Edición del Sábado 27 de marzo de 2010

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Kirchnerismo, chavismo, cobismo - Edición Impresa - Política | Economía Política

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Kirchnerismo, chavismo, cobismo

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Chávez y Kirchner comparten la defensa de un modelo que hace agua en varios aspectos. Foto: Archivo El Litoral

Anestesiada por el crecimiento y juntando presión inflacionaria, la crisis recorre la lógica del populismo. Mientras tanto, Cobos inicia su campaña electoral para el 2011.

 

Sergio Serrichio

politica@ellitoral.com

CMI

¿Cuán cerca está el kirchnerismo del chavismo?

La pregunta admite varias vertientes, de distinta maduración temporal.

Un primer frente es el de la economía, donde un creciente desorden macro ha puesto tanto a la Argentina como a Venezuela en el podio de países con más alta inflación del mundo y provocado en ambos países paradójicas escaseces y disrupciones.

El régimen bolivariano que encabeza Hugo Chávez ya pasó por un severo reajuste, devaluación incluida, en plena (in)digestión. Peor aún: Venezuela, uno de los países con mayores reservas petroleras y de energía del mundo, quedó envuelta en una crisis energética, cuna de la original “ducha chavista’, bañarse rápido para no malgastar los recursos de “la revolución’.

De modo similar, el gobierno argentino anunció ayer la renovada oferta de Bolivia de proveernos de un flujo acrecido de gas hasta el año 2026. Para celebrar esa promesa, el kirchnerismo debió hacer antes el esfuerzo de reducir las reservas de gas del país de casi 14 años a entre 6 y 8 años de consumo.

Los límites de la inflación

En tanto, el ritmo de inflación, que en 2009 había aflojado un poco por obra de la recesión, ya provoca cortocircuitos en la coalición K, como demostró el contrapunto entre el ministro de Economía, Amado Boudou, y el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, un aliado imprescindible del oficialismo, que con las bases inquietas y las paritarias próximas decidió confrontar el verso oficial sobre los precios.

Dentro de ciertos límites, la inflación es funcional al “modelo’ K: al mismo ritmo que lima el poder adquisitivo de la inmensa mayoría de la población y hace en silencio el ajuste que la presidenta Cristina Fernández y sus ministros niegan en sus discursos, infla los ingresos nominales del fisco (por ejemplo, la recaudación de impuestos tan progresistas como el IVA).

Además, sumada al dólar quieto por la perspectiva inmediata de un fuerte influjo de divisas, la inflación estimula el crecimiento, en la medida que estimula en quienes tienen margen para él- el consumo preventivo.

Pero esos efectos “benéficos’ son, en todo caso, pasajeros. Y válidos solo mientras la suba de precios no adquiera carácter inercial y no sea tan alta como para empezar a jugarle en contra a los cálculos fiscales y al nivel de actividad: a cierto nivel, la inflación se hace recesiva. De no ser así, en los últimos 60 años la Argentina habría sido uno de los países de más alto crecimiento del mundo.

A tal punto llegó el problema, que el propio Néstor Kirchner y uno de sus laderos más implacables, Guillermo Moreno, ya se preguntan ¿cómo paramos esto? El secretario de Comercio Interior ha llegado a reconocer ante otros miembros del gabinete que sus métodos ya no alcanzan. Que es como decir: “que Boudou haga algo’.

El cóctel

En clave política, la similitud del kirchnerismo con el chavismo se manifiesta en la ola de impopularidad que se va cerniendo sobre líderes que gracias a sus indudables victorias iniciales llegaron a creerse infalibles intérpretes de la voluntad de sus pueblos.

La convergencia de las manifestaciones económicas y políticas del declive contribuye también a explicar la presión sobre los medios, ante la cada vez más acuciante y por naturaleza insaciable- necesidad de monopolizar el relato hasta convertirlo en lisa y llana propaganda.

Pero el problema no es sólo acallar -o tapar con el parlante oficial- las voces críticas, sino también retener, dándole un mínimo de coherencia, un número suficiente de voceros y adherentes.

Eso cuesta, como confirmaron los datos de “distribución funcional del ingreso’ difundidos el viernes por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). En 2009 los sueldos promedio de los medios de comunicación públicos no sólo fueron los que más aumentaron (53 por ciento), sino que son ya los más altos de toda la administración pública nacional (13.302 pesos de “costo laboral’, 11.341 de salario bruto y 9.979 de salario neto, siempre en base mensual) y triplican el salario promedio del sector privado de la economía. Pertenecer tiene sus privilegios.

Mientras esa tormenta de fondo gana fuerza, el gobierno celebra algunas victorias, a las que sin duda contribuye una oposición despintada e incoherente.

Ya notamos la semana pasada la proximidad del nuevo “canje’ de deuda, que permitirá al gobierno endeudarse y vivir un tiempo las mieles del “éxito’ financiero.

Para tener perspectiva, vale recordar que a principios de junio de 2001, Domingo Cavallo celebró un megacanje por casi 30.000 millones de dólares, un volumen muy superior a las expectativas previas. Los bancos brindaron con él, y luego se dedicaron a vender los bonos y a calcular cuándo explotaría la convertibilidad.

Es muy difícil comparar un canje con otro: aquél era también hijo de la necesidad peor aún, de la desesperación- y admitió una tasa de interés implícita más alta del que admitirá el “canje-Boudou’. Pero también debe tenerse en cuenta que aquella vez se buscaba patear para adelante vencimientos de una deuda reconocida, que se estaba pagando, mientras que ahora lo que se canjeará es deuda en default, que no sólo no se está pagando, sino que hasta hace poco se declaraba oficialmente inexistente.

Por eso, cabe la pregunta: mientras celebran la suba de los bonos, impulsada por oleadas especulativas, ¿se preguntarán los genios financieros K qué sucederá con los nuevos títulos argentinos semanas o meses después del canje? Si lo hicieron, parece que no les importa mucho la respuesta, o que no tienen margen para prestarle atención, acuciados como están por cubrir las necesidades financieras de la corona.

Anestesiada por un crecimiento económico que en el primer mes del año fue de casi 5 por ciento, la crisis discurre así por su propia lógica, mientras la oposición reedita impotencias en el Congreso y juega a las candidaturas.

El más reciente capítulo de esa novela fue el acuerdo por el que Cobos y algunos referentes radicales quedaron en que el vicepresidente, sin dejar de serlo, empezará a recorrer el país como candidato del centenario partido.

No será la primera, ni la última, ni la más importante impostura.


Preocupante

El director del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), Norberto Itzcovich, reconoció que le preocupa la suba del Indice de Precios al Consumidor (IPC) pero subrayó que “casi todo el aumento de precios se debe a la carne. Cada vez que sube un precio, a mí como consumidor me preocupa siempre, ahora y hace años”, afirmó Itzcovich y puntualizó que “se reflejó claramente en el índice de precios una suba en la carne”. Remarcó que “casi todo el aumento de precios se debe a la carne”, y destacó que “preocupa es un consumo importante de la población”. Puso de relieve que “entre 80 y 90 por ciento del aumento de los índices de precios al consumidor es por el impacto de la carne en el indicador”.



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