Enrique Cruz (h)
El bochornoso final dejó ideas varias para titular. Y fue también el justo broche a un anochecer de sábado tan agitado como oscuro para Unión, que postergó algo que no se le puede escapar más allá de la derrota y que es el ascenso a Primera. El tema es explicar qué pasó, por qué pasó y cómo entenderlo. ¿Jugó bien Rafaela?, ¿jugó mal Unión?, ¿se dieron ambas cosas?, ¿hay que cargarle las culpas al Changuito Cárdenas?, ¿pudo golear Rafaela y no quiso?, ¿por qué pasó lo que pasó en el final?, ¿quién dio la orden de apagar la luz para evitar que siga el festejo?, ¿estuvieron bien los jugadores de Rafaela en festejar?, ¿y los de Unión en tratar de pararlos?, ¿dirán algo desde la dirigencia por algo que se vio y criticó en todo el país? En la contestación de estas preguntas se podría explicar gran parte de lo ocurrido:
* 1) ¿Jugó bien Rafaela? Sí, decididamente fue así. Es un equipo bien trabajado, con mucho orden, que sólo sufrió en el primer cuarto de hora y luego, cuando estrechó filas entre la defensa y el mediocampo, consiguió el objetivo de reducirle los espacios a Rosales, de tapar a los dos carrileros y de encimar a un Pablo Pérez que se fue diluyendo a medida que pasaron los minutos. Rafaela fue más cuando se defendió, fue más cuando toqueteó la pelota en el medio con precisión y cuando atacó en el segundo tiempo, con el campo abierto y en superioridad numérica ante una defensa que se había quedado con un jugador menos por la expulsión del Changuito. Hasta dio la sensación de que no quiso meter más goles.
* 2) ¿Jugó mal Unión? Si se observan los primeros 20 minutos, tendríamos que decir que no. Pero los partidos duran 90 minutos. Y Unión, durante la mayor parte, no hizo nada de todo lo bueno que había mostrado ante Central. Sin peso en Montero y Velázquez, con Quiroga reducido a pelear de arriba con jugadores de buen juego aéreo, con Pablo Pérez que arrancó muy bien y luego entró en un mar de dudas y confusiones, más un Rosales sin gravitación. Fueron tan pocas las situaciones de peligro, reducidas a un disparo de Zárate por arriba y un cabezazo de Mannara que atajó espectacularmente Sara, que esto, de por sí, explica la levedad ofensiva del local.
* 3) ¿Hay que cargarle las culpas al Changuito? Sería injusto para un solo jugador, pero hubo un error puntual en la jugada del penal, cuando parecía tener controlada la situación y terminó derribando a González con una inútil “camiseteada” que derivó en el penal convertido por Bovaglio con una doble ejecución. Después, el Changuito recibió la roja de Beligoy por doble amarilla cuando faltaba casi media hora para el final. Cárdenas jugó mal, pero no fue el único. A la hora de jugar al fútbol, casi todos estuvieron ausentes a la cita. El equipo no fue inteligente, no estuvo preciso, no tuvo variantes. Peleó el partido en vez de jugarlo. Y esto es contraproducente si se hace ante un equipo que juega bien. Casi siempre, el que juega bien o mejor que el rival, es el que gana. Y Rafaela le sacó ventajas a Unión, más allá de que el gol haya llegado por un error puntual.
* 4) ¿Pudo golear Rafaela y no quiso? Ésa es la sensación con la cual nos fuimos casi todos. Se advirtió sobre todo en la parte final del encuentro, cuando un remate en el palo de González se convirtió en lo más claro de un equipo que contó con las apariciones de Juárez y Aguirre, sobre todo, para acompañar en las jugadas de ataque a los dos puntas. Rafaela tuvo mayor intensidad para recuperar la pelota y para defenderse, que para marcar diferencias más abultadas en el resultado. Se adelantó, avanzó en la cancha, pero no se decidió siempre a atacar con mayor voracidad.
* 5) ¿Por qué pasó lo que pasó en el final? Porque vivimos en un país intolerante, que está lejos de respetar, de entender que el fútbol tiene que ser otra cosa y no una cuestión de dignidad, de honor o directamente de “vida y muerte” como muchos lo creen y lo viven. Alguien dio la orden de apagar la luz y fue una vergüenza. Algo que Unión, como institución, y esta campaña no se merecen. Ni mucho menos la gente, que dio un espectáculo notable, alentó y seguramente continuará velando su sueño para despertar y dar rienda suelta a la alegría cuando se consiga la diferencia inalcanzable, algo que seguramente ocurrirá la semana que viene ante la CAI o en la última frente a Ferro. El más razonable a la hora de hablar fue Darío Kudelka, quien reconoció haber ido al vestuario de Rafaela, haber dicho que lamentaba lo ocurrido y que se mostraba en desacuerdo con la decisión tomada. No sólo fue razonable lo del técnico, sino también valiente. Y me parece bárbaro. Seguramente, así como se criticará lo que pasó —pues las imágenes se verán en todo el país durante varios días—, también habría que rescatar lo señalado por el entrenador de Unión, a sabiendas de que posiblemente la decisión se haya tomado desde la propia dirigencia.
Muchos hinchas de Unión se fueron pensando: “¡Menos mal que empataron los sanjuaninos!”. Es cierto, hubiese sido peor tenerlos a un solo punto que a tres, como están ahora. De todos modos, este Unión tambaleante del final del torneo, con demasiados partidos perdidos como local a lo largo del año, tiene dos partidos para volver a mostrar esa imagen prolija, firme y contundente que tuvo, por ejemplo, el domingo pasado ante Rosario Central.
Gran marco para un cuadro desteñido
No prendió la lamparita
Unión olvidó todo lo bueno que mostró en Rosario, postergó el festejo jugando mal y no permitió —apagón mediante— que Rafaela se regocijara con el título de campeón.

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