SE INAUGURA UNA MUESTRA DE LA DESTACADA ARTISTA
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Ides Kihlen, una pasión de cien años

Ides Kihlen es una artista excepcional, que en días más cumplirá 100 años. Foto: ARCHIVO.
Por Jorge M. Taverna Irigoyen (*)
Nació en tierras santafesinas hace cien años. Padre sueco, madre suiza. Fue el comienzo de un extrañísimo camino, quién sabe si no llevado por los ángeles. Fue el 10 de julio de 1917. Quizá todo estribe en que Ides Kihlen nació para el arte. Desde muy niña, mientras se deleitaba con la aguas del gran río, los verdes de los altos árboles, los pájaros de Corrientes y Chaco, sus manos comenzaban a desentrañar las líneas sobre el papel. Sus ojos descubrían otros mundos. La vida apacible la envolvía de asombros.
Ides Kihlen inició su adolescencia en la gran metrópoli, y entre colegios e institutos especializados, entró a la música. Desde ahí, sus testimonios de fervor abundaron para las expresiones artísticas. Y tras asistir a las dos academias nacionales de bellas artes, comenzó a expresarse dentro de otras búsquedas. Había tenido ya maestros de la talla de Alice y Pio Collivadino, y a uno muy especial, Vicente Puig, quien la acompañaría durante más de diez años. La vida transcurría entre su piano, con Brahms y Beethoven, con sus papeles y cartones llenos de pintura. Eran ciertas formas de la figuración -paisajes, desnudos, composiciones de interior-, pero sobre todo una materia con carácter y cromatismos expresados muy desde adentro.
Decir que día a día estos afanes constituían su trabajo, su pasión, no es decirlo todo. Porque ése era auténticamente su meridiano. Allí estaba, en embrión que evolucionaba, el germen de la existencia. Es ésta la época en que la asaltan otros aires, como si se rebelara -todavía en voz baja- frente al mundo de lo no reconocible, de lo abstracto, de lo que está para ser descifrado. Visita talleres, dialoga con maestros, aprende con dulce energía: hoy Pettoruti, mañana Batlle Planas. Y más allá del océano, el encuentro con el francés André Lothe: el artista que alertó tantas conciencias de los argentinos viajeros.
Con su música (compositora de más de doscientas partituras) y su pintura, visita museos y talleres, escucha a investigadores de las materias del pensamiento y la psiquis, registra apuntes innúmeros de sus especulaciones estéticas. Es libre para hacer y pensar. Hacia 1980, su gesto se desprende de las formas visuales asociativas. Miró, Klee, Delaunay, entran despaciosamente a su mundo de colores. Es una entrada quizá sorpresiva, la cual sin embargo Ides intuye desde hace tiempo.
El espacio es entonces un continente para habitarlo de geometrías y recorridos lineales. Es un plano de transferencias extrañas, en el que tiempo y memoria conjugan articulaciones que parecieran siempre celebrar. Libre de tensiones, ese espacio es tan suyo que lo toca y lo sueña ininterrupidamente. Apoyada en el suelo, con caballetes en cada habitación, con pinceles, tarros y materiales diversos, lo tiene todo para crear, para volver sobre lo hecho, para cortar con tijeras prodigiosas y pegar, borrar, rayar. Se retroalimenta con sus propios cartones y todo entra en una alegoría fantástica y a la vez secreta. La Maga Ides, sin proclamarlo, quizá sin que nadie lo sepa, arma sus propios sueños y los transporta a una idealización sorprendente y única. Cartones y planos, geometrías y círculos, papeles e hilos, collages y esgrafiados. Todo participa en esta armonización de opuestos, en esta explosión de azules, rojos, negros, grises, blancos.
La obra de Ides Kihlen, más que un código de seguridad para que sólo la conozca ella, es su tesoro guardado. Cientos de cartones, papeles, telas, cortinados, paredes, participan y mantienen este secreto. Un tesoro que crece, que cada vez levanta más la selectividad y riqueza de sus ritmos, de su audaz despojamiento, de su abstracción enfervorizada, ante el asombro de sus dos hijas y algún esporádico visitante. (Ella sostiene diálogos consigo misma y, a veces, después de alguna charla científica, refuerza los mundos esotéricos y ciertas ciencias intermentales y del subconsciente.)
En ArteBA 2000, inopinadamente hace su gran presentación frente al público conocedor. Sus planteos deslumbran por la fuerza y originalidad. Después vendrán varias muestras de importancia en el país, en el Museo Nacional de Arte Decorativo, galería Rubbers, galería Arroyo, y en el exterior. La obra, en parte ordenada por series y algunas cronologías -Barriletes, serie Negra, Pizarrones, Pentagramas, Arabescos, Monumentos- observa una coherencia incontrovertible. Le pertenece como huella digital y a ella responde con una sencillez ejemplar. Sus grandes planos cromáticos de triángulos y rayas, de aéreos difumados y ritmos eslabonados en la abstracción sensible, resumen la historia de una pasión. Una bella pasión de cien años.
(*) El autor entregó en abril un libro sobre la autora, que le fue solicitado a fines del año pasado. Será el 4º que le está dedicado, aunque Ides Kihlen “apareció” en el mundanal ruido, recién en el año 2000.


El próximo lunes 10 de julio, en la Sala 512 del Centro Cultural Kirchner, se inaugurará la muestra “Ides Kihlen, 100 años”. La artista argentina de origen sueco no quiso mostrar sus obras al público, hasta los 84 años. Foto: ARCHIVO