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“Daños colaterales”

El polaco Zygmunt Bauman, célebre por su concepto de “modernidad líquida” (sobre el cambio constante impuesto a las identidades en nuestra época, con la exigencia de que sean flexibles y versátiles) estudia en Daños colaterales, las desigualdades sociales en la era global, y cómo los económicamente rezagados se convierten en los candidatos “naturales” a los daños colaterales de una sociedad orientada por el consumo. Entiéndase por daños colaterales los desastres, catástrofes -naturales o por negligencia- o “imprevistos”. El término está tomado del vocabulario militar, y se refiere a ciertos efectos destructivos de una acción, que no fueron tomados en cuanta cuando se proyectó tal operación.

Bauman recorre las esferas de la economía y la ideología, de lo público y privado, y recuerda a Alain Ehrenberg que apunta como detonante de una reciente revolución cultural de Occidente el momento en que una tal Vivienne, “una francesa común y corriente”, declaró en un talk show televisivo, ante millones de espectadores, que nunca había experimentado un orgasmo en toda su vida matrimonial, porque su marido sufría de eyaculación precoz.

“El Estado se lava las manos con respecto a la vulnerabilidad y la incertidumbre que resulta de la lógica (más precisamente, de la ausencia de lógica) de los mercados libres. La nociva fragilidad de la posición social se redefine hoy como un asunto privado, un problema que deben resolver y sobrellevar los individuos valiéndose de los recursos que se hallan en posición privada. Tal como lo enuncia Urich Beck, hoy se espera de los individuos que busquen soluciones biográficas a las contradicciones sistémicas”.

“Una vez establecida y puesta en marcha, la economía consumista sólo tiene el cielo como límite. Para ser eficiente en la tarea que ha asumido, no puede permitirse aminorar el paso, y mucho menos hacer una pausa y quedarse quieta... Desde el comienzo de la era consumista se promovió la ampliación de la rodaja de pan como remedio patentado -más bien como profilaxis a toda prueba- contra los conflictos y las rencillas en torno a la redistribución del pan. Eficaz o no en la suspensión de las hostilidades, esta estrategia requería presuponer la existencia de infinitas provisiones de harina y levadura. Ahora nos acercamos al momento en que la falsedad del supuesto y los peligros de aferrarse a él salgan irremediablemente a la luz. Quizás haya llegado la hora de devolver la responsabilidad moral a su vocación primigenia: la de garantizar la supervivencia mutua. Y todo indica que la condición primordial entre todas las condiciones necesarias para llevar a cabo este reenfoque es la desmercantilización del impulso moral”. Publicó Fondo de Cultura Económica.



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Lunes 26 de marzo de 2012
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