Edición del Domingo 04 de junio de 2006

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Edición impresa del 04/06/2006 | Opinión Opinión

Anotaciones al margen
Sobre odas otoñales

Las culpas, si caben o hay que buscarlas, deben apuntar a la tarde lluviosa, a cierta pegajosa nostalgia, a ese indecible estirarse de las horas y a todas esas cosas que la literatura ya ha configurado como uno de sus más flagrantes lugares comunes. No hay un solo poeta, famoso o ignoto, que no haya escrito al otoño.

Entre los famosos, Neruda es otro lugar común, pues su "Oda al otoño" es ampliamente conocida, citada y recitada (allá ellos...). No me gusta ese Neruda, el de las Odas. Prefiero, por lejos, el de "Residencia en la tierra", donde es menos ideológico y más visceral, menos demagogo y más poeta, si es que uno puede medir y tomar "porcentajes" de un escritor. Pero en esas odas conocidas campea igualmente una buena idea: que, a diferencia de la primavera que tiene que hacer vivir lo vivo, la tarea del otoño es difícil, pues, de verdad, "cuesta mucho/sacar todas las hojas/de todos los árboles/ de todos los países". Y en medio de esa verborragia tan nerudiana donde conviven genialidades con versos desmañados, me gusta también esa misión y visión del otoño de "dejar caer" hojas y todo, "dejarlos caer como si fueran pájaros amarillos".

A Borges no le gustaba nada de Neruda y le parecía "un poquito veleidoso" eso de escribirle odas al apio o a la cebolla. Borges era muy agudo para criticar lateralmente y con flema inglesa lo que no le gustaba. Yo creo que despreciaba como escritor esa verba inflamada, esa cantidad de palabras, ese desborde si se quiere "continental", americano, vitalista, barroco. Abogaba por un castellano "más sajón" y preciso. Sin dudas, si vamos a hablar de odas, Borges prefería a Keats que tiene (como casi todos los escritores del Romanticismo) una también muy conocida Oda al Otoño, "la estación de nieblas y fecundas sazones...". Como la tuvo también Lamartine.

El otoño se asocia fácil a la música e inspira odas (relacionadas íntimamente con el canto, una monodia antigua, un susurro que viene del fondo de los siglos), baladas ("una balada en otoño..." recita el otoñal Serrat), canciones y sonatas, como las exquisitas de Valle Inclán, donde vemos andar y pecar por todas las estaciones (y la sonata de otoño es quizás la más bella y, seguro, la que prefiero) al delicioso marqués de Bradomín...

Sin dudas entre los lugares comunes literarios está la identificación del otoño como el suave declive de las fuerzas, la asociación con la madurez y el último vigor, como se nos aparece también en "El otoño del patriarca", celebrada obra de García Márquez con una vuelta de tuerca -una más- al tema del dictador.

Desde el "Otoño imperdonable" de María Elena Walsh al "Otoño en Pekín" de Voris Bian, desde las "Hojas de otoño" de Víctor Hugo hasta la "Canción en otoño" de Verlaine, el otoño parece ser una estación ideal para lectura y escritura.

Es que el otoño fue cosiendo hojas sueltas a miles de libros y los poemas van y vienen traídos por un viento a veces gélido, a veces amable. "Bajemos hasta el pálido hastío de las hojas/es el otoño", dice lánguida la cordobesa María Adela Domínguez. Así es: es el otoño.

Por Néstor Fenoglionfenoglio@ellitoral.com





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