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Unificación de Italia, su proceso y consecuencias - Edición Impresa - Revista Nosotros Nosotros

Unificación de Italia, su proceso y consecuencias

Para celebrar los 150 años de la unificación italiana, la senadora Mirella Giai, quien representa a los italianos en el exterior, ofreció una charla en la Unión y Benevolenza Dante Alighieri. En la nota se recuerda este hecho histórico.

TEXTOS. MARIANA RIVERA. FOTOS. FLAVIO RAINA Y EL LITORAL.

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La senadora italiana presentó una reseña de lo acontecido el 17 de marzo de 1861.

La senadora italiana Mirella Giai (que representa a los italianos en el exterior) visitó nuestra ciudad recientemente para brindar una charla sobre los 150 años de la unidad de Italia -que se conmemoraron el 17 de marzo pasado-, en base a una presentación realizada en el Senado de Roma. denominada I Padri Fondatori 150 anni dello Stato Italiano.

Se trató de una exposición que recorre la historia de la unificación italiana, organizada en base a un rico archivo de imágenes que muestran documentos, libros, cartas, manuscritos, fotografías pintadas a óleo, entre otros, que documentan lo vivido por los protagonistas.

La Unión y Benevolenza Dante Alighieri fue el lugar elegido para la actividad, que el día de la conmemoración embanderó su fachada con los pabellones de las nueve provincias italianas. Participaron del acto el vicecónsul de Italia, Dino Novello, e integrantes de la Unión y Benevolencia Dante Alighieri, la Coordinadora de Entidades Italianas y el Comites (Comité de Italianos en el Exterior de Rosario), además de público interesado en este tema.

Pero ¿en qué consistió aquella unificación del país de donde partieron cientos de miles de familias que llegaron a nuestro país? A continuación transcribimos una reseña enviada por la funcionaria italiana y que fuera traducida por la Prof. María Luisa Ferraris.

Con la llegada de las tropas napoleónicas a Italia, en 1796, se despierta el sentimiento nacional, cuyo primer signo de rebelión se puede encontrar en la Proclama de Rimini. Joaquín Murat, el 30 de marzo de 1815 durante la guerra austro-napolitana, hizo un acongojado llamado a todos los italianos para que se unieran para salvar el Reino de Nápoles bajo su reinado, única garantía de su independencia contra la ocupación extranjera.

El período de la historia de Italia en el cual la afirmación de una conciencia nacional lleva a la unidad política y a la independencia de la nación italiana se ha llamado Risorgimento. Comprende varios decenios y concluye en 1861 con el nacimiento del Reino de Italia, bajo la dinastía de la Casa de Saboya.

LA HISTORIA

En ese período, los primeros patriotas adhierieron a la Carbonería, que dio lugar a los movimientos de 1820-1821, duramente reprimidos por los austríacos. Siguen otras tentativas insurreccionales, entre las cuales se cuentan la de los infortunados hermanos Bandiera (1844), los movimientos de 1848 -que llevan a la primera guerra de independencia contra la opresión austríaca- y la expedición en 1857 de Carlo Pisacane al Reino de las Dos Sicilias, concluida con una masacre.

Solamente con la segunda guerra de independencia italiana, en 1859, Austria cedió la Lombardía al Reino de Saboya y se llegó al proceso de unificación, que culminó con la empresa de los Mil (1860). Las personalidades involucradas en tal proceso fueron muchas, pero cuatro se destacaron: Giuseppe Mazzini, fundador de la Joven Italia y figura del movimiento liberal republicano italiano y europeo; Giuseppe Garibaldi, republicano y de simpatías socialistas; Camillo Benso conde de Cavour, estadista; Vittorio Emanuele II de Saboya, hábil para concretar el contexto favorable con la constitución del Reino de Italia.

En 1861 nace el Reino de Italia y la población, respecto al original Reino de Cerdeña, se quintuplica. Institucional y jurídicamente, el Reino se configura como una expansión del Reino de Cerdeña. La cuestión predominante en los primeros años de la reunificación de Italia es la llamada “cuestión meridional”, ligada al brigantaggio.

El inicio del Reino ve una Italia empeñada en una serie de guerras de expansión colonial en Somalía y Eritrea. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Italia asumió una posición de neutralidad pero luego se colocó del lado de los aliados, el 23 de mayo de 1915, después de la firma del Pacto secreto de Londres.

LA GRAN GUERRA

Luego de los primeros dos años de guerra de trinchera, Italia sufrió el ataque de las fuerzas austro-alemanas (1917), cuya avanzada fue detenida en el Piave. A partir de este río, sagrado a la patria, el ejército italiano logró, con el aporte de nuevas levas de jóvenes todavía adolescentes, lanzar una contraofensiva, en junio de 1918, hasta la victoria final obtenida en la batalla de Victorio Veneto.

Con la finalización de la Gran Guerra, Italia completa su reunificación nacional logrando el Trentino-Alto Adige, Venezia Giulia, Istria y algunos territorios del Friuli todavía irredentos. La guerra -sin embargo- dejó gran cantidad de muertos, sobre todo de entre 20 y 24 años. Además, Italia no vio reconocidos los derechos territoriales sobre Dalmacia (incluidas las ciudades de Zara, en Croacia, Sebenico y Tenin), adquiridos en base al Pacto de Londres, con el cual había negociado su propia entrada en la guerra.

El 23 de marzo de 1919, Benito Mussolini fundó en Milán el primer fascio di combattimento, un nuevo movimiento que se autodefine partido del orden y que logra ganarse la confianza de los sectores más ricos y conservadores. En vista de las elecciones del 6 de abril 1924 Mussolini hizo aprobar una nueva ley electoral que habría dado los tres quintos de las bancas en la lista que hubiese obtenido el 40% de los votos.

La lista de Mussolini obtuvo el 64,9% de los votos. Después de los resultados electorales, llegaron numerosas críticas con respecto a la regularidad de las elecciones. Después de un discurso en el Parlamento, Mussolini se declaró dictador. En el bienio 1925-1926 emanaron medidas liberticidas y se crea un tribunal especial, con amplísimos poderes, en condiciones de enviar al destierro con una simple disposición administrativa a las personas que no agradan al régimen.

MUSSOLINI Y HITLER

Después de las conquistas de Hitler de Austria, Sudetes, Checoslovaquia y las empresas militares italianas en Etiopía y Albania (1938), el 22 de mayo de 1939 se firma el Pacto de Acero entre Alemania e Italia. El 10 de junio de 1940 Italia entra en la Segunda Guerra mundial como aliada de Alemania contra Francia y el Reino Unido. En 1941 se declara la guerra a la Unión Soviética y, con el Imperio Japonés, a los Estados Unidos de América.

Muchas dificultades militares golpearán a Mussolini. El 24 de julio de 1943, después de una reunión del Gran Consejo del Fascismo el duce cae. Vittorio Emanuele III decide entonces sustituirlo por Pietro Badoglio como jefe del gobierno. Mientras se encuentra en conversaciones con el rey, Mussolini es arrestado.

El País se encuentra en el caos y dividido en dos: el Reino del Sud del lado de los aliados contra Alemania y la República Social Italiana, formada por los sobrevivientes fascistas. De hecho, eran los dos estados-títeres, respectivamente de los angloamericanos y de los alemanes. En este cuadro dramático nacen las primeras formaciones partisanas que, con la Resistencia, activa sobre todo en el centro-norte, dan vida al primer núcleo de la Italia libre. En abril de 1945 las fuerzas nazi-fascistas son derrotadas.

Al final de esta guerra Italia quedó en condiciones críticas: los combates y los bombardeos aéreos destruyeron muchas ciudades y pueblos y las principales vías de comunicación fueron interrumpidas. El número de italianos muertos a causa de la guerra fue muy elevado: se estiman entre 415.000 heridos (de los cuales 330.000 militares y 85.000 civiles) y 443.000 muertos. Estimando que la población italiana al inicio del conflicto era de 43.800.000 personas, se llega a contar alrededor de una víctima cada 100 italianos.

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La Unión y Benevolenza Dante Alighieri fue el lugar elegido para la actividad.

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Giuseppe Garibaldi, republicano y de simpatías socialistas, contribuyó a la unificación italiana.

De la República a nuestros días

El 2 de junio de 1946, un referéndum institucional sancionó el fin de la monarquía y el nacimiento de la República Italiana. Por primera vez también las mujeres tenían derecho a voto. El 1º de julio, Enrico de Nicola fue nombrado primer presidente de la República Italiana. La nueva Constitución republicana entró en vigencia el 1º de enero de 1946.

En estos años, Italia conoció el denominado milagro económico, que la llevó al crecimiento del producto bruto interno al 6,3%, reduciendo sensiblemente la divergencia histórica con países como Inglaterra, Alemania y Francia. Se registró una elevada disponibilidad de mano de obra, debido a un fuerte flujo de migración desde el campo a las ciudades y del sur hacia el norte.

Además, contribuyó su crecimiento la creación de la CECA y -sucesivamente- de la CEE, a las cuales Italia adhirió.

El año 1968 vio a Italia transformada en el plano social, luego del mejoramiento de las condiciones de vida debido al boom económico y al surgimiento de movimientos radicales, sobre todo comunistas, que aportaron profundas modificaciones a las costumbres, a la mentalidad general y en particular a la escuela.

En los años ‘70 y ‘80 se sucedieron fuertes tensiones políticas dependientes también de las estrategias ligadas a la Guerra Fría, que llevaron a una fuerte actividad de grupos terroristas, de extrema derecha o de extrema izquierda, ligados a complots de poderes políticos ocultos. Este período -llamado de los “años de plomo”- culminó con el homicidio del entonces presidente de la Democracia Cristiana, Aldo Moro, por las Brigadas Rojas y con el atentado neofascista de Piazza Fontana en Milán.

En los años ‘90, los jueces sicilianos Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, ayudados de valientes hombres de la policía, lograron hacer arrestar a los mayores miembros de la Cosa Nostra. En 1992, las investigaciones de Mani Pulite sobre el fenómeno de las coimas, envolvieron numerosos exponentes de todo el pentapartito guiado por Bettino Craxi.

Después del escándalo, que involucró a numerosos personajes políticos de relieve surgieron nuevos partidos, como Forza Italia, guiada por el empresario Silvio Berlusconi. En esta fase -definida como Segunda República- se consolidó el principio del bipolarismo, a través de las figuras de Silvio Berlusconi y de Romano Prodi. En 2008, después de diversas alternancias, subió al gobierno el partido del Pueblo de la Libertad, nacido de la unión de los partidos Forza Italia y Alleanza Nazionale.



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