“CANTICUÉNTICOS”

Un recreo en el Paraninfo

Ayer, en una nueva fecha del tradicional ciclo que se realiza en el espacio de la UNL, el grupo santafesino desplegó su propuesta para el público infantil.

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“Nada en su lugar”: canciones, trabalenguas, bailes y adivinanzas revolucionaron la sala universitaria.

Foto: Magdalena Busaniche

 

Juan Ignacio Novak

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Por un rato las paredes solemnes de la sala universitaria se creyeron murales de jardín de infantes. Es que los integrantes de “Canticuénticos” dejaron, en la tardecita de ayer, su impronta de canciones, trabalenguas, adivinanzas y bailes en el ciclo “Lunes del Paraninfo”, que incorporó al grupo santafesino en su segunda fecha.

A las 19.18 la fiesta arrancó al ritmo de “Candombo a marunga”. A los dos minutos, con los ojitos ya posados en el escenario, los anfitriones propusieron el primer juego, que el público aceptó gustoso: “¿Con el fresquito se les congeló la lengua? Acá les trajimos un trabalenguas”.

Ya no quedaba el más mínimo vestigio de timidez cuando llegó el saludo formal en guaraní, que dio pie al chamamé “El mamboretá”, divertido repasito por la fauna autóctona, con carteles y onomatopeyas. El júbilo era total.

“Chinches” y nanas

Los “cocineros de la casa, que nos tienen paciencia” fueron destinatarios de la siguiente canción: “¡Ya voy, ya voy!”, oda a los manidos pretextos para no ir a la mesa cuando está lista la comida. A propósito de excusas, una celebrada “chinche” de Nahuel Ramayo facultó a sus compañeros para interpretar “Santo remedio”, sobre los caprichitos cotidianos.

“¿Saben cómo se van las chinches? Con adivinanzas”, propusieron Daniela Ramallo y Laura Ibañez. Y el rasguito doble “Adivinar” permitió el ejercicio de descubrir al animal oculto detrás de las estrofas. Después vino la historia de “Ringdinho”, el perezoso brasilerito que necesita una taza cada vez más grande de café para salir de la modorra. Al instante, los Canticuénticos bajaron los decibeles para jugar “a irse a dormir” con “Noni Noni”, canción de cuna litoraleña.

Aplausos, estornudos y monstruos

“Me pasaron cosas raras a la mañana” comentó el bajista, Gonzalo Carmelé. Y tras un cómplice intercambio de aplausos fue tiempo para “Trunca, renga y chacarera”. Estornudos mediante, sonó una pregunta: “¿Hay un médico?”, Nahuel (baterista devenido en doctor) arriesgó un diagnóstico: “Tiene un monstruo en la garganta”. Los chicos de la sala se unieron en un grito eufórico: empezaba a sonar la “Cumbia del monstruo”.

Era el trecho final, pero faltaba el clímax: con una coreografía acompañada con cintas de colores, Laura y Daniela bailaron con “Bate con la cucharita”. “Ya nos tenemos que ir, pero nos vamos cantando”, explicaron. La enunciación vino con convite: “¿Cantamos a coro?”. Así, todos los presentes corearon “Quiero para mí”. A pedido del público, el grupo ofreció como bis “Viene para acá”, que también tiene al “monstruo” como protagonista.

El ambiente ya tenía el dejo de nostalgia que se adueña de las aulas con la última campana. Pero todos se retiraron felices. Cantando, bailando, riendo.