Edición del Miércoles 03 de marzo de 2010

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San Martín y el debate sobre su nacimiento - Edición Impresa - Opinión Opinión

San Martín y el debate sobre su nacimiento

Rogelio Alaniz

Oficialmente se dice que San Martín nació en Yapeyú el 25 de febrero de 1778. Oficialmente. En realidad la fecha no está probada. Bartolomé Mitre la impuso históricamente, pero cuando posteriormente los historiadores empezaron a indagar en los archivos descubrieron que lo que se presentaba como evidente no era así. El primer motivo de asombro se produjo cuando se supo que la fe de bautismo no estaba o había desaparecido. Algunos aseguran que las quemaron los portugueses cuando pasaron por Yapeyú a sangre y fuego en 1817; otros sostienen que existió alguna picardía destinada a ocultar esos datos. Por último, están los que aseguran que el acta no está porque nunca estuvo, porque Josecito no fue hijo de Gregoria Matorras y Juan San Martín.

¿Es importante hablar del tema? Más o menos. En principio, para la historia ningún tema está prohibido y mucho menos aquellos que tengan que ver con la filiación de uno de sus protagonistas. Dicho esto, es necesario aclarar a continuación que saber si San Martín nació en 1778 o en 1777 o en 1781, o si era hijo de indios o mestizos, o hijo de blancos, no altera en nada su rol histórico; en todo caso afecta los prejuicios de quienes suponen que ser hijo “natural” es una falta, o que para ser patriota es necesario ser rubio, de ojos azules y haber nacido en un hogar aristocrático. A la inversa, importa advertir que los defensores del San Martín indio cometen el mismo pecado que los devotos de la raza blanca, es decir, atribuirle a una raza o al color de la piel méritos intrínsecos o redentores.

Oficialmente se sabe que José Francisco de San Martín es el hijo menor del matrimonio formado por Juan de San Martín y Gregoria Matorras. Las dudas que se tengan sobre su filiación no alteran el hecho cierto de que fue criado por ellos, que después de haber nacido en Yapeyú, o en algunas de las poblaciones vecinas, se trasladó con ellos a Buenos Aires y luego marchó de la mano de ellos a España en la fragata Santa Balbina. Si entonces tenía seis años o siete o cuatro, no afecta esta hipótesis central acerca de quienes fueron los responsables de su crianza.

Juan de San Martín, su padre, nació en España, en la localidad de Cervatos de la Cueza, el 3 de febrero de 1728, fecha sugestiva porque ochenta y cinco años después, el hijo habría de librar el combate de San Lorenzo. Gregoria Matorras nació el 12 de marzo de 1738 en Paredes de Nava, un pueblito vecino al de quien luego sería su esposo. Se dice que la pareja se formó en España, pero por motivos laborales no se casaron allí sino en Buenos Aires, cuando la niña Gregoria -que para la época ya no era tan niña- viajó a Buenos Aires. El casamiento se celebró en Buenos Aires en 1770 y se asegura que se hizo por poder, porque don Juan no estaba en Buenos Aires sino en uno de sus habituales destinos militares.

El matrimonio va a vivir al principio en el departamento oriental de Calera de las Vacas, y a fines de 1774 don Juan es designado teniente gobernador del pueblo de Yapeyú, donde se instala con su esposa y sus tres hijos. En Yapeyú nacerán Justo Rufino y José Francisco. En ese pueblo que en algún momento llegó a tener ocho mil habitantes, la familia permanecerá hasta 1781.

No le va bien a don Juan en estos pagos. Su carrera militar está signada por las postergaciones y las sanciones. En los tiempos de Carlos III y el virrey Vertiz eran importantes los contactos y las recomendaciones y don Juan carecía de ambos beneficios porque no pertenecía a la nobleza, ni siquiera a la nobleza provinciana. Por todas estas razones, el matrimonio para principios de los años ochenta ha decidido que quiere regresar a España. El cargo que desempeñaba don Juan en Yapeyú lo pierde porque no ha sabido organizar adecuadamente la defensa de estas poblaciones, que en otros tiempos pertenecieron a los jesuitas y que después de su expulsión son amenazadas por los bandeirantes paulistas que avanzan sobre estos territorios con ánimo de conquista y decididos a capturar indios para someterlos a la esclavitud.

Ineficaz o desprovisto de recursos, lo cierto es que don San Martín es sancionado y regresa con su mujer y sus cinco hijos a Buenos Aires donde vivirán dos años. Tampoco les va bien en la ciudad levantada frente al río. Si bien compra una casa, en su correspondencia se queja de las ingratitudes de los funcionarios y los bajos sueldos. Palabras más palabras menos, el 6 de diciembre de 1783 los San Martín retornan a España. Nuestro héroe para esa fecha es un niño, y poco importa saber si tiene seis, cinco o tres años.

¿San Martín nació en la Argentina? Desde el punto de vista histórico no puede hacerse esa afirmación, ya que para esa fecha la Argentina no existía, salvo que alguien crea que la patria es el territorio y, por lo tanto, la Argentina existía desde los tiempos de Adán y Eva. Pero San Martín no sólo no es argentino en el sentido histórico de la palabra, sino que además no lo es en el sentido cultural, porque se cría en un hogar español que nunca renunció a esa condición y que, a juzgar por sus decisiones, tampoco quisieron saber nada con vivir en estas tierras americanas.

Para 1810, San Martín es un español en el sentido pleno de la palabra. Nace en tierras que pertenecen a España, se cría en un hogar español, estudia en colegios españoles e inicia su carrera militar en ejércitos españoles. ¿Más datos? Habla como un español. El tono de la voz de San Martín no es americano, es español. Como se diría entonces, y se dice ahora, San Martín es un “gallego” y, sin embargo, nada de ello le impide ser el Libertador, el Padre de la Patria. Pero ésa ya es otra historia.

Como contrapunto, se dice, pero estas afirmaciones son improbables, que el niño José incorporó desde que era un lactante el paisaje de la tierra y que en sus pupilas quedaron grabados los olores, los ruidos y los cantos de la selva misionera. Si usted quiere creer esa versión telúrica y paisajista, créala; yo no la creo. También se asegura que si bien nació en un hogar español fue criado por una india, motivo por el cual desde su más tierna infancia se identificó con los oprimidos. Tampoco lo creo. Pretender explicar posteriores decisiones de San Martín por los arrullos de la india Rosa Guarú, es un disparate.

Otro tema que merece ser atendido es el de su filiación. Como el acta de fe de bautismo ha desaparecido, más de un historiador asegura que esto ocurre cuando se quiere ocultar algo. ¿Qué es lo que no se sabe? En primer lugar, su fecha de nacimiento. San Martín cuando se casa en 1812 dice que tiene 31 años. Si le vamos a creer al flamante marido, nació en 1781. Su foja de servicios militares de 1803 le otorga veinte años, por lo que habría nacido en 1783. En el pasaporte de 1824 dice tener 47 años, por lo que habría nacido en 1777; en una carta que envía en 1848 al mariscal Ramón Castilla dice tener 71 años. Y cuando viaja a España con sus padres en diciembre de 1783 lo anotan con seis años.

Años más, años menos, San Martín fue el que fue porque, como Napoleón, muy bien podría haber dicho que su biografía se inicia con él mismo. Otro tema que ha causado molestias a algunos y curiosidad morbosa en otros es si efectivamente fue hijo de Juan y Gregoria. También en este caso la ausencia del acta de bautismo despierta sospechas. Lo que se dice es que don Juan pudo haber cometido alguna picardía con una india o que la pícara fue Gregoria. Al respecto no existe ninguna prueba, salvo generalidades al estilo “si el padre era bajo, rubio y de ojos azules y la madre de tez blanca, ¿por qué el hijo es alto y morocho?” .

La otra hipótesis postula que Josecito es hijo de Diego de Alvear, el padre de Carlos. Para esos años, don Diego andaba por Misiones haciendo de las suyas y de ello se infiere que tuvo un hijo con una india y lo entregó a don Juan para que lo adoptara. La única prueba que avala esta afirmación es un documento firmado en Rosario el 22 de enero de 1871 por Joaquina Alvear Quintanilla, nieta de don Diego, donde dice que “San Martín fue hijo de mi abuelo habido con una indígena correntina”. Los que conocieron a doña Joaquina aseguran que su credibilidad es la de un jugador de truco dando la falta envido con un cuatro.

De todos modos, los amigos del indigenismo aprueban con entusiasmo esta hipótesis, porque probaría que el Libertador es indio o por lo menos mestizo. Algunas cartas de San Martín a favor de los indios corroboran estas fantasías, las cuales se refuerzan por su aspecto físico: morocho, ojos oscuros y rasgos aindiados. Indio o blanco, mestizo o español, lo que está fuera de discusión es que San Martín se forjó a sí mismo para su propio orgullo y para el orgullo de todos los argentinos.

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Miércoles 03 de marzo de 2010
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