lo que Eli Parise describió en su famoso libro “La burbuja de filtro”. Las búsquedas o las publicaciones en las redes sociales no están ordenadas por su relevancia o por orden cronológico, sino por lo que las empresas consideran qué es lo más relevante para nuestro perfil de usuario.

Esto se puede comprobar fácilmente. Cualquier persona puede googlear una palabra y, a la vez, pedirle a algunos amigos que hagan lo mismo y les mande las capturas de pantalla con los resultados. Seguramente todos tendrán respuestas distintas, en función de nuestra edad, sexo, religión, pensamiento político.

¿Por qué las compañías tecnológicas hacen esto? Simple: su propósito vital es que permanezcamos la mayor cantidad de tiempo posible en sus ecosistemas. De esta forma, ellas se aseguran ganancias superiores. Para lograrlo alteran el mundo virtual que vemos y el itinerario que recorremos en él. Nos muestran lo que queremos ver durante más tiempo; nos rodean de estímulos agradables o al menos no conflictivos.

Para defender este criterio de relevancia que impera en los motores de búsqueda, el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, una vez afirmó: “Una ardilla muriendo frente a tu casa podría ser ahora más relevante para tí que la gente muriendo en África”. Por eso, en dicha red social se muestran primero las publicaciones de unos contactos y no la de otros. Aquí entonces se puede cuestionar si la compañía debería preguntarle al usuario si está de acuerdo o no con esta edición algorítmica que invisibilizan algunas publicaciones.

Entonces, que quede claro: lo que publicamos en las redes sociales no sólo es público para casi cualquier persona, sino que también influirá en lo que veremos en el futuro. En efecto, nuestra burbuja de filtro no nos permite abarcar fácilmente la gran cantidad de información que circula en Internet: los resultados se basan en nuestros comportamientos y lo que “nos gusta”, para dejar de lado lo que quizás no nos interesaría saber.

Con todo, parece que es difícil salir de esta burbuja que determina nuestra dieta cognitiva. No obstante, en vez de fomentar un mayor acceso a información y un mejor debate, esta personalización de la información puede lograr la generación de un diálogo monocorde entre todos los que piensan igual. De acuerdo con los expertos, esto confirma algo que ya sabíamos: las personas prefieren información que refuerce sus opiniones y expectativas y que los haga sentir bien.

(*) Lic. en Comunicación Social (UNER). Becario doctoral de Conicet. En Twitter: gonza_andres