Edición Viernes 27 de agosto de 2010

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Artes Visuales

“La Commedia della Vita” retrospectiva 1955-2010

Domingo Sahda

En fecha reciente fue abierta a consideración del público una exposición de Grabados y Pinturas que su autor, el artista plástico Benito Postogna titula: “La Commedia della Vita”. Esta exposición que tiene el carácter de retrospectiva cubre un período de producción artística que se extiende entre los años 1955 a 2010 y se ofrece, en singular y por cierto muy interesante montaje, como explicitación de una vida dedicada a la producción del hecho artístico caratulado como pintura de caballete.

La colección a la vista puede apreciarse en las salas del Museo Municipal de Artes Visuales Sor Josefa Díaz y Clucellas, San Martín 2068, ciudad de Santa Fe. Por voluntad del expositor el museo se ve literalmente “inundado” por las imágenes, conformando de tal modo un itinerario de manifiesto barroquismo icónico que se aprecia, tangencialmente, como una muy novedosa y positiva manera de mostrar la obra. En esta constelación de imágenes que actúan, como sobreagregado, por saturación, cada pintura puede ser calibrada y apreciada sin que las adyacentes originen centros alternativos de perturbación visual.

La particularidad expresiva y la resolución fáctica destacan por su unívoca direccionalidad expresiva sostenida sin fisuras por Postogna a lo largo de diferentes etapas cronológicas señaladas.

A partir de una inicial etapa en la que se agrupan Grabados (Linoleografías) fechados entre 1950-1960 en los cuales resulta evidente destacar la exploración de potencialidades que oscilan entre una cierta figuración abstractizada y diseños de rítmica elaboración geometrizada. Las curvas y los sinuosos cortes definen cada configuración de grises y negros estampados. Desde esta posición Postogna vira hacia la pintura, camino expresivo que se constituye en el aspecto medular de la producción expuesta.

Desde un inicial refrenado dramatismo en el que las formas pintadas están insufladas por un aliento constructivo con sugerencia de monumentalidad que remite a las pinturas al fresco prerrenacentista en las cuales se entrelaza el tinte cromatizado de irradiación lumínica fantasmagórica con la definición matérica de los planos, hasta un cierto geometrismo compositivo, marcan el límite y definen el “vocabulario” visual del autor, que será ya el propio y distintivo en las siguientes décadas de producción pictórica.

En adelante el autor asentará su oficio en una práctica constante e identificatoria de sí mismo, una suerte de estilística expresiva particularizada, un modo de componer, pintar y acabar cada pintura, insistiendo sin mayores variantes expresivas o riesgos pictóricos.

Conseguido un modo y una manera propias de expresarse ya no lo abandonará, evitando correr, de este modo riesgos contradictorios, como así también el embarcarse en aventuras proteicas de postulación plástica divergente.

Con absoluta coherencia y decisión aparecen sus pinturas de las siguientes décadas, elaboradas con despojada materia; sólo entonaciones cromáticas de rítmica ejecución en un interjuego solapado o manifiesto de oposición luz-sombra. Su pintura se organiza en base a este sistema de valores plásticos. El color sólo es acento diferenciador.

En esta “comedia humana” los personajes que la actúan destacan sin abismarse en trágicas resoluciones expresivas. El límite autoimpuesto por el autor es el humor un tanto socarrón, siempre un matiz de indulgencia moral por sobre los retratados que se tuercen y contorsionan rítmicamente en espacios de acotado, asordinado cromatismo encabalgado en tierras, grises y sombras. Una trama de arabesco barroco sostiene la definición de las formas dibujadas y pintadas, organizados en función expresiva, nunca en modo anatómico regular o descriptivo.

La idea del diseño totalizador, la del dibujo formal por sobre el cual el autor organiza sus escenas siempre está presente, sea subrayando límites, sea formalizando con precisión los bordes de torturados planos. El expresionismo entendido como primacía en la búsqueda de impactos emocionales por sobre la regularidad de la arquitectura plástica racional planea en toda la exposición. Romántico a su manera, con una mirada suspicaz y desangelada, Postogna construye sus metáforas de la vida cotidiana respondiendo a un elegido proceso de cristalización pictórica que siente como propio, indelegable e inconfundible.

La materia despojada, apenas un tinte diferenciador bastan para sus viajes expresivos que van del acotado color al subrayado valor con la omnisciente presencia de la línea como canto o borde que va definiendo recorridos plásticos en el plano.

Los encuadres escénicos se construyen desde cambiantes puntos de vista, ora frontales, ora con y desde planos rebatidos, siempre en una constante definición descriptiva.

Muestra de “suma y sigue” en esta exposición que pinta la “comedia humana” evitando tanto la risa desaforada como el llanto desgarrador. Prueba palpable de que en el mundo del arte plástico “mejor que decir es hacer”, ratificando que en la aventura del taller el artista está solo, dialogando con sus fantasmas, exorcizándolos, lanzando a la luz su modo y su mirada sustentada por una férrea voluntad sostenida por el aliento de sus sueños.

Norma Guastavino Pinturas

La artista plástica Norma Guastavino ha inaugurado recientemente una exposición integrada por obras de su autoría en el hall del Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe. En un lugar poco propicio, no adecuado para la exhibición de obras de arte, tanto sea por la pobreza lumínica del lugar como por la saturación por accidentes visuales que bloquean una mejor presentación de los trabajos a la vista, Guastavino propone un imaginario visual ya preestablecido y conocido reiterando soluciones pictóricas que le son propias y predecibles, resultantes de una decisión creadora sostenida por años de incesante quehacer plástico en el medio.

En esta ocasión la expositora presenta pinturas en las que se recortan escenas, y en ellas el marco-sostén del plano de soporte pictórico actúa como ventana a través de la cual se percibe el relato visual. Se pintan y muestran escenas ensoñadas en las cuales la voluntad de transcripción de lo verosímil, con su eventual dramatismo, cede ante la voluntad expresa de metaforizar un tanto idílicamente cada instancia elegida autopropuesta. La saturación en los tintes verde-azules bloquea la subjetividad lírica de las imágenes, reduciendo sensiblemente su proyección plástica.

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“La ascención del Señor”, de Norma Guastavino.

“La Commedia della Vita” retrospectiva 1955-2010

Se ha inaugurado una muestra retrospectiva de Benito Postogna.

Foto: Flavio Raina

“La Commedia della Vita” retrospectiva 1955-2010

“Una luna en el horizonte”, de Benito Postogna.



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