Hollywood pone a punto su "glamour" para la fiesta de los Óscar
La Academia desempolva el esmoquin en una semana frenética de nervios y quinielas en la que cientos de personas trabajan para que la gala de los Óscar del domingo 7 de marzo esté a la altura de tanto nombre.
Otra de las novedades de la 82 edición de los Óscar será la posibilidad que tendrán los agraciados de grabar su nombre en la estatuilla justo al término del evento.- Foto:EFE
Los Ángeles se revoluciona y se multiplican las visitas a boutiques de alto copete, peluquerías vanguardistas y joyerías de muchos quilates para vestir a la aristocracia del cine sometida cada año al escrutinio tiránico de la prensa de sociedad, ávida de señalar con el dedo los defectos y las virtudes de los famosos.
En una ceremonia en la que hasta los cámaras de televisión tienen que ir vestidos de novios, las tiendas de alquiler de ropa de fiesta hacen también su agosto, lo mismo que floristerías, servicios de catering, hoteles o compañías de limusinas. No falta detalle, y si falta es por error.
Desde el lunes, las autoridades cortan el tramo de Hollywood Bulevar donde se encuentra el teatro Kodak, que anualmente acoge la entrega de las estatuillas, para convertirlo en un decorado de película que poco tiene que ver con el aspecto mundano y algo descuidado de la conocida calle donde está el Paseo de la Fama.
El andamiaje y las gradas ocultan fachadas y asfalto, mientras que decenas de piezas de moqueta colorada se insertan unas con otras como si fueran un puzzle para crear la llamada alfombra roja, que marca el camino de los invitados hasta su asiento de privilegio en la 82 edición de los Óscar, una ceremonia que promete cambios.
Aplausos para todos
Cansados de escuchar las críticas que año tras año tildan la gala de aburrida, larga y desfasada, los responsables de la Academia de Hollywood apostaron por retomar fórmulas del pasado para cautivar al gran público moderno, incluso aunque eso haya supuesto aumentar el número de candidatos a mejor película de 5 a 10 para dar acomodo entre los elegidos a los títulos más populares.
Una decisión discutida porque resta sentido de exclusividad a cada nominación, pero que la organización confía que sirva para mejorar los maltrechos índices de audiencia que se arrastran por sus mínimos históricos y para incrementar la recaudación derivada de la entrega de premios, a la postre principal fuente de financiación anual de la Academia.
El destino ha querido que la ceremonia tenga en esta ocasión un componente morboso adicional que seguro servirá para empujar los "ratings" hacia arriba, el duelo por los galardones principales de James Cameron y Kathryn Bigelow, en otro tiempo marido y mujer.
La última vez que Cameron llevó una de sus películas a los Óscar, "Titanic" (1997), 55 millones de personas en Estados Unidos siguieron la ceremonia por televisión, lo que supuso un récord para el evento.
En 2010 podría repetirse la historia. "Avatar" ya superó a "Titanic" como película más taquillera de todos los tiempos y cuenta con 9 candidaturas, si bien el hundimiento del transatlántico ganó 11 estatuillas. Bigelow y su modesta pero convincente "The Hurt Locker" hace en este culebrón el papel de David llamado a derribar de su pedestal al Goliat cinematográfico creado por su ex marido.
Ese pulso personal y profesional, propio de un guión de Hollywood, no tiene a estas alturas un ganador claro, una incertidumbre que viene muy bien a la organización pero que ha puesto nervioso a más de uno.
El caso más llamativo fue la mayúscula metedura de pata de Nicolas Chartier, un productor novato de "The Hurt Locker" que, ni corto ni perezoso, envió un correo electrónico a los miembros de la Academia para hacer campaña electoral a favor de su película y pedir que no voten por "Avatar".
Un juego sucio que fue duramente reprobado por los académicos y llevó a Chartier a emitir una humillante nota de disculpa en la que se autocalificaba de pardillo, ignorante y estúpido.
Los productores de la gala se han tomado muy en serio la difícil tarea de mantener la atención de los espectadores durante las tres horas de emisión y probarán con un sistema de tres localizaciones diferentes para dar dinamismo y ritmo a las presentaciones sobre el escenario.
Escaso momento de gloria
Hasta tal punto llega la obsesión de los responsables de la gala de evitar bostezos en la audiencia que han pedido a los emocionados ganadores que moderen su efusividad en su minuto de gloria, en realidad 45 segundos, y que eviten discursos "en los que se nombre a gente que nadie conoce", dijo Bill Mechanic, uno de los productores.
"No es sólo aburrido, sino que es lo más odiado del evento", añadió. Está por ver si sus palabras caen en saco roto, como es previsible.
La conducción del programa correrá a cargo de dos actores que se manejan bien en la comedia, Steve Martin y Alec Baldwin, después del estilo más musical que puso Hugh Jackman en 2009. Será además la primera vez desde 1987 en que la Academia opta por varios presentadores, entonces les tocó el turno a Chevy Chase, Goldie Hawn y Paul Hogan.
Es evidente que ésta será la edición del humor, al menos esa es la intención de los organizadores que contarán para hacer reír con los pesos pesados del momento en este género, además de Martin y Baldwin.
Sacha Baron Cohen, Steve Carell, Tina Fey o Ben Stiller serán algunos de los presentadores de estatuillas, una lista que incluye también a los españoles Pedro Almodóvar y Penélope Cruz, quien además está nominada a Mejor actriz secundaria por "Nine".
También pasarán por el escenario las estrellas juveniles Miley Cyrus, Zack Efron, Taylor Lautner y Kristen Stewart, de Disney y la saga "Twilight", un guiño en toda regla al público más joven.
Otra de las novedades de la 82 edición de los Óscar, que parece haber dejado atrás el ambiente de crisis económica que condicionó el nivel de ostentación de la última ceremonia, será la posibilidad que tendrán los agraciados de grabar su nombre en la estatuilla justo al término del evento, mientras tiene lugar la tradicional cena de gala.
Hasta este año los homenajeados se llevaban a casa un Óscar anónimo y tenían que enviarlo semanas después a la sede de la Academia para incrustar la placa con sus datos, un engorroso proceso que se podrán ahorrar ahora, pero que previsiblemente creará el 7 de marzo una larga cola de famosos luciendo de punta en blanco ante el improvisado taller para "tunear" su Óscar.