Edición del Miércoles 20 de mayo de 2009

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La inseguridad no tiene nada de sensación - Edición Impresa - Opinión Opinión

Al margen de la crónica

La inseguridad no tiene nada de sensación

Eran las 11 de la mañana del sábado cuando un hombre de aproximadamente 70 años caminaba por calle Tucumán entre 9 de Julio y San Jerónimo, con dirección hacia el oeste. No estaba acompañado por nadie, pero a su alrededor pasaban innumerables personas que bien podían confundirse con algún familiar. El mismo movimiento de gente podía observarse en la vereda de enfrente y también en la calle, cuando a esa hora el tránsito vehicular ya era un caos.

Entre todas las personas que caminaban a las 11 por dicha calle, había tres que simulaban no conocerse. Sin embargo, se conocían muy bien y cada una de ellas tenía asumido un rol. De repente, y en dos segundos -sin exagerar-, el que iba más adelante empezó a correr por Tucumán hasta llegar al hombre mayor, tomándolo por la muñeca con su mano derecha mientras le introducía la izquierda en el bolsillo del pantalón para sustraerle la billetera. Ante la vista de todos, el “carterista” salió corriendo por la misma calle, pero hacia el este, y dobló por San Jerónimo, esfumándose entre centenares de personas que a esa hora recorrían el microcentro.

La escena dejó un sabor amargo durante todo el día en todas las personas que la vieron, ni hablar en la víctima que encima debió agradecer que el hecho no pasara a mayores. Sucesos como éstos, que muchas veces no son difundidos porque la gravedad de otro lo supera, ocurren a diario y a cualquier hora del día.

Ni las escuelas, ámbitos que hasta hace un tiempo eran espacios respetados e intocables para los delincuentes por la función que cumplen, están al margen de los hechos delictivos. Tampoco los ancianos, que por monedas son brutalmente golpeados primero y asaltados después. Tampoco los chicos, que por disfrutar su niñez corren el riesgo de que alguien les robe la bicicleta en la que daban una vuelta a la manzana.

Los hechos delictivos van en aumento, pero al mismo tiempo se habla de “sensación de inseguridad”. También de que “el problema no se soluciona desde el uniforme policial”, pero las medidas que se anuncian tienen que ver con mayor presencia de uniformados en los ámbitos públicos y privados.

Cuando una sociedad vive intranquila, la solidaridad y la amabilidad son cualidades reemplazadas por el egoísmo y la indiferencia. Y ello, tristemente, ya está a la vista en la nuestra.



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