Todas son pistas falsas en la búsqueda de Matías Causso
En Buenos Aires, las versiones que orientaban la búsqueda no se pudieron confirmar. Tampoco hay rastros en Rosario o Entre Ríos. ¿No estará en Santa Fe?
Mientras nadie busca en Santa Fe, el paradero de Matías Causso, -el chico que vendía flores artificiales en la Recoleta santafesina-, sigue siendo un misterio y, tanto en Entre Ríos, donde lo rastrean sus tíos maternos, como en Buenos Aires y Rosario, donde lo hace su familia paterna, los datos orientativos resultaron ser falsos o, dicho de otro modo, no permitieron hallar un solo rastro suyo.
En vista a la falta noticias ciertas acerca de la suerte y paradero de Matías sus tíos maternos, Barrena-Cabrera, pidieron al juez de la causa, Dr. Nicolás Falkemberg, que la asistente social y el celador entrerriano que trataron con Matías en Concepción del Uruguay, sean llamados a declarar en sede judicial, porque hasta el momento no lo hicieron y sospechan que ambos funcionarios de Minoridad no dijeron en la policía todo lo que ellos pueden saber.
Matías Caussso dejó su casa del barrio Guadalupe Oeste el 28 de noviembre y antes de salir de Santa Fe fue visto ese mismo día en Bv. Pellegrini y 25 de Mayo, -esquina que frecuentaba junto a su hermana Priscila para vender las flores que artesanalmente produce su madre adoptiva-, dos días más tarde fue encontrado por la policía de Concepción del Uruguay, pasó a manos de Minoridad.
Un celador de una casa que se ocupa de contener a los chicos de la calle, estuvo en contacto con él desde el 30 hasta el 31 de diciembre, cuando una asistente social lo acompañó a tomar un colectivo que supuestamente lo llevaría a Paraná. Entonces, después de llegar a destino, desapareció en la estación terminal y nada se volvió a saber de él.
Por otra parte el silencio que siguió al cumpleaños de Priscila, -día que según Alejandro Causso, Matías no habría dejado pasar por alto ya que sentía gran afecto por su hermana-, tiró abajo las esperanzas de la familia paterna, pero decidió una búsqueda más personalizada.
Alejandro y su esposa Natalia Urquiza viajaron a Buenos Aires y también al sur santafesino para ver por ellos mismos qué había de cierto en versiones que les hacían llegar vía telefónica.
En territorio bonaerense la investigación familiar hizo agua. Nada de cierto encontraron en un comedor y en un bar situados a la vera de la ruta que une a Luján con Mercedes, sitios donde supuestamente había sido visto el chico, tampoco encontraron un solo vestigio en la propia ciudad de Buenos Aires, más precisamente en “un comedor de Acción Social ubicado cerca del hospital Garraham”.
Alejandro Causso dijo esta mañana a El Litoral que también en compañía de su esposa viajó a Rosario para chequear algunos datos que referían la presencia de Matías, de 15 años de edad, entre los chicos de la calle que frecuentan los aledaños de la terminal de ómnibus, “pero ahí solo encontramos un pibe parecido a él, eso fue todo”, aseguró.
Dado que el silencio es la única respuesta a la pregunta de dónde está Matías, cabe preguntarse si acaso no está en Santa Fe. Acerca de esa probabilidad su padre contestó, “Nada se descarta, todo es posible”.
“Por ejemplo -agregó- mi hija Priscila puede pensar que está acá, escondido en la casa de algún amigo, pero yo no soy de esa idea. El chico era como un perro enjaulado, siempre quería salir, estar en la calle. No sabría estar encerrado”.
Alejandro Causso agregó que su hijo “como todos saben era muy conocido y apreciado”, en sitios donde hay gran concentración de público y “Santa Fe no es una ciudad tan grande como para alguien no lo haya visto ni reconocido a lo largo de dos meses”.
No obstante, cabe recordar que Matías cuando se identificó en Entre Ríos dijo que vivía en Paraná, pero ofreció a los asistentes sociales el número telefónico de una empresa de transportes donde trabaja un familiar de su padre, un hombre de su mismo apellido.
El chofer el micro dijo que Matías no pareció reconocer la estación terminal y que recién después de mirar en todas las direcciones, quizás en busca de un lugar o una cara conocida, fue el último pasajero en pisar el andén ese amanecer del último día del año.