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Edición Online | 15-09-2009 | 14:57

Reconocen a chocolates Agofa por su constancia emprendedora

Una empresa rafaelina se afianza con su producción no tradicional

Esta fábrica artesanal surgió gracias al esfuerzo y a la perseverancia que Gladis Domínguez impuso en cada paso que dio. Luego de marchas y contramarchas, logró posicionarse en la región con una amplia gama de productos de primera calidad.

Juan Carlos Scalzo - interior@ellitoral.com 

Hace 25 años, su titular, Gladis Domínguez, elaboró 40 huevos de Pascua que vendió entre sus compañeros de trabajo y desde entonces, con gran esfuerzo y perseverancia, convirtió a su fábrica en un ejemplo para las demás micro y pequeñas empresas de la ciudad. Días atrás, la empresa rafaelina fue distinguida con el premio al Esfuerzo y la Innovación que otorgó el Ministerio de la Producción de Santa Fe. 

Agofa es una fábrica artesanal de chocolate con una amplia gama de productos y variedades (bombonería, chocolate en rama y frutas secas bañadas) de primerísima calidad, impuesta en la región y con gran proyección a distintos mercados, logrados en base a fórmulas propias que le otorgan una particular frescura y calidad. En la actualidad, incursiona también en una línea de chocolates industriales para satisfacer la demanda de heladeros y panaderos con ventas en Rafaela, Santa Fe, San Jorge, Reconquista, Rosario y Buenos Aires. 

En su planta elaboradora, Domínguez contó a El Litoral que desde muy pequeña tuvo una especie de germen emprendedor que la llevó a nunca bajar los brazos. “A los 7 ú 8 años sentí la necesidad de hacer algo, debido a que mis padres eran muy humildes y no había dinero en mi casa, entonces me puse a tejer -en esa época nos enseñaban a hacerlo- unos pulloveres para las muñecas y salí a ofrecerlos en las mercerías. Estoy segura de que me los compraban de lástima, pero lo importante era que podía venderlos”, recuerda. 

“Pero a este negocio llegué casi por casualidad cuando era empleada del frigorífico Uncoga (hoy Sodecar) y me aburría de hacer siempre lo mismo’’, señala la emprendedora rafaelina. “Tenía 19 años y quería comprarme un autito, pero no me alcanzaba el dinero y con una compañera se nos ocurrió hacer los tradicionales huevos de Pascua. Lo cómico fue que ninguna de las dos sabía cómo se hacían, pero igual, y con la cuota de audacia que hace falta, nos largamos y llegamos a 40 huevitos, encima nos tocaron días de mucho calor y se nos rompían todos”, agrega entre risas. 

Lejos de desanimarse, al año siguiente, Gladis elaboró -pero esta vez sola ante la negativa de su amiga a embarcarse en una nueva aventura- 200 huevos “y ahí fue cuando me di cuenta de que esta actividad me gustaba demasiado, comencé a capacitarme y a buscar lugares en Buenos Aires donde poder aprender”, apunta la propietaria de Agofa. 

“Seguí un par de años trabajando en el frigorífico hasta que me di cuenta de que esto podía ser un negocio. Y apareció un distribuidor que me planteó que para realizar la comercialización, estos productos tenían que reunir ciertas condiciones y me encontré con la necesidad de fabricar mi propio chocolate. Por suerte, en la Municipalidad había unos créditos para emprendimientos y con parte del dinero que me dieron me compré el molino, que es una mezcladora que permite producir la materia prima con fórmula propia”, explica la empresaria. 

Buenas y malas épocas 

Domínguez no olvida sus inicios y los momentos de adversidad y bonanza que tuvo que atravesar: “Comencé saliendo con una cajita para mostrarle mis productos a los posibles clientes. Así, empecé: fabricando, vendiendo y entregando lo que producía. Pasamos por el Efecto Tequila, la crisis de 2001 y hasta en un momento tuve que paralizar la actividad durante 5 años. No todo fue color de rosa”. 

“Me llevó más de 8 años imponer el producto. Nada fue sencillo. Creo que recién ahora puedo decir que la gente reconoce la marca, una trayectoria, una calidad y las personas que me conocen saben todo lo que he pasado en el transcurso de estos años”, añade. 

Sobre el reconocimiento logrado entre sus pares y ratificado desde la provincia, la elaboradora del chocolate artesanal rafaelino indica que no estaba “en sus planes recibirlo”; pero, que le “resulta muy gratificante obtener esta distinción después de tantos años de lucha. Es alentador que me reconozcan como una luchadora. Uno no se da cuenta pero la gente te observa y te gratifica de esta forma como lo ha hecho el Ministerio de la Producción y estamos muy contentos y cuando digo estamos es porque detrás de la empresa hay un grupo familiar que trabaja”, expresa con satisfacción.


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