Edición del Sábado 21 de agosto de 2010

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Una ceremonia con alegría y dolor - Edición Impresa - Revista Nosotros Nosotros

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Los novios firman una ketuva (en hebreo), texto legal que los une en matrimonio.

Una ceremonia con alegría y dolor

El casamiento en la comunidad judía representa la firma de un contrato matrimonial y el compromiso del hombre de sustentar a la mujer. Se realiza conservando singulares tradiciones, como la rotura final de una copa.

TEXTOS. REVISTA NOSOTROS. FOTO. GENTILEZA FAMILIA ITERMAN-LANDMAN.

La comunidad judía también tiene sus ritos y costumbres cuando se casa una pareja de esa religión que, a diferencia del Cristianismo, no requiere de una iglesia para celebrar la unión y no es un sacramento sino un contrato entre el hombre y la mujer.

Federico Surijon es el encargado de oficiar las bodas judías en la Comunidad Israelita de nuestra ciudad y explicó en qué consisten las tradiciones para esta trascendental decisión en una pareja.

“El pueblo judío, como se lo conoce ahora, se termina de consolidar aproximadamente en el siglo IX, con la formación de la ketuva (en hebreo), que es el escrito, redactado en arameo, como los demás textos legales. Es un contrato matrimonial por el cual el hombre se compromete a cuidar a la mujer, a darle sustento económico en relación a la comida y a la vestimenta, y a satisfacerla sexualmente”, comentó.

En ese texto -agregó- queda claro que hay dos personas que van a contraer matrimonio (incluye sus nombres en hebreo y los de sus padres, además de la fecha y el lugar del casamiento) y que el hombre se compromete a hipotecar sus bienes en caso de que la mujer no reciba todo lo que él promete darle. Ese acta matrimonial queda en poder de la mujer y es su protección, quien tiene -entre otras- la obligación de darle hijos, educarlos, cuidar la casa, cuestiones que no figuran en la ketuva.

Pero Surijon aclaró que “el casamiento no se entiende como un sacramento en el pueblo judío; es un contrato matrimonial. Dios no interviene en él; sólo bendice a la pareja pero no la casa, y la decisión de casarse es sólo de los contrayentes. Por este motivo, el pueblo judío siempre aceptó el divorcio, aunque el rabino debe tratar de evitarlo. De igual manera, el divorcio consiste en un texto en arameo que dice que entre esas dos personas se rompe el contrato matrimonial, y también queda en poder de la mujer”.

LA CEREMONIA

El casamiento puede celebrarse fuera de la sinagoga, en cualquier lugar, pero se tienen que dar ciertas condiciones, como hacerse bajo una jupa, que es una sábana, un techo o una carpita, de cuatro palos, que simboliza la casa que se está formando. En cada uno de ellos van personas queridas: los padres, los tíos, los hermanos, los que se comprometen a sostener ese hogar, tanto en dinero como en acompañamiento.

Durante la ceremonia, suele estar el novio esperando en la jupa y entra la novia después. Actualmente, la celebración une dos ceremonias distintas: un contrato previo que era un compromiso, en el que se arreglaba el dinero, la famosa dote para la novia, y la ceremonia del casamiento propiamente dicha, en que se firma la ketuva definitiva.

Surijon aclaró en este punto que “el pueblo judío santifica los tiempos y no los espacios y por eso podemos hacer un templo en cualquier lado. Por eso, se invoca la presencia de Dios en el casamiento y se bendice el momento a través del símbolo de la alegría para nosotros, el vino (el Kidush, en hebreo), que representa el compromiso de los novios. Ambos toman el vino, el novio coloca el anillo y dice “Por medio de este anillo, tú estás consagrada a mí de acuerdo a la ley de Moisés y de Israel’. Por lo general, la mujer también le coloca un anillo al novio y dice otra frase alusiva de la Biblia”.

Asimismo, planteó que “el anillo es el símbolo del hombre hipotecando sus bienes y no tiene que ver con el vínculo; además debe ser de oro o platino”, al tiempo que continuó explicando que “después se lee la ketuva completa, la firman los testigos (no los novios) y se dicen las siete bendiciones que apuntan a dar buenos augurios a la pareja que se está casando; incluso es costumbre que las digan los familiares. El oficiante también dice unas palabras a los esposos pero todo depende de su conocimiento de la pareja y de su poder de oratoria”.

Por último, agregó que “la ceremonia termina con la rotura de una copa para significar que la alegría que simboliza el vino no es completa, porque cuando los novios están festejando otros no lo están. La destrucción de la copa recuerda la del templo de Israel, que va a ser reconstruido el día que venga el Mesías, que todavía estamos esperando”.

El acta matrimonial que se firma durante la ceremonia del casamiento judío queda en poder de la mujer y es su protección, quien tiene -entre otras- la obligación de darle hijos, educarlos, cuidar la casa, cuestiones que no figuran en la ketuva.

más datos

TRADICIÓN

Los casamientos judíos -en general- suelen ser los fines de semana, indistintamente al mediodía o la noche, y requieren dos testigos, como mínimo, que tienen que ser mayores de 13 años (la mayoría de edad para la comunidad judía, cuando se celebra el Bar Mitzvah, que es un acto de pasaje simbólico) y conocer los preceptos de esta religión.

RESTRICCIONES

La ceremonia no puede realizarse en ciertas fechas porque la comunidad vive días de duelo, como el Shabat o en los días que van desde una festividad que se llama Pesaj, es decir, las pascuas judías, a la de Pentecostés. Tampoco se puede contraer enlace si falleció un ser querido muy poco tiempo antes por estar de duelo, a menos que el casamiento estuviera planeado con mucha anticipación y, en general, no debería hacerse fiesta posterior.



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Sábado 21 de agosto de 2010
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