Edición del Viernes 28 de agosto de 2009

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Richard Pautasso-Muestra antológica - Edición Impresa - Opinión Opinión

Richard Pautasso-Muestra antológica

Por Domingo Sahda

En fecha reciente, fue abierta a consideración pública una exposición de trabajos del artista plástico santafesino Richard Pautasso, cuya trayectoria ininterrumpida sin desmayos al correr de los años, sostenida por una indiscutible calidad estética con niveles de excelencia, permite la constatación de que, al margen de modas y modos, el creador que es Pautasso se permite “ser él mismo” sin adherencias ni préstamos de terceros, sin torcer su voluntad creativa ante ninguna seducción circunstancial. Su calidad de intérprete y creador de mundos insólitos, multiformes, caleidoscópicos en los que el absurdo, la reiteración, la ironía socarrona, la filosa mirada eventualmente despiadada, tejen una urdimbre en la cual la poética de la forma -a veces agresiva hasta la exageración-, el color luminoso, la línea de meandros infinitos se arquitecturan produciendo documentos visuales que señalan la contemporaneidad, sin ceder al facilismo afectista o convencional. No hay anécdotas descriptas, hay historias que el dibujante da a la luz sin atender a otra cosa que no sea su percepción subjetiva, tanto del entorno como de sí mismo.

La incorporación de etiquetas y recortes, de rótulos diversos pegados se incorporan a la sintaxis de cada trabajo expuesto. Algunos son de evidente y elaborada factura, otros tienen la frescura de lo inmediato, no premeditado. La estereotipia de ciertas imágenes que se repiten, en modo alguno pierden sustancia plástica expresiva. Lo caótico se ensambla con lo predecible en unidades visuales de compacta armadura.

Esta muestra que se puede apreciar en el Museo Municipal de Artes Visuales Sor Josefa Díaz y Clucellas, exhibe de modo tajante que en este autor no se produce la expresión dicotómica entre un ayer desteñido y un hoy trepidante. Sólo se pone en evidencia la voluntad y la calidad artística-creativa construida a partir de la excelencia del oficio, la libertad de la imaginación, la voluntad de trabajo, sujeta a no ceñirse a otra cosa que no sea el arte visual de rango mayor.

Esto sucede acompasadamente, sin respiros ni desmayos amañados. A cada paso, se puede constatar la solvencia y la calidad de ejecución, el tino con que cada instancia parcial funciona ligada a la siguiente, y tanto vale cada trabajo en sí mismo como la sucesión de piezas que rítmicamente se ordenan en el muro. El itinerario visual que Pautasso llama “Muestra Antológica”, en contraste a la convencional muestra retrospectiva, significa que el autor ha seleccionado aquellos trabajos que considera de valor producidos en el último decenio, incorporando y desechando según su libre albedrío.

La calidad el montaje de la muestra, tópico que ya parece habitual en este lugar otrora sujeto a variables insostenibles (espacios, luz, pozos de sombra, etc.), admite un recorrido pausado, verificándose una y otra vez que el Dibujo, que es el protagonista principal en esta exposición, admite a pleno la presencia del color en su urdimbre, tanto como la incorporación de elementos planos preexistentes o específicamente elaborados para cada trabajo. Pautasso supera con holgura mucha envejecida e insostenible opción plástica que sofocó el arte santafesino por décadas, esto de que el dibujo es tal en tanto sea edificado por sobre la díada blanco-negro y grises alternados, demostrándose aquí una y otra vez que la línea, esa invención del hombre, teje y desteje situaciones, trama y textura, espacios, delimita y recorta volúmenes sin ceder a la tentación de la pintura como organización material y sensual, de densa connotación expresiva. Se trata aquí de dibujos, de collages en los cuales la vara directriz la tiene la línea que inunda el espacio del papel.

De formato medio y menor se suceden las situaciones dibujadas, que reiteran ocasionalmente actitudes desde ángulos y resoluciones cambiantes que atrapando la mirada, al punto tal que lo insólito, lo inesperado, lo opuesto, dejan de serlo para devenir en situaciones de resolución plástica exacta. El barroquismo visual como saturación descriptiva de la contemporaneidad exacerbada es el escenario dibujado. Pautasso habla de su entorno de modo descarnado ironizando de modo punzante. Las “series” que se articulan en esta muestra exhiben por detrás, por los intersticios de restallantes superficies coloridas, chillones, solapadas mezquindades de la condición humana. Reiterativo en sus personajes que ambulan de aquí para allá, parodias de sí mismo, develamiento de miserias sociales, el autor no aspira a inaugurar nada nuevo como vía de la expresión. Pautasso es Pautasso a cada paso, en cada obra a la vista. El autor y la obra se cristalizan en una unidad sin fisuras. Las construcciones “Homenaje al cine” reposan en la arbitraria mezcla de objetos preexistentes, cuya apreciación es más subjetiva, un tanto hermética en sus alcances de significación. El desborde de imaginación cristaliza en la Mesa-Altar dedicado a la Navidad. Aquí la mirada se detiene encadenando cada tramo con el siguiente. Todo es alegórico, la suma de las partes conduce a un todo contundente, suspicaz en su leve guiño entre burlón y melancólico. El itinerario visual propuesto abre y cierra su periplo sin caídas, el arte del dibujo se ofrece en abanico. Cada quien lo capturará en la medida de su sensibilidad.

Banquete Paraíso

En el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez, Lucero Villalba Hagelstange exhibe una colección de trabajos plásticos que él mismo titula: “Banquete Paraíso”. Esta exposición se constituye en una muestra desarrollada como unidad conceptual y de sentido en torno a un eje movilizador, a modo de instalación articulada en distintas instancias, todas vinculadas y conducentes al mismo eje temático.

La exhibición se nutre de pinturas propiamente dichas, de la representación funeraria de un cuerpo modelado y extendido en el centro de la Sala Mayor, concretamente en la fuente, acompañado por una ronda de cráneos escalpelados que refuerzan la intención de la muestra en su conjunto. En derredor y en las salas adyacentes, las pinturas, con el acompañamiento de textos explicativos e impresos, a más de una banda sonora que hace eco y una pantalla que registra y relata a viva voz un itinerario de búsquedas, se constituye en el nodo mayor de esta megainstalación.

Distintos tópicos de atención convocan al recorrido que, si bien unitario como planteo, se desarticula un tanto, provocando distracciones momentáneas. La mirada va de un punto a otro buscando conexiones, encontrándolas o no según el caso. Revisar la organización espacial del recorrido, compactando su hipótesis expresiva se impone en función de los resultados a los que se aspira.

Así las cosas, Lucero Villalba Hagelstange pinta y lo hace con soltura, con una contracción al trabajo que se recorta frente a tanta moción de anhelo plástico disperso.

Su quehacer apela a empastadas pinceladas de rotundo y brillante color con los que organiza relatos visuales de conjunto destacables en las salas laterales. En ellos mixtura escenas rituales, paisajes tropicales con descripciones visuales de la flora y la fauna de proyección indigenista afines al trópico sudamericano.

El rotundo color puesto en empastadas, gruesas pinceladas organiza el espacio en planos concatenados y/o superpuestos en los cuales la profundidad sugerida no se interpreta como interjuego de luces y sombras que crean volumen espacial, sino que es el color colocado como planos cromáticos de contraste, actuando como fondo para el discurrir de las situaciones centrales pintadas, el que se destaca. Los retratos que a modo de coro de presentes actuantes en la sala central rodean lo que sucede en la fuente, están pintados, construidos plásticamente por áreas definidas por el Valor y no por el contraste de Color. Las luces y las sombras grisadas se despegan de los ornamentos e indumentarias que sí son elaboradas a punto color. Una cuestión plástica irresuelta se plantea en estas imágenes, que de por sí impactan visualmente, pero no convencen.

El autor produce una pintura en la cual el contenido, la narración cobra particular énfasis, y a ello ajusta su diestro oficio, que lo tiene. No aparecen en estas pinturas los medios tonos o las veladuras, tampoco hace su presencia la geometría analítica o el discurso visual de hermético significado. Fluye en toda la obra expuesta el evidente placer por pintar, la pasión por expresarse. El plano de la tela proyecta esa efervescencia que no decae. Se explicita con mayor autonomía en las series de flores tropicales.

La intencionalidad de advertencia admonitoria, el rescate y visualización de situaciones mágico-religiosas, los ámbitos selváticos primigenios se constituyen en el fundamento global de esta exposición.

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Obras de Richard Pautasso

Fotos: Guillermo Di Salvatore



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