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Edición Online | 23-01-2012 | 20:57 - Última actualización | 20:58

TEXTOS, INTENCIONES Y TONOS. UN RELATO

La posibilidad del color


Onetti, Dylan y Sábato.- Foto:Ilustración: Lucas Cejas


Estanislao Giménez Corte
egimenez@ellitoral.com
http://blogs.ellitoral.com/ociotrabajado/

I


De todas, de cada una de las muchas teorías imposibles, absurdas ideas lanzadas al viento pero no despojadas de ternura que le escuché; de toda una informe masa de presuntos pensamientos que Lanusa había elaborado en sus largos años de errático sujeto, de hombre de a pie, perdido en empresas intelectuales de variado patetismo, ninguna hubo tan delirante, ninguna tan fascinante, como aquélla con la que llegó una noche de diciembre de 2004. Llegó una noche, violentó en un segundo todo posible clima imperante y dijo, aplastando sobre la mesa del bar una edición del diario del día, “leé, decime qué ves”. Siete cervezas de litro después, arrastrando las sílabas, dio por acabado -con la solemnidad insólita del que dicta cátedra en el desierto-, el anuncio de su teoría de los colores de un texto.

II

Leí. La nota refería al incremento de los muertos norteamericanos en Irak por la proliferación de francotiradores anónimos en las afueras de Bagdad. Pregunté. El acelerado acosador dio paso, como para confirmar las particularidades de su personalidad, a un sereno sujeto de tono seguro y grave. Dijo: “Cada vez que leo algo, desde que soy chico, me queda cierta insatisfacción, como si una suerte de dimensión del texto se me escapara, como si las lecturas que solemos hacer no bastaran. Nunca supe a qué atribuir esa sensación. Ahora lo sé. Porque uno puede decir, efectivamente, que un texto está compuesto por una serie de frases, de palabras ordenadas, de intenciones. Pero eso es apenas el comienzo. Casi nada. Ahora sé que lo que me faltaba ver es... el color del texto. Éste que acabás de leer, por ejemplo es gris, grisáceo, y vira sobre el final al marrón”. Lanusa resopló, bebió aparatosamente y me miró, con la satisfacción del que ha hecho algo grande y espera el aplauso. Dije: “Eso es porque vos asociás Irak con desierto. La misma significación de cada palabra, como está vinculada con una imagen, sugiere una tonalidad. Faltaría que dijeses anaranjado”. Todavía se dirimía en mi interior si lo que estaba diciendo era una soberana estupidez o había allí, aunque latente, algo interesante.

(Lea la nota completa en la Edición Impresa)
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