Las luces de mi ciudad. Una postal inolvidable del callejero Santa Fe Ciudad, con el ruido de los motores abajo y el estallido de los fuegos artificiales arriba, en el cielo. Callejero y nocturno, una simbiosis perfecta para los amantes de esta pasión que es el automovilismo en la Argentina. Foto: Mauricio Garin
Una caricia para los ojos. Y una ventana a futuro de poder soñar, bajo el color político que sea, con una ciudad Cordial como era en los tiempos tiernos. Mañana volveremos a preocuparnos por los problemas que tenemos todos los días los santafesinos: la marginalidad de algunos, el oportunismo de otros, los datos alarmantes de inseguridad y esas cosas que cansan. Pero lo de anoche fue imponente en cuanto a la puesta en escena que Santa Fe le mostró por TV al país en 30 vueltas, máxime cuando se iluminó mucho más la ciudad de Garay y el cielo del callejero pareció anticipar la Navidad (el año se nos pasó volando diría las señoras grandes del barrio cuando “baldean” la vereda).
En la previa, era más fácil pasar sin riesgo la famosa Curva 2 que estacionar en las calles de los alrededores del circuito. Primera conclusión: dueños de playa de estacionamiento, cuidadores, trapitos y afines, “chochos”. Eso ya daba una idea del “mundo de gente” que estaba dando vueltas.
Cuando el ruido de los motores paraba se escuchaba mucho más fuerte el grito de “a los taponcitos...a los taponcitos”. Entonces, lejos de los cálculos de cualquier economista, el buen señor los comercializaba a “diez pesitos” el par. Padres improvisados, abstenerse, obvio.
El ingreso a la calle de boxes parecía un amplio estudio de TV donde todos los candidatos se estaban maquillando para el gran debate final. Se los podía ver a todos caminando, saludando, sacándose fotos y —claro está— luchando por los votos que les faltan camino a octubre.
El sabalero “Bichi” Fuertes y el tatengue Nery Alberto Pumpido son fierreros e infaltables desde la primera edición en el callejero. También se lo pudo ver a Luciano Zavagno, ex jugador de Unión.
En cuanto a los dirigentes, el presidente sabalero Germán Lerche se mostró acompañado por el Licenciado Norberto Javier Gaitán, jefe del departamento médico del Club Atlético Colón. En el mismo rubro, Marcelo Maglianessi, Carlos Marín y Horacio Ruiz conversaban en las calles de boxes. A pocos metros, José Alonso, ex dirigente muy allegado a José Vignatti, también compartía el momento con amigos.
Si bien Unión jugó ayer en Buenos Aires y varios dirigentes estuvieron en Isidro Casanova, el vicepresidente rojiblanco Diego Sales dijo presente junto a su hijo. “Es la primera salida que hago en varias semanas, estuve luchando con un problema de salud de mi viejo que ahora afortunadamente está bien. Se ve que ahora empezaron a llegar lindas noticias”, comentaba a El Litoral después del 1 a 0 con gol de Salinas.
Como siempre, en las callecitas de boxes, las promotoras generaban un fondo de ojos al paso. Algunos, además del ojo humano, se animaban con cámaras digitales o celulares a “posar” (99.9 % de ese rubro, solteros...) con las máquinas.
Dicho sea de paso, el agradecimiento a Cablevisión y a José Luis Lamas de Valmotors: desde ese VIP seguimos las 30 vueltas.
En ese sector, el más cercano al ingreso donde está el Casino, la pantalla alta nunca gritó “no va más” y se pudo seguir desde allí —al mejor estilo Led Las Vegas— los momentos apasionantes de la carrera.
A diferencia de otros años, al quedar inutilizado el puente peatonal, la desconcentración fue más lenta y un poco desprolija: la gente ganó la pista y no quedó otra que saltar entre los muretes. Allí afloró la caballerosidad al palo y algunos hicieron algo que no repetían desde la noche de bodas: levantar en brazos a su esposa.
La postal del final fue una mezcla de todo, para colmo con un veranito anticipado a modo de bendición: bares, restaurantes, casas de comida...todo colapsado. Cerca de las 11 de la noche a la Peatonal sólo le faltaba el sol porque parecía sábado al mediodía por la cantidad de gente.
Se pudo ver, claramente, un fuerte operativo de rastrillaje en seguridad: coches, motos y hasta caballos controlando que no pasara nada grave con miles y miles de personas saliendo como hormiguitas.
Por momentos, aunque sea en 30 vueltas, se dieron la mano el noble y el villano sin importarles la facha. Fue una linda caricia para los ojos, un respiro. Hoy es domingo de descanso. Mañana, aún con la resaca a cuestas, volverá el pobre a su pobreza y
volverá el rico a su riqueza. Se acabó. El sol dice que llegó el final. Ahora volverá el tiempo de preocuparnos por lo que nos preocupamos todos los días: la marginalidad de algunos sectores y la inseguridad que mete miedo. Escribo algo que escribí antes del último clásico: no es un tema para andar “jodiendo” a cambio de un puñado más o menos de votos.
La puesta en escena al país fue imponente y por un rato, subiendo la cuesta, arriba el callejero en Santa Fe se vistió de fiesta. Por un rato, aunque más no sea por una noche, nos olvidamos que cada uno es cada cual.