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Domingo 22.01.2017 | Última actualización | 19:45
19:41

Mirada desde el sur

Dolorcito Gaitán

Imagen ilustrativa Foto: Manuel Fabatía


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Mirada desde el sur Dolorcito Gaitán

Por: Raúl Emilio Acosta

 

El personaje aquel de Horacio Correa, al menos el que recuerdo, el changarín Dolores Gaitán, “Dolorcito”, pasada la inundación volvía a su hábitat, abandonaba el vagón del ferrocarril y tornaba a lo suyo, a la zona que, antes y después de la inundación, era su lugar en el mundo. Las orillas. Fue película con Fernando Birri.

 

Es difícil cambiarnos las costumbres, somos esto: animales de costumbres. La película se filmó sobre los años ‘60, cuando surgió el último proyecto de país, una Argentina sin la cabeza de Goliat, con ideas de desarrollo, mercado interno y proceso industrial que se corresponde con la generación que tomó el poder en los ‘60, con Frondizi y, por lo que nos toca, Carlos Sylvestre Begnis.

 

Santa Fe es fluvial, vive por sus ríos (y los 32 pies de calado). Los ríos de llanura tienen eso, anuncian que llega la crecida y, si no se han hecho las defensas, desbordan. No hay río de llanura que, por la flaca pendiente, baje raudamente sin dar tiempo. Avisan, no son ríos que descienden de montañas estruendosas. Son ríos sigilosos y constantes.

 

Criado en Santa Fe, sé muy bien que, cuando hay una altura testigo en Iguazú, el almanaque manda y la crecida llega. También sé que si no se cuidan los terraplenes, el agua no altera su mandato, busca su nivel y lo consigue. Con los años aprendí que si llueve en las zonas altas, el agua bajará buscando eso: su nivel. Que construir canales clandestinos y aceptar que las urbanizaciones desaforadas, que fabrican terraplenes artificiales, pueden cambiar, demorar, pero nunca engañar a las aguas.

 

Finalmente, la información finisecular, con los satélites y las previsiones mundiales, globalizó la información sobre regímenes de lluvias, cambios en el clima y posibilidades de alteración de isobaras, isoietas, humedales y sequías. Lo sabemos. No podría, como el changarín del cuento de Mateo Booz, volver a un sitio donde la vida es difícil, precaria y a expensas del agua. Cuestiones de instrucción y voluntades.

 

¿Qué extraño destino (maldito) lleva a los funcionarios a comportarse como “dolorcito” Gaitán? Vuelven y vuelven al sitio del yerro. Se entiende en el personaje del cuento porque el significado es ése: no conoce otro modo Dolores Gaitán, ni otro lugar, ni nada. Gaitán es poco menos que un animal, al que las ayudas humanitarias no le alteraran la teleología. Volverá a su sitio. La provincia ha realizado ensanchamiento de arroyos y no ha hecho defensas y puentes, y por tanto ha inundado campos que no se inundaban y no son los privados, tantas veces clandestinos, es el estado el que ha hecho las macanas, porque los concesionarios de las construcciones no resuelven de otro modo que por los costos, los mayores costos para cobrar al gobierno y los certificados de obra que, mientras más pronto se pagan, mejor y mejor. El gobierno no los auditó convenientemente. Puedo probarlo si lo desean.

 

La provincia ha permitido la creación de countries, de barrios cerrados (urbanizaciones costosas, refugios de inversiones no muy santas, construcciones paradisíacas en bañados, en tierras bajas, en sitios espantosos) que deben protegerse de sus desniveles construyendo terraplenes que desvían, pero no engañan al agua, pero que, ay, provocan anegamientos donde nunca antes. Puedo probarlo si así lo desean.

 

Un ministro de Reviglio, antes secretario ministerial con Vernet, anunció la creación de un servicio de alerta temprana para el curso del río Salado, el que no trae chacareras sino problemas. Corría la década del ‘80. Ja. Seguimos insultándonos con los santiagueños y las autoridades deben saberlo, porque son las mismas hace años. Todo sigue igual y, si se investiga, acaso peor. Puedo probarlo si así lo desean.

 

El más liviano militante ecológico hablará del escurrimiento de las aguas, la impermeabilización del suelo y la desertificación, insultará a la soja (aun cuando viva de la cotización del poroto en un mundo que compra y compra) y tendrá razón en un punto: sabemos qué hacer. Hasta él lo sabe. Simplemente no lo hacemos. Puedo probarlo. Podemos probarlo. Si quien esto escribe, veterano periodista, tiene información mínima que indica que si llueve demasiado (como se advirtió que sucedería)... si los terraplenes y canales privados y/o clandestinos se resolvieron a mansalva, salvajemente... si las construcciones del Estado fueron descuidadas... si está probado que las aguas buscarán su nivel desde los pueblos altos (incluidos pueblos de Córdoba) hacia los pueblos de abajo... si terraplenes y defensas no se han resuelto convenientemente, entorpecen y agrandan el fenómeno, si el río ya está lleno y no aguanta y la tierra no absorbe y vomita las aguas... entonces, caballeros, damas y niños: el día que llueva demasiado se llevará las cosechas, las casas y las esperanzas. No necesito probarlo, porque sucedió. Sólo “dolorcito” Gaitán y sus parientes lo negaron año tras año. No son un cuento.

 


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