Edición del Domingo 04 de junio de 2006

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Edición impresa del 04/06/2006 | Opinión Opinión

5 de junio, Día del Ambiente
Con los pies en la Tierra
Por la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (UNL)

En este 5 de junio se cumplen 34 años de la realización de la primera Cumbre Mundial sobre Medio Ambiente en Estocolmo en la que los Estados del mundo entero expresaron su preocupación conjunta por la degradación del hábitat del planeta Tierra, nuestro único hogar. Desde aquella primera Cumbre hasta nuestros días se ha recorrido un camino arduo con resultados inciertos.

Los paradigmas ambientales vigentes a comienzos de la década del '70 signados por el desarrollo irrestricto, la apropiación absoluta y sin reparos de los recursos naturales y el desprecio por los nacientes movimientos ecologistas han ido cambiando hasta la realidad actual, donde la preocupación planetaria gira en torno al Cambio Global, la superpoblación, la degradación de tierras productivas y la contaminación de ríos y océanos.

Los importantes avances logrados, traducidos en convenciones y acuerdos internacionales, reflejan el intenso trabajo realizado en lo normado y los escasos resultados obtenidos en más de tres décadas de puesta en vigor.

Argentina ha suscripto y ratificado todos los Convenios Internacionales y acuerdos regionales en materia ambiental, adhiriendo al Acuerdo Marco sobre Medio Ambiente en el Mercosur, que fuera ratificado por la Ley 25.841 y el Protocolo de Protección de la Vicuña, por mencionar sólo algunos ejemplos.

A juzgar por los resultados, todas las convenciones y cumbres mundiales han servido para firmar actas y compromisos de toma de conocimiento y para alertar sobre la situación actual, pero han sido de escaso a nulo cumplimiento efectivo de lo acordado.

Los desastres "naturales", las industrias "sucias", la pérdida de la soberanía alimentaria, la degradación de las aguas continentales y marítimas, son algunos de los síntomas con que el modelo de desarrollo actual se manifiesta en el mundo y particularmente en los países en vías de desarrollo, donde ha aparecido como consecuencia de estos efectos la figura del "refugiado ambiental".

La realidad ambiental hoy

El 20 % de la población mundial, ubicada en el norte enriquecido del planeta, consume el 75 % de los alimentos y el 80 % de la energía que produce la Tierra. A la vez, estos mismos países liberan el 80 % de los gases de efecto invernadero que producen el Calentamiento Global.

La ingente y desaprensiva utilización de combustibles fósiles, actividades industriales y otras acciones, han llevado a la ruptura del equilibrio ambiental a nivel mundial. Esto ha colocado a la humanidad en un callejón sin salida; el sostenido calentamiento planetario ha provocado el progresivo incremento de los niveles de los océanos; los períodos de excesos y déficits de precipitaciones (inundación y sequía en general) se han exacerbado y, en consecuencia, los mal llamados "desastres naturales" resultan cada vez más frecuentes.

A nivel país, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) ha publicado que el 20 % del territorio argentino esta dañado por erosión (60 millones de hectáreas, equivalente a las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe); que en los últimos 20 años los niveles de materia orgánica pasaron del 3,2 % al 2,7 % y ha alertado sobre la incidencia negativa que puede seguir provocando el monocultivo de soja.

Al igual que a nivel mundial, nuestra región viene soportando en forma recurrente -con cada vez mayor frecuencia e intensidad- fenómenos de crecidas de sus ríos, con crecientes daños sobre ambientes rurales y urbanos, provocados por la intensidad de los fenómenos y por la ocupación de sus áreas de desborde con distintos destinos, generando situaciones de marginalidad y pobreza.

Este "estilo de desarrollo" no tiene en cuenta los costos y procesos de reproducción de la naturaleza; no asume en toda su dimensión lo que significa la contaminación ambiental y la degradación de los sistemas naturales; tampoco considera los impactos sociales que resultan de su aplicación como modelo.

El futuro

El futuro es hoy, ya no queda lugar para especulaciones filosóficas ni dogmáticas. Al mismo tiempo que es imprescindible educar ambientalmente para el futuro -como la herramienta que dotará a nuestros hijos de la sapiencia necesaria para resolver la situación que les legamos- deben desarrollarse acciones de cambio en el presente.

Es necesario formular un llamado al Estado, la sociedad y las instituciones para que reformulen sus roles en cuanto a políticas públicas, participación ciudadana, sistema educativo, científico y tecnológico, así como el rol de los medios de comunicación y el de los sectores productivos.

Es imposible imaginar el desarrollo sostenible sin que exista un cambio de enfoque, una nueva manera de pensar acerca de la racionalidad ambiental y la interacción entre sociedad-naturaleza. Este cambio requiere asumir y comprender el nuevo paradigma; trabajar intensamente en la construcción de redes de cooperación, en la creación de instrumentos de gestión, en el fortalecimiento interdisciplinario de las áreas técnicas y en la búsqueda de consensos y acuerdos frente a los problemas y conflictos. Pero sobre todas las cosas se requiere la construcción de un sistema socioeconómico y cultural que incluya a todos.

El rol de la universidad

La necesidad de conocer, interpretar y resolver las problemáticas ambientales requiere la formación de recursos humanos con una visión integradora, que permita el desarrollo sustentable basado en un uso racional de los recursos naturales. La universidad juega un papel fundamental en este sentido, tanto en la ampliación y profundización del conocimiento como en la formación de profesionales comprometidos con el desarrollo sustentable. La universidad es por todo ello un actor imprescindible en los procesos de transformación social.

La Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) forma profesionales en el campo de la Ingeniería Ambiental con el propósito de brindar a la comunidad recursos humanos técnicamente capaces y socialmente responsables, que procuren soluciones a las problemáticas que la sociedad plantea e impulsen, a la vez, una transformación de las pautas culturales, contribuyendo efectivamente al logro del desarrollo económico en un marco de sustentabilidad ambiental y equidad social.

La Especialización y Maestría en Gestión Ambiental constituyen ofertas de posgrado que lleva adelante la FICH en asociación con las restantes Unidades Académicas de la UNL, promoviendo la integración de saberes a partir de una convergencia entre diferentes disciplinas. Su principal objetivo es capacitar a profesionales universitarios en el complejo campo de las políticas, estrategias, metodologías y temas diversos de la gestión ambiental, promoviendo la formación interdisciplinaria acorde con los modernos abordajes que supone el tratamiento de las problemáticas ambientales.





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