Edición del Domingo 07 de octubre de 2007

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Abuso sexual y menores golpeados brutalmente
Por qué toleramos que el maltrato llegue a los más débiles y frágiles
La exclusión, el resentimiento pero también la falta de comunicación y determinados modos de vida devienen en violencia. Lo llamativo es que cada vez es más extrema y tiene como destinatarios a niños y ancianos. Foto: Luis Cetraro

La crónica diaria muestra hechos de niños violados por su entorno familiar y en el ámbito educativo. La violencia se observa en todos los estratos sociales. ¿A qué obedece tanta perversidad? Respuestas difíciles para problemas con connotaciones nuevas.

Cualquier persona vinculada por trabajo con los adolescentes y jóvenes llamados "de la calle" señala que éstos han elegido vivir en la vía pública como modo de escape al maltrato por parte de las personas con quienes vivían; por haber sido violados o por abandono por parte de sus progenitores. Estos niños y jóvenes sufren la percepción de no pertenecer a nadie ni a nada; nada propio los une a los demás y no vislumbran perspectivas de cambio de futuro.

Pero, además de este panorama francamente patético, con mayor frecuencia, la prensa informa sobre hechos violentos contra niños cada vez de menor edad o del abuso sexual por parte de algún familiar, situación que es admitida, además, por su entorno más cercano.

Y cuando una de estas situaciones se hace pública, el tema vuelve a conmocionar pero sin llegarse a analizar cuáles han sido las causas originantes de cambios de conductas tan sustanciales entre los mayores. Que una madre no defienda a su hijo de dos o tres años cuando otro lo está maltratando o incluso "lo está moliendo a palos", como vulgarmente se dice, o cuando sabe que es objeto de violaciones frecuentes, es francamente una conducta patológica, además de incomprensible.

La desprotección de la niñez y/o su utilización para el sustento de otros aparece, entonces, como una alteración en los roles fundamentales de los mayores respecto de los menores que tienen a su cargo.

¿Qué motivaciones nuevas se dan en esta sociedad para que actúe así?, fue la pregunta que se hizo esta periodista y que buscó acercar algunas respuestas.

Se presta más atención

Para la psicóloga Laura Manzi, de Protección a la Víctima de la Defensoría del Pueblo, estas situaciones "no son nuevas" y explica que antes cuando un chico se iba de la casa, se caratulaba el caso como "fuga del hogar", se hacía hincapié en la conducta transgresora del menor pero pocas veces se le preguntaba por qué se había fugado, qué le había sucedido. "No se escuchaba tanto a estos chicos. Ahora hay más organismos que prestan atención al tema", subraya la especialista, quien considera que en estas conductas operan múltiples factores: "hay una lectura desde la familia, otra desde lo social y otra desde lo individual". Reitera que "ahora son más visibles estos hechos de maltrato o de violaciones", pero que estas conductas siempre se han dado.

Laura Manzi dice que se observa "un acrecentamiento de la violencia social en todas sus manifestaciones pero llama la atención esta violencia extrema" y la existencia de ataques a niños que tienen que ver con cuestiones relacionadas con otras personas.

Un nuevo sujeto

El padre Gerardo Galetto es rector de la Universidad Católica de Santa Fe y también realiza trabajo pastoral en la zona de la costa.

"Quiero aclarar -señala cuando comienza hablar con El Litoral- que no soy un especialista y se me ocurre que este tema, profundísimo y nuevo, requiere de un enfoque interdisciplinario y de la opinión desde las ciencias más positivas como pueden ser la psicología y la psicología social".

Indica que puede hacer una lectura desde el punto de vista pastoral, en primer lugar, pero también desde la filosofía de la cultura. "Esta ofrece elementos para constatar que estamos ante un cambio de época en la que, efectivamente, están emergiendo comportamientos nuevos, con características muy diferentes a las que estamos acostumbrados a manejar. Todas las respuestas que nosotros damos a los problemas nuevos están relacionadas con este sujeto viejo que, en realidad, no es el que hoy tenemos y que se expresa con conductas que no son las que habitualmente manejamos".

La violencia es un fenómeno que tiene que ver con esto, subraya el padre Galetto. "No porque exista una causa-efecto entre la cultura de hoy y alguna de las formas de violencia más aberrantes que hemos visto en estos últimos tiempos. Pero sí me parece que ese fenómeno, esta violencia tan encarnizada contra los más débiles, contra los más frágiles, tiene que ver con una serie de situaciones que terminan expresando la agresividad de esta manera".

Al comentársele que el maltrato y la violencia hacia los menores no es una cuestión circunscripta a un determinado grupo social sino que se lo está viendo en todos estratos sociales, el sacerdote asiente.

Galetto sostiene que "la exclusión engendra agresividad. Eso es un hecho casi incontrastable. El que está excluido, el que no puede participar, el que no accede a determinados bienes que son necesarios para llevar adelante una vida digna, evidentemente que más tarde o más temprano termina en una situación de violencia y de agresividad".

Agrega inmediatamente que el concepto de exclusión, hoy día, "no es sólo socioeconómico, porque hay segmentos sociales con un nivel económico diríamos aceptable, que también se sienten excluidos o encerrados por distintos motivos". El rector de la Universidad Católica va más allá y dice que "me parece que esto es signo de una cultura que tenemos que revertir. El encierro, el solipsismo, el individualismo exacerbado, en el fondo, engendra resentimiento y frustración. Y esto no puede engendrar otra cosa que no sea la violencia".

¿Cuál es el camino de la esperanza?

El ser humano siempre, junto a su lado oscuro, tiene gérmenes de esperanza que tendremos que ver cómo despertar y hacer fructificar, sostiene Galetto.

"Se me ocurre que en esto de la violencia también hay una profunda incapacidad para la comunicación, para el establecimiento de relaciones equilibradas y estables. Y, en este sentido, no hay otro camino que una tarea educativa-pedagógica que logre sacar de cada ser humano esa capacidad que todos tenemos y que hoy día, por distintos motivos, está como frustrada, como bloqueada. Hay que encontrar caminos de liberación de esas trabas", asevera.

Respecto de si situaciones como las de quiebre institucional, de quiebre económico-político pudieron haber profundizado esta violencia en la Argentina, indica que considera que sí.

"Estas situaciones de quiebre institucional o socioeconómico en la Argentina, afecta a aspectos que no son superficiales en la vida de las personas. Las instituciones no son algo frente a las cuales uno puede permanecer indiferente. Afecta en mayor o menor medida al modo de convivir, al modo de relacionarse; afecta a la escala de valores que cada uno tiene", subraya.

Sigue diciendo que el cuidado de las instituciones significa resguardar todo eso que hace a la atmósfera espiritual de la persona y cuando esa atmósfera cultural se contamina, indudablemente, que la convivencia se hace más difícil.

"En la Argentina hemos tenido una crisis de ese tipo. Entiendo que estamos dando pasos para superarla, pero en su momento, fueron circunstancias sumamente difíciles, y no sé si hemos sido todo lo conscientes que deberíamos ser, de la profundidad que tuvo esta situación".

Por otra parte, agrega, "el aspecto socio-económico de la crisis afecta a un tema tan humano como es la cultura del trabajo. Esto no es solamente porque la persona que no trabaja no tiene cómo ganarse la vida -lo que ya de por sí es terrible- sino porque, además, se está como empobreciéndose en su propio ser y ello también engendra insatisfacción, angustia y más tarde o más temprano, violencia", concluye.

Preocupación entre los profesionales

"Hoy se vive en una situación más generalizada de violencia... Se vive en un ambiente más violento que se da en el medio intrafamiliar; se lo observa en la escuela y también existe a nivel institucional... Hasta la misma Justicia, cuando demora sus resoluciones, genera violencia". Las expresiones pertenecen a la Dra. Gabriela De Paoli, psiquiatra, quien aclara que a nivel mundial se observa una acrecentamiento de las conductas violentas y es motivo de preocupación por parte de los profesionales.

"La sociedad tiene un menor respeto por las normas y la propia desorganización institucional promueve violencia", agrega. Destaca que resulta cada vez más inquietante que se oriente hacia los más débiles: los niños y los ancianos. "El mismo núcleo familiar a veces oculta los hechos que suceden puertas adentro. Hay muchos motivos y formas para que se den conductas violentas, muchas veces porque no se encuentra un objetivo (de vida)", dice entre otros conceptos.

Hacia los más vulnerables

La psicóloga Laura Manzi señaló a El Litoral que "en realidad toda violencia se dirige hacia los miembros más vulnerables e indefensos. En el caso de la familia indudablemente éstos son los niños. A menor edad, mayor indefensión y es por eso que los daños físicos más graves y las muertes se dan justamente en la franja de los recién nacidos a los dos años, cuando el bebé se encuentra en estado de dependencia e indefensión absoluta".

Refiere, asimismo, que los malos tratos y la violencia hacia los niños no resultan una realidad nueva sino que acompañan la historia misma de la humanidad. "Lo sorprendente -dice- es que hoy, a pesar de los cambios en la representación social de la infancia y el reconocimiento de sus derechos, siguen sucediéndose casos de violencia extrema física, psíquica y sexual".

La psicóloga sostiene que ha aumentado el rechazo social al maltrato pero "como sociedad -asevera-, no hemos logrado generar las condiciones que garanticen su protección".

"La utilización de los pequeños como objeto de placer, de odio o venganza; la indiferencia o el desapego refieren a causas complejas y de diferentes orígenes: socioculturales, económicas, de las organizaciones familiares y de los déficit personales de los cuidadores. Esto implica responsabilidades diversas de ciudadanos, de organizaciones y del Estado", sostiene Manzi.

Teresa Pandolfo





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