Edición del Martes 19 de abril de 2005

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Fue elegido en la cuarta votación del cónclave

Benedicto XVI es el nuevo Papa

El cardenal del No. Así lo nombran sus críticos. Foto: AGENCIA AFP.. 

Con ese nombre, el cardenal alemán Joseph Ratzinger, de 78 años, sucederá a Juan Pablo II en el trono de San Pedro. Ex guardián de la doctrina de la fe y jefe de filas del bloque conservador, era el gran favorito antes del inicio del Cónclave el lunes por la tarde. La fumata blanca, previa al tradicional "Habemus Papam", se produjo exactamente a las 12.49, hora argentina.

De la Redacción de El Litoral/AFP-EFE-Télam/SNI-El Mundo.

El cardenal Joseph Ratzinger nació en Baviera, Alemania, el 16 de abril de 1927, hijo de un comisario de gendarmería que provenía de una familia de agricultores.

En los últimos meses de la II Guerra Mundial, el joven Ratzinger fue llamado a filas en los servicios auxiliares antiaéreos. Terminada la contienda, estudió en la Escuela Superior de Filosofía en Freising y en la Universidad de Munich, por la que obtuvo el doctorado en Teología.

Ordenado sacerdote el 29 de junio de 1951, continuó sus estudios, y más tarde comenzó a ejercer la docencia en el seminario de Freising (1957).

Fue profesor de Teología en las universidades de Bonn (1959-1963), Munster (1963-1966) y Tubinga (1966-1969), y de Dogmática e Historia del Dogma en la Universidad de Ratisbona, en la que de 1969 a 1977 fue vicerrector.

Con anterioridad, de 1962 a 1965, intervino como consultor del arzobispo de Colonia en el Concilio Vaticano II y constituyó, con J.B. Metz y Kasper, en Munster, el centro más prestigioso de Teología de Alemania.

Miembro de la Comisión Teológica Internacional, el 24 de marzo de 1977 fue designado por el Papa Pablo VI, arzobispo de Munich y Freising, puesto en el que fue consagrado el 28 de mayo siguiente.

Sin embargo, Ratzinger recién comenzó a ganar atención mediática al llegar a Roma en 1962 como consejero teológico del cardenal Frings en el Concilio Vaticano II y se convirtió, a los 35 años, casi en una estrella teológica. Pero si algo lo marcó fueron las protestas de Mayo del '68, frente a las cuales se alzó como un defensor de la fe frente al marxismo y el ateísmo creciente de la juventud.

Llegó a ser cardenal el 25 de junio de 1977, por Pablo VI, que también lo nombró también arzobispo de Mónaco, pero fue su mentor Juan Pablo II, quien en 1981 lo consideró un hombre clave de la ortodoxia y de la teología, y el que lo transformó en el "cardenal del No": no al sacerdocio de la mujer, no al matrimonio de los sacerdotes, no a la homosexualidad, no al comunismo, no a los matrimonios gays.

Guardián de la doctrina

Dicen de Ratzinger que fue uno de los máximos valedores para que Karol Wojtyla se alzase proclamado Papa en el último cónclave. Quizá por eso ha acompañado a Juan Pablo II hasta el final de su papado, ejerciendo siempre de guardián de la doctrina, puesto que ha ejercido oficialmente desde 1981, cuando fue nombrado Prefecto para la Congregación de la Doctrina y la Fe.

Profundamente asociado al pontificado del Papa polaco, la figura de Ratzinger pasará a la historia como la del teólogo que le ayudó a poner orden en la Iglesia, y a decapitar primero y domesticar después a la Teología de la Liberación. En 1984, las condenas formales a esta corriente realizadas por el cancerbero de la fe permitieron a la derecha católica dejar fuera de juego a toda una corriente innovadora en el campo pastoral, teológico, catequético y social, destrozando casi en el huevo la idea de una Iglesia más popular y más fiel al Evangelio de los pobres.

Ratzinger impuso una rigidez doctrinal a la vida intelectual de la Iglesia y una dinámica de control a ultranza de los teólogos. Y el miedo se instauró entre sus filas. Amonestados, perseguidos, vigilados, en una institución intelectualmente inhabitable, los pensadores de la Iglesia optaron por marcharse (Leonardo Boff), callarse (Gustavo Gutiérrez) o romper la baraja (Hans Küng).

En los últimos años ha recibido críticas masivas, aunque se ha ido haciendo más fuerte cada vez frente a ellas. A su ya de por sí creciente influencia en el Vaticano, en el 2002 se añadió el hecho de que pasó a ser Decano del Colegio Cardenalicio, el encargado de elegir al sucesor del Papa. Sin embargo, el propio Ratzinger siempre aseguró que no aspiraba a suceder a su amigo Wojtyla en el trono de San Pedro. Quizá por eso mismo, ahora es el nuevo pontífice.

(Toda la información en Internacionales)





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