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Domingo 25.06.2017 - Última actualización - 18:27
16:34

Más que digno lo que pudo hacer Magnín como interino

Benedetto, el "spinner" de moda, fue mucho para Unión

Es el jugador que todos elogian y se despachó con un doblete letal en La Bombonera: error garrafal de Castro en el primero y perfección en velocidad para el segundo. Blasi hizo flamear la bandera tatengue con un descuento que no alcanzó.  

Foto: Agencia Télam




Más que digno lo que pudo hacer Magnín como interino Benedetto, el "spinner" de moda, fue mucho para Unión Es el jugador que todos elogian y se despachó con un doblete letal en La Bombonera: error garrafal de Castro en el primero y perfección en velocidad para el segundo. Blasi hizo flamear la bandera tatengue con un descuento que no alcanzó.   Es el jugador que todos elogian y se despachó con un doblete letal en La Bombonera: error garrafal de Castro en el primero y perfección en velocidad para el segundo. Blasi hizo flamear la bandera tatengue con un descuento que no alcanzó.  

Darío Pignata
dpignata@ellitoral.com

 

Estaban claros los roles de quién era David y quién era Goliat en el campo de batalla de La Bombonera. Los números de uno y otro equipo hablaban por sí solos: uno indiscutible campeón del fútbol argentino, con un poder de fuego intacto con tres jugadores —Centurión, Benedetto y Pavón— que se hicieron cargo de hacer olvidar el vacío chino de Carlitos Tevez, pilares goleadores de esta gran campaña del “Mellizo”.

 


Del otro lado, Unión con lo que le quedaba en pie de la tropa que arrancó la guerra con Madelón, siguió con Pumpido Junior, pasó por “Pomelo” Marini y terminó con otro interinato más de Magnín.

 


Unión fue a la fiesta del campeón sin ningún referente como titular: Nereo Fernández, Ema Brítez, Leo Sánchez y Franco Soldano, todos afuera. Pero, de paso, Eduardo Magnín prescindió de los “segundas líneas” (leáse Nahuel Zárate, el paraguayo Godoy, Rivero o el cada vez más cuestionado Federico Anselmo), por lo que jugadores como Fleita, Pruzzo y Algozino aparecieron como titulares. Sin dudas que la idea de “Renoleta” Magnín y “Vikingo” Mauri fue sacudir un plantel que venía golpeado, con un solo veranito de San Juan en medio del invierno como fue ganarle a Newell’s.

 


Así las cosas, después que pasara la escoba a fondo el binomio de la casa, nadie se sorprendió que aparecieran en el banco jugadores como Alan Sosa, Guillermo Méndez, Franco Godoy y Jonatan Tarquini, todos elementos juveniles a quienes conoce Magnín a la perfección.

 


El estadio, las tribunas, el marco, la fiesta con la estrella “66” bajando de un drone era de Boca. “Que ellos hagan la fiesta afuera, con todo lo que quieran, pero adentro no quiero que nos lleven por delante”, había avisado Eduardo Magnín.

 


A ese primer tiempo, la muralla de lo que fue y lo que será la definió el grosero error de Matías Fidel Castro, un golero que atajó casi nada en Unión “por culpa” de la regularidad más buen nivel de Nereo Fernández en estos últimos años. Siempre esperó el arquero charrúa “su momento”, para presentar credenciales.

 


Es que cuando el juego estaba amaneciendo —se lo había perdido antes el “Chaco” Nelson Acevedo, pegándole mal con cara externa después de una luinda combinación—, cometió un doble error de principiante: salió de abajo, con los pies, dejándola corta y en la cabeza de Pavón. Con toda la defensa de Unión saliendo, el que picó habilitado fue el goleador del campeonato que sin nada de oposición gritó su tanto 21 con la camiseta de Boca. Además de salir mal, con un regalo con sus pies, después prácticamente acompañó sin hacer nada para que Benedetto la mandara al gol para el 1 a 0.

 


Como para que le descontaran un porcentaje de su gran culpa en el gol de Benedetto, Matías Castro evitó el 2-0 al taparle un mano a mano a Centurión antes que se terminara el primer tiempo: evitó el derechazo, se elevó el rebote y la pelota dio en el caño (no fue gol de casualidad).

 


Si los estadísticos tuvieran en cuenta la famosa tenencia de pelota en tiempo neto de juego, no hubo tanta falta de equivalencia en el manejo. Donde sí las hubo es dónde se diferencian los equipazos de los equipos del montón y de los equipitos de abajo. Ese lugar se llama “área”. O zona de ataque. O metros finales.

 


Ahí, en la zona de fuego, quedó claro que Boca es Boca y que Unión es Unión. Y que por eso mismo, uno fue campeón y el otro terminó donde terminó con tres entrenadores en la temporada más dos interinatos.

 


En el arranque mismo del complemento pareció terminarse la historia en la casa del campeón, porque una contra perfecta, a un solo toque, haciendo realidad la teoría de esa frase que habla de “precisión en velocidad”, fue el mismo Benedetto quien lo fusiló a la carrera a Matías Castro desde afuera del área para poner el 2-0. Y para consagrarse como el artillero de moda en el fútbol argentino.

 


Nada se salía de libreto hasta ese 2-0 con doblete de Benedetto. Estaba todo en el guión principal, hasta que apareció Blasi en una pelota quieta muy bien manejada por Bruno Pittón y con una cabezazo perfecto —lo descuidaron en la marca— silenció a La Bombonera.

 


Llegaron los cambios de uno y otro lado, pero ese grito de alma de Blasi —lo festejó con el puño cerrado— no logró el efecto reactor buscado. Porque si bien avisó desde lejos Magallán como antes lo había hecho el “Chaco” Acevedo (patearon desde la mitad de la cancha porque lo vieron adelantado a Rossi), siempre estuvo mucho más cerca Boca de cerrarlo con el 3-1 que Unión de empatarlo.

 


Pero, claro está, el equipo campeón ya no tenía en campo al “spinner” de moda, ya que Benedetto había sido reemplazado para llevarse la gran ovación individual de la tarde en La Bombonera. Entonces, el tercer grito nunca llegó.

 


Pruzzo se la sacó de la misma línea de sentencia a Bou, el palo dijo no en otra y Pablo Pérez se demoró un montón con la defensa de Unión regalada. Boca armó la fiesta y terminó ganando, con su gente delirando en las tribunas de La Bombonera.
Unión, con mal de ausencias en cuanto a referentes (Nereo, Brítez, Leo Sánchez, Soldano) y con técnico interino, consiguió de la mano de Eduardo Magnín el ropaje más digno posible para ir a la gran fiesta de Boca campeón.

 

HUBO INCIDENTES FUERA DE LA BOMBONERA CUANDO ALGUNOS HINCHAS INTENTARON COLARSE

 

Corridas, intentos de saltar vallas y colarse se produjeron en las afueras de La Bombonera durante el comienzo del primer tiempo del partido.  

 

Hubo algunas pedradas y botellas de gaseosas o agua lanzadas contra los efectivos, que corrieron a los manifestantes hasta una cuadra más alejada del estadio.

 

Allí quedaron los hinchas haciendo flamear banderas y a unos metros la policía formando un cordón con sus escudos.

 

En razón del sistema de ingreso por ranking de socios que tiene Boca, con capacidad colmada, muchos asociados e hinchas se quedaron sin poder ingresar al estadio.

 





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