Edición del Martes 26 de setiembre de 2000

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Opinión: OPIN-02

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El saqueo de nuestro patrimonio

Advierto en muchos compatriotas un estado de total confusión respecto de las causas de la lamentable situación económica, social y política que vivimos. Situación que ensombrece nuestro futuro y provoca desaliento y frustración.

Pretendo contribuir al esclarecimiento de los hechos que generaron el saqueo del patrimonio nacional analizando someramente algunos antecedentes.

Hacia 1982, más de 300.000 millones de dólares debidos por Iberoamérica eran impagables. Los países deudores no tenían capacidad para cumplir con los pagos de los servicios de tal obligación.

Nuestras naciones, encabezadas por México, estuvieron a punto de formar un cartel de deudores, de proclamar conjuntamente la moratoria y forzar, por tal vía, la reorganización del sistema financiero mundial (esa propuesta se consideró al tiempo que se libraba la guerra en el Atlántico Sur; sin duda, de haber prosperado esa intención, otra habría sido la historia). Los bancos, agentes de la usura, lograron salvarse aplastando políticamente esa iniciativa para imponer, acto seguido, los modelos o recetas que gerencian el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, por cierto opuestas al desarrollo y la paz, y contrarias a nuestros legítimos intereses.

El Plan Brady

Cuando la situación se hizo otra vez insostenible -fines de los años ochenta-, impusieron el llamado Plan Brady (nuestro gobierno condecoró al Sr. Brady) y consolidaron el Tratado de Libre Comercio entre EE.UU., Canadá y México (1993).

El plan Brady reorganizó ciertas categorías de la deuda y las consolidó, en algunos casos, a intereses ligeramente menores, pero a cambio de concesiones fundamentales en la política económica y monetaria de las naciones deudoras.

Como el objetivo de los acreedores era evitar que alguien en el futuro renegara de los pagos de la deuda y se negara a la apertura total de la economía (apertura destinada a favorecer, principalmente, el saqueo de los patrimonios nacionales), dicho plan significó entre otras cosas:

Convertibilidad total entre el dólar estadounidense y las monedas locales.

Autonomía absoluta de los Bancos Centrales -quitando a los gobiernos control, nada menos que sobre la generación nacional de crédito-.

Limitación de nuevo crédito al monto de las reservas en dólares.

Fijación del valor de las monedas locales al del dólar.

Eliminación de toda barrera y regulación a la participación financiera extranjera en las economías nacionales, incluidas banca, bolsas de valores, etcétera.

Eliminación de aranceles y otras defensas comerciales, lo que permite que las importaciones convenientes y las inconvenientes inunden nuestros mercados.

El desmantelamiento, sobre todo vía privatizaciones, de los sectores estatales de la economía y su entrega a intereses financieros extranjeros, los que los utilizan como base de activos en la generación de más especulación en el mercado de derivados(*). O sea, impulsar demencialmente la especulación, no la producción.Dichas exigencias no provocaron, como sostuvieron hasta el hartazgo "expertos", "tecnócratas" y "otras yerbas", la eliminación de nuestra deuda externa y el bienestar, sino, todo lo contrario, como todos sabemos.

La burbuja financiera

Además, al producirse la dolarización de la economía en todos los países iberoamericanos en mayor o menor grado, se produjo el rápido reemplazo de las monedas locales por el dólar. Lo que vuelve a los sistemas financieros meros enclaves del gigantesco sistema internacional, el que, como es obvio, carece de regulación alguna de nuestra parte. Eso elimina todo vestigio de soberanía. Conviene advertir que este perverso mecanismo también elimina la soberanía de la gran potencia del norte, porque la colosal burbuja financiera que se generó en los últimos años está totalmente fuera del control de Estados Unidos.

Idénticos propósitos encubre el llamado Tratado de Libre Comercio citado al comienzo. Estos acontecimientos modificaron el mecanismo de saqueo de las economías iberoamericanas.

En efecto, hacia los años ochenta, la banca internacional exprimía a nuestras economías a través de la llamada deuda nacional soberana. Las gigantescas deudas externas de entonces nos fueron impuestas por la combinación de tasas de interés usurarias (gestión P. Volcker, fines de los años '70), rápido deterioro de los términos del intercambio, y una orquestada y enorme fuga de capitales. Después se utilizó a los gobiernos, a nuestros gobiernos, para imponernos programas económicos diseñados para cobrar la deuda, únicamente para ese propósito, utilizando los poderes del Estado para ese fin.

En ese tiempo, se pagaban los servicios de la deuda con los gigantescos superávits comerciales que habíamos generado con drásticos recortes de las importaciones y aumentando las exportaciones. Es decir que los recursos del consumo y la inversión interna -nuestros recursos- fueron saqueados y enviados al exterior.

El "nuevo orden mundial"

A partir de los años noventa, el proceso de saqueo es distinto. Los cambios se inician cuando George Bush llega al gobierno de EE.UU., inaugura un supuesto "nuevo orden mundial" junto con Margaret Thatcher, y llegan al poder varios aliados de tal dupla en nuestras patrias: México, Salinas de Gortari; Argentina, Carlos Menem; Brasil, Collor de Melo; Venezuela, Carlos Andrés Pérez. Aquellos enormes superávits de los años ï80 pasan a ser enormes déficits al crecer descontroladamente las importaciones.

Se venden en forma apresurada las empresas públicas, en muchos casos por cuentas de vidrio, y en otros, afectando seriamente nuestros intereses y seguridad nacionales y, para cubrir el desequilibrio financiero que se hace enorme, y el pago de los servicios de la deuda que crece sin cesar y cada vez más rápido, nos hemos inundado de capitales especulativos muy volátiles. Si esa inundación se reduce, como se insinuó varias veces desde 1994, caeremos en incumplimiento de pagos. Es decir, caminamos por la cornisa.

Es evidente que el FMI y demás organismos de crédito son la causa, no la cura de la crisis financiera. Es urgente reemplazar al actual sistema financiero volviendo a la racionalidad.

Bregar por tal cambio es obligación del pueblo y del gobierno. Debemos detener el saqueo de nuestros patrimonios y exigir un nuevo orden mundial, sí, pero racional y contestes con principios elementales de economía, hoy abandonados.

(*) Se denomina como derivados a las operaciones meramente financieras, que representan muchos billones de dólares y, en realidad, son nada más que papeles, no agregan nada a la economía física o real, se negocian en el fenomenal casino financiero mundial.

Héctor C. SalviEx gobernador de Santa Fe




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