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Sábado 25.03.2017 | Última actualización | 14:31
12:24

Dora Barrancos, directora del Conicet

"Los hombres tienen que empezar a hacer las tareas domésticas"

Para la historiadora, hay que romper el mandato de que las mujeres son las principales responsables del hogar. Además, analiza el 8M, la ley de matrimonio igualitario y la interrupción legal del embarazo. 

Sentencia. “Este país ha construido una larga legitimidad del aborto en las sombras, para los sectores medios y altos de la sociedad”, afirma Barrancos. Foto: Mauricio Garín


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Dora Barrancos, directora del Conicet "Los hombres tienen que empezar a hacer las tareas domésticas" Para la historiadora, hay que romper el mandato de que las mujeres son las principales responsables del hogar. Para la historiadora, hay que romper el mandato de que las mujeres son las principales responsables del hogar. Además, analiza el 8M, la ley de matrimonio igualitario y la interrupción legal del embarazo. 

Agustina Mai
amai@ellitoral.com

 

La historiadora, socióloga y directora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Dora Barrancos, asegura que para que haya una verdadera equidad entre hombres y mujeres hay que quebrar con el mandato social de que las mujeres son las principales responsables y cuidadoras del hogar. “Para que las mujeres puedan salir a ganar terreno laboral, los hombres tienen que empezar a hacer las tareas domésticas”, afirma categóricamente.


—¿Considera que las movilizaciones públicas de mujeres desde 2015 a la fecha quedan en el orden de lo simbólico o logran cambios materiales?


—Es que lo simbólico es la gran reserva. Queremos socavar lo simbólico y lo vamos logrando en la medida en que se “sacude la estantería”, se propicia una reflexión más profunda y se vuelve conativa, en cada mujer, la voluntad de revisar su propia experiencia. En este país, ese sacudón de lo simbólico fue muy fuerte con la ley de matrimonio igualitario. A partir de eso, para los adolescentes homosexuales y las adolescentes lesbianas les ha sido mucho más franqueada la posibilidad de decírselo a sus padres, con muchas menos dificultades que hace 20 años, porque la ley los está autorizando, está ayudando a socavar lo simbólico. 


— Y el 8M ¿de qué manera contribuye?


—Mucho. El 8M fue extraordinario porque fue un paro muy activo, con la gente en la calle. Es cierto que todavía tenemos una rémora respecto del mercado laboral femenino, con un 40% de las mujeres trabajando -en Brasil es el 50%-. Es necesario que haya muchas más, aunque creo que hay subregistro porque muchas mujeres trabajan, pero ese trabajo todavía no es reconocido censalmente. 


—Además, muchas mujeres no pueden trabajar porque se tienen que quedar en sus casas cuidando a los hijos...


—Por supuesto. Una mujer no tiene “tiempos muertos”, ¡no los puede tener! Tiene el mandato de estar todo el tiempo “enchufada”, ocupada. Si alguna se dedica un tiempo para sí, para “ir a la peluquería” o “hacerse las uñas” (con tono irónico), lo hace con culpa porque tuvo que dejar su casa. Ahí, hay algo que demoler en las propias mujeres. Por eso, digo que los varones tienen que empezar a hacer las tareas domésticas para quitarle de encima a las mujeres ese mandato inexorable de ser las principales cuidadoras. Esto es lo que estamos esperando.

 

Decidir sobre el cuerpo


Invitada por el Consejo de la Comunidad del hospital Iturraspe, Dora Barrancos vino a Santa Fe y colmó el auditorio de Amsafe. El tema de la charla-debate fue “Cuerpos nuestros vs. decisiones de otros”. 


—¿Por qué eligió ese título?


—Lo elegí porque hay un estado de caución de los cuerpos femeninos debido a la propia estructura del orden jurídico argentino. Hay una libertad fundamental del cuerpo que está penalizada: la capacidad de decidir llevar adelante un embarazo o no. Esa capacidad está cohibida, inhibida y penalizada si se toma la decisión de no seguir adelante. Pero, en su artículo 86, el Código Penal argentino permite la interrupción del embarazo por razones terapéuticas o por violación. Esto se ha tornado inexorable a partir de la acordada de la Corte Suprema de Justicia de 2012, que cuesta tanto ser interpretada por los efectores de salud. 


—¿Por qué?


—Ahí tenemos un nudo gordiano. Este país ha construido una larga legitimidad del aborto en las sombras, para los sectores medios y altos de la sociedad (si no, no se explicarían las tasas demográficas), ahí no pasa nada. Pero no es así para los sectores más pobres. Es una gran hipocresía del propio sistema jurídico. También es interesante saber que en 1966 se sentó jurisprudencia acerca de que el secreto profesional es inviolable. Es decir que, en la relación médico-paciente, el primero no puede quebrantar el secreto profesional si esa persona se hizo un aborto. Además, la tentativa de aborto no es punible en el Código. Los médicos tienen que saber que no cabría penar a una mujer que llega con un aborto en curso. Todos estos dispositivos vendrán a tono una vez que volvamos a discutir públicamente la ley que permita la interrupción legal del embarazo.


—¿Es viable esta discusión en Argentina?


—Absolutamente. Todos los años presentamos un proyecto de ley, pero se demora su discusión en el Parlamento y todos los años lo vamos perfeccionando. Muchos diputados y diputadas ya han suscripto, pero aún estamos en el patio trasero respecto de este derecho fundamental sobre nuestro cuerpo, que no se compadece con lo que ha pasado en Europa. No hay ningún país europeo, por católico que sea -como es el caso de Polonia, España, Bélgica, etc.-, que haya retrocedido en materia de interrupción del embarazo. 


—¿A qué se debe?


—Ahí cabría una hipótesis: son países que vivieron dos guerras terribles y brutales; y en las guerras hay violaciones. Entonces, esos países allanaron, de la misma manera que la propia Iglesia Católica puede consentir el aborto en monjas que han estado desempeñándose en África y que han sido violadas. Ahí, hay una comprensión de que se altera la íntima voluntad sobre el cuerpo de una mujer. 

 

Trayectoria


Desde 2010, Barrancos es directora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en representación de las ciencias sociales y humanas. Actualmente, dirige la maestría y el doctorado en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Nacional de Quilmes. Como historiadora, estudió el feminismo en la Argentina, los movimientos socialistas y anarquistas, el rol de la educación en la historia argentina, así como aspectos de la historia política.


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