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Un dirigencia respetable

El país mira a Santa Fe con cierto grado de admiración y sana envidia por la manera en que la política provincial ha sabido construirse. Y es bueno decirlo. La satisfacción y el reconocimiento de las propias fortalezas suelen motorizar el entusiasmo, generar iniciativas y retroalimentar energías productivas. La crítica -aunque saludable e imprescindible- puede llevar a la desazón cuando se torna forzada, permanente o exagerada.

Durante el último fin de semana, los medios periodísticos de Capital Federal siguieron minuto a minuto las elecciones primarias provinciales. Es cierto que los comicios revestían un especial interés por tratarse del cuarto distrito electoral del país -detrás de Buenos Aires, Capital Federal y Córdoba- y porque se aguarda con ansiedad de qué manera el gobernador Hermes Binner se posicionará en el tablero nacional. También es verdad que el sistema de votación inédito que se aplicó en Santa Fe acaparó la atención de todos.

Pero no sólo el sistema electoral o el futuro de Hermes Binner provocan el interés del resto de los argentinos. En realidad, es bueno reconocer que Santa Fe -a pesar de los reclamos que con razón suelen recaer sobre las distintas gestiones de gobierno por los problemas irresueltos- cuenta una dirigencia política respetable y valorada.

El domingo último, el Frente Progresista Cívico y Social puso ante la consideración del electorado a Antonio Bonfatti, un hombre de amplia trayectoria política y mano derecha del gobernador; a Mario Barletta, con una gestión que demostró prolijidad y un destacable nivel de ejecutividad en la ciudad capital; y a Rubén Giustiniani, presidente de su partido a nivel nacional y legislador a quien hasta sus pares reconocen por su labor.

Por su parte, el peronismo tuvo entre sus ofertas a Agustín Rossi, un hombre que ha demostrado durante los últimos años un fuerte apego al trabajo y muy cercano a la presidenta de la Nación -quien por su parte logró fortalecer su imagen entre el electorado-; a Omar Perotti, dirigente respetado no sólo por su gestión en la pujante Rafaela, sino por sus cualidades a la hora de hacer política; y a Rafael Bielsa, quien ocupó nada menos que el puesto de canciller de la Nación cuando la Argentina venía de un período de turbulencia casi disolvente.

El fenómeno no sólo alcanza a quienes fueron precandidatos en la provincia. De hecho, Hermes Binner supo convertirse, luego de muchos años de militancia y trabajo, en un respetado dirigente de nivel y hoy aparece como una figura convocante, ya sea como candidato a la Presidencia o a la Vicepresidencia de la Nación. Algo similar ocurrió hasta hace poco tiempo con el senador Carlos Reutemann, lo que demuestra que desde hace años la política santafesina viene generando figuras respetadas en todo el país.

Los problemas existen y seguirán presentes. Los dirigentes políticos continuarán siendo criticados por sus errores, porque la crítica forma parte de un sistema saludable. Sin embargo, es bueno reconocer que la situación política de Santa Fe muestra signos de fortaleza que en otros distritos apenas representan un anhelo.



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