Edición del Sábado 12 de diciembre de 2009

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Los rituales de diciembre - Edición Impresa - Opinión Opinión

Al margen de la crónica

Los rituales de diciembre

El último mes llega implacable (sorprende por su veloz arribo; la mayoría esboza una hipócrita queja: “¡qué rápido que pasó este año!”, dicen como si en verdad quisieran su extensión) y con él se multiplican una serie de ritos recurrentes que, a fuerza de convertirse en costumbre, pierden su identidad primera para dar lugar a otra, más relacionada con la realidad de este siglo XXI.

Algunas de estas actividades que se repiten cada temporada, incluso pueden comenzar antes del arribo de diciembre: las fuertes discusiones en el ámbito laboral por el período de descanso asignado a cada uno, la posibilidad o no de irse de vacaciones, la indecisión -con polémica incluida- sobre el lugar de destino, marcan la pauta de la inminente llegada del ocaso anual.

Pero el mes 12, específicamente, está más vinculado a lo festivo, con una fuerte marca religiosa en algunos de sus días, o más precisamente en dos de ellos -el 8 y el 25- los cuales recorrieron un proceso casi contradictorio. En el primero -Día de la Virgen- se lleva a cabo un ritual tradicional, el armado del arbolito, símbolo pagano que sobrevivió y mutó, integrándose a la cultura católica como un paso previo que reúne a la familia y le recuerda lo que se celebrará luego en Nochebuena. Es decir, fue tomado de una costumbre extranjera e incorporado al cristianismo con su propia marca, que perduró en el tiempo.

En cambio, la Navidad es una de las festividades que ha perdido su fuerza original y cada vez se acerca más a una conmemoración semejante a la que sucede una semana después: el Año Nuevo. Aunque para los practicantes es -junto a la Semana Santa- la máxima solemnidad espiritual, muchos han olvidado su carácter introspectivo y organizan la noche en forma idéntica al 31: comida y bebida al por mayor con la familia, salida luego con los amigos (los boliches imponen sus mega-eventos), día posterior de descanso... Pero una huella permanece intacta para rememorar el patrón primario de este día: el pesebre espera los regalos para los más pequeños.

En el medio, el mes transcurrirá entre despedidas varias -el trabajo, los amigos, el grupo deportivo, la peña y muchos etcéteras-, y el nuevo año aguarda por un celebrante que abrirá los ojos extenuado por tanto brindis. Por suerte, tiene once meses para proyectar otro inagotable rito circular.



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