Edición del Sábado 25 de abril de 2009

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Recuerdos entre partituras - Edición Impresa - Revista Nosotros Nosotros

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Recuerdos entre partituras

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El coro tuvo la posibilidad de conocer la Torre Eiffel y la Pirámide del Museo del Louvre, que se había inaugurado ese año.


Se cumplen 20 años de la primera gira del Coro Universitario Independiente, agrupación que luego perteneció a la Universidad Nacional del Litoral. Algunos ex integrantes evocaron gratos recuerdos de ese viaje.TEXTOS. MARIANA RIVERA.

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“Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada...” reza la letra del tango Volver, de Alfredo Le Pera, con música de Carlos Gardel. La vida pasa como una ráfaga, sin que nos demos cuenta, pero -sin embargo- mantenemos “el alma aferrada a un dulce recuerdo” cuando su beneplácito todavía resuena en nuestra memoria.

Así ocurre con quienes integraban el renombrado Coro Universitario Independiente (CUI), quienes se acercaron a Nosotros para recordar que ya pasaron dos décadas de la primera gira a Europa que realizó la agrupación, que luego perteneció -como en la actualidad- a la Universidad Nacional del Litoral.

En muchos de ellos “las nieves del tiempo platearon sus sienes”, como volvería a decir La Pera, pero los recuerdos están intactos y, según explicaron, vale la pena evocarlos porque -a pesar de que el coro había sido especialmente invitado a participar en el VI Festival Internacional de Canto Coral de Nancy, en Francia, que se realizó del 3 al 7 de mayo de 1989- sus integrantes pudieron hacer escuchar sus voces en otras tantas ciudades de ese país y también de Alemania. En aquel momento, como en la actualidad, el director era Jorge Céspedes.

Previamente, el CUI pudo conocer París, adonde permaneció tres días; luego se trasladó a Nancy para el festival y posteriormente inició una breve gira por Metz, el Estado independiente de Luxemburgo y las ciudades alemanas de Francfort y Hannover. En esta última se habían presentado bajo los acuerdos firmados entre Santa Fe y el Estado de Baja Sajonia.

Más de 40 coreutas participaron de este primer viaje, además de un bebé de meses, el hijo de una de ellas. “Fue un emprendimiento que nos costó enorme trabajo”, admitió Jorge Céspedes: director del coro, al tiempo que reconoció que “uno de los muchachos del coro, Pancho Cimián, oriundo de Córdoba, quien por entonces estaba viviendo en Santa Fe y había estado viviendo en Nancy, Francia, fue quien hizo los contactos para que pudiéramos participar”.

Y continuó desarrollando la idea de aquel sacrificado viaje: “Nos tocó una época tremendamente complicada, en plena hiperinflación. Por este motivo, hasta último momento no se sabía si el viaje se iba a concretar”.

En este sentido, Eduardo Baumann acotó: “Situémonos en el tiempo político en el que viajamos. Era 1989. Vivimos todo el proceso del asalto a los supermercados en épocas de la hiperinflación en Francia, cuando el dólar todos los días subía y el peso argentino se devaluaba permanentemente. Habíamos contratado el pago de los boletos aéreos en cuotas. En promedio, ganábamos alrededor de 36 a 40 dólares mensuales, aquellos que teníamos condición de empleados, y la cuota del aéreo llegó a costar unos 25 dólares aproximadamente”.

Por este motivo, destacó que “La Manonchante era un coro de docentes -cuyos integrantes nos recibieron en sus casas, lo que también nos ayudó para hacer frente al viaje- y muchos en nuestro grupo también lo eran y cotejábamos los salarios que cobrábamos. No entendían cómo vivíamos con lo que cobrábamos. Se asemejaban los valores de lo que se cobraba simbólicamente en Cuba. Un año más tarde se pedían 100 dólares promedio como salario para los docentes”.

Céspedes aseguró que “viajé con mi señora y teníamos pagado los aéreos desde Santa Fe hasta Buenos Aires y luego nos llevaban a Ezeiza, al igual que al regreso. Cuando llegamos del viaje a Francia, la plata argentina que teníamos apenas nos alcanzó para comprar un paquete de galletitas, como todo almuerzo. Contábamos con que esos traslados los teníamos pagos y no tuviéramos que pagar nada más, porque no teníamos más dinero. La plata ya no servía para nada”.

Esto trajo una graciosa pero sincera reflexión de Eduardo Baumann: “Cómo se puede ser artista a pesar de la coyuntura. Éramos 42 personas y un bebé de meses e hicimos semejante viaje. Había mucho amor al arte”.

UN POCO ALLÁ Y ACÁ

Por su parte, Enrique Rabe acotó: “Para las elecciones presidenciales seguíamos estando en el viaje; habíamos dejado Nancy y nos habíamos trasladado a Metz, adonde nos quedamos unos días. Ganó Menem por sobre Angeloz. Nosotros hicimos una votación interna para ver cómo elegíamos y hubo un voto a la Ucede pero no sabemos todavía quién lo dio. En este caso, la Universidad de Metz fue la que nos facilitó alojamiento y después teníamos que ir al supermercado para hacer compras colectivas, para cuidar el dinero que habíamos llevado (el franco, en su momento)”.

Sin embargo, los coreutas admitieron gratificados que “tuvimos la suerte de estar en París y en Francia en un año muy particular: acababa de inaugurarse la Pirámide del Louvre y era el año del bicentenario de la Revolución Francesa, aunque los festejos recién estaban pensados para el mes de julio de aquel año. Llegar a esa ciudad y ver la Torre Eiffel es una de esas cosas que te conmocionan”.

VALIÓ EL ESFUERZO

Respecto al Festival de Nancy, los ex integrantes de la agrupación aclararon que “se hace cada dos años y normalmente no repiten coros. Ese año, de la Argentina también estaba el Coro Estable de Concepción del Uruguay. Cada país llevaba repertorios propios del país o de la región, además repertorio de la música latinoamericana y argentina, que es muy atrayente para los europeos. Son ritmos exóticos para ellos, y le son muy gratos de escuchar”.

Según recordaron, el repertorio que presentaron incluía “Las Indianas” de Juan Carlos Guastavino, que contaba como pianista a Cristian Gómez; además de expresiones del folclore latinoamericano (como algunas obras de Perú y del norte argentino), tangos como “Adiós Nonino”, que recitaba Nora Reinoso; algunas canciones en inglés; además de las obras que sugerían los organizadores, que incluían canciones en francés, idioma que algunos coreutas santafesinos tuvieron que aprender.

En este punto, recordaron una anécdota: “En Nancy nos encontramos con un grupo de exiliados chilenos y, como nosotros teníamos en el repertorio “Yo pisaré las calles nuevamente” de Pablo Milanés, eso generaba mucha emoción en esa gente. Ése fue uno de los puntos referenciales en cuanto repertorio de la gira. También cantamos una canción en portugués y una brasileña exiliada se acercó emocionada por escuchar temas de su tierra”.

Y destacaron: “La recepción de la gente, la emoción de estar cantando y que aparezca otro argentino, un chileno o una brasileña que nos decía que le gustaba estar escuchando música de su tierra tan lejos de ella, son cosas que no tienen valor económico sino un valor espiritual”.

recuerdOS

Rabe, Céspedes y Baumann coincidieron en afirmar que aquella primera gira del Coro Universitario Independiente “fue un premio al gran sacrificio que habíamos hecho. Antes de viajar, los sábados a la mañana, por ejemplo, cantábamos en la peatonal San Martín para juntar fondos para el viaje y pedíamos algún aporte a los transeúntes ocasionales. También teníamos una especie de pacto con algunos cantantes que nos ayudaban y cantaban con nosotros, para influir en la conducta de la gente. También dimos algunos recitales en el Foro Cultural para recaudar fondos”.

En total, la gira duró aproximadamente 20 días para la actividad artística, pero algunos coreutas se quedaron un poco más por su cuenta, para conocer otras ciudades europeas. Algunos pocos de aquellos coreutas todavía están en el actual Coro Universitario, ya que se fue renovando en estos 20 años. Incluso, algunos que entonces estaban en el coro pero no habían podido viajar por distintas razones, actualmente lo integran.

Por último, Jorge Céspedes admitió que “fue una experiencia imborrable que marcó el comienzo de otras giras que se fueron dando cada 5 años: volvimos a Europa en el 94 y en el 99. Después, la devaluación significó que salir al exterior fuese una locura y por eso decidimos en 2005 y 2007 hacer viajes al sur y al noroeste del país”, concluyó.

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Los santafesinos fueron invitados al IV Festival Internacional de Canto Coral de Nancy, en Francia.

Embajadores del país

Los protagonistas de aquella “primera hazaña” que concretaron a pulmón esa gira a Europa guardan gran cantidad de fotos, recuerdos y recortes de diarios en donde se menciona aquel viaje.

Dos de ellos fueron publicados por El Litoral: uno consistía en la foto de despedida del grupo, en el aeropuerto de Sauce Viejo, y otra de los integrantes del coro frente al emblemático Puente Colgante, en donde se daba a conocer el itinerario del grupo. La nota remarcaba que “la responsabilidad que asume el coro santafesino al representar al país en uno de los más importantes encuentros corales del mundo, en donde participarán -en esta oportunidad- 30 coros representado a 20 países”.

También cuentan con otro recorte del diario Clarín, del 3 de mayo de 1989, que refería que “el orfeón que dirige el maestro Jorge A. Céspedes” que había partido en esos días hacia Europa “cuenta con el auspicio de la Universidad Nacional del Litoral y el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto”.

Sin embargo, aclaraba que “sus integrantes afrontan el costo de los pasajes y otros gastos, habiendo trabajado especialmente desde enero de este año (1989) en la consolidación de un repertorio exclusivamente integrado por composiciones de música argentina y latinoamericana. Esta gira constituye una óptima ocasión para poder demostrar sus valores artísticos en Europa”.



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