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“Siempre es posible seguir adelante” - Edición Impresa - Revista Nosotros Nosotros

“Siempre es posible seguir adelante”

“Siempre es posible seguir adelante”

Peter Czanyo tiene 55 años y el cáncer de pulmón se lo diagnosticaron a los 47.

 

Un diagnóstico de cáncer es difícil de sobrellevar pero se debe encarar mirando el futuro y apostando por la vida. Ésta es la enseñanza que quiere dejar Peter Czanyo, quien -sin medio pulmón por un cáncer detectado hace nueve años- corrió 106 kilómetros de una dura competencia pedestre en Los Andes.

TEXTOS. MARIANA RIVERA. FOTOS. GENTILEZA PETER CZANYO.

Siempre es bueno poder conversar con gente positiva, aquella que -a pesar de haber pasado por situaciones difíciles en su vida- sigue apostando por el futuro y trabaja comprometidamente por los demás. Son voces de esperanza, ejemplos que deberíamos imitar.

Éste es el caso de Pedro (Peter) Czanyo quien, después de sobrellevar una cirugía que le extirpó medio pulmón por un cáncer detectado hace nueve años, no bajó los brazos y se propuso “alcanzar los sueños”, mirar hacia adelante.

Hace unos meses, participó de una competición en la que 1.500 corredores de todo el mundo cruzaron Los Andes en calidad de presidente de la Fundación Pacientes Cáncer de Pulmón, institución que fundara tras su enfermedad. Se trató de la undécima edición de la competencia Cruce Columbia, que implicaba recorrer 106 kilómetros en tres días consecutivos, que finalizaba en el volcán Moncho, en Chile, ubicado a 2.422 metros sobre el nivel del mar.

“Te puedo asegurar que fue una aventura maravillosa y un enorme logro haberla realizado. Esto te demuestra que podemos alcanzar nuestros sueños...”, contó a Nosotros durante una entrevista telefónica, y dejó un consejo: “Les propongo que hagamos cosas por nosotros mismos; cada uno debe descubrir qué tiene reservado para su vida, qué tienen en su interior. Cada uno tiene sus propias recetas (lo mío pasó por el montañismo) y hay que animarse a descubrir qué tenemos dentro nuestro”.

Según contó de la competencia, “entrené muy duro, más que en otras oportunidades, durante 6 ó 7 meses, en cuestas y en tierra, ya que esta edición iba a ser mucho más complicada; sobre todo, entrené mucho mi respiración porque sabía que la iba a necesitar, ya que me falta medio pulmón”.

La competencia partió de Chile y finalizó en ese país, previo paso por el lado argentino de la cordillera. “Estando en Chile nos cruzaron con una barcaza y fuimos a un campamento, que era muy impresionante. Había cerca de mil carpas armadas, ya que éramos 1.500 corredores, de 22 países del mundo, sumados a las 300 ó 400 personas de la organización (entre los que se contaba Sebastián Tagle). Con mucha ansiedad, luego de tanto entrenamiento, comenzamos la primera etapa de 39 kilómetros”, relató.

Los competidores partieron de ese campamento y volvieron al mismo lugar. Lo particular fue que “nueve kilómetros los hicimos corriendo en hielo. Llegamos hasta el volcán Moncho, lo bordeamos y volvimos corriendo. Fue durísimo, pero durísimo en serio, pero anduve bien. Tardamos mucho tiempo, aunque esto lo teníamos previsto. A otros que venían atrás mío le tuvieron que acortar el camino -por seguridad- para que pudieran completar todo el trazado, lo que yo sí conseguí”, comentó.

SORPRESA Y MÁS ESFUERZO

El segundo día, la exigencia se incrementó: debían recorrer 45 kilómetros, uniendo el campamento adonde estaban alojados con otro, debiendo atravesar dos kilómetros de una laguna que no tenía playa. Y ahí surgió un inconveniente.

Peter Czanyo recordó que “siempre corremos con nuestras mochilas en donde cargamos cosas mínimas de seguridad (como agua, entre otras). Pero también llevábamos nuestros bolsos con las pertenencias, para pasar esa noche. Los últimos dos kilómetros teníamos que bordear una laguna pero dentro del agua, porque no tenía playa sino sólo rocas. Hizo mucho frío y llegamos exhaustos y mojados. La sorpresa fue que no estaban nuestros bolsos porque una barcaza se había roto, hubo muchos evacuados (entre los que se contaba la mujer con la que corrí como pareja, una corredora con la que había entrenado, de Adidas)”.

Los participantes tuvieron que esperar hasta las 4 y media de la mañana para que trajeran sus bolsos en otra barcaza. “Hicimos una fogata y nos acostamos al lado para entrar en calor. Entre las carpas hacía mucho frío y por eso no se podía ir sin nada de abrigo, el que tuvimos cuando nos entregaron nuestros bolsos”.

Al otro día -continuó- nos levantamos después de dormir unas tres horas y se hizo la última etapa, que eran 22 kilómetros, más sencillos. Era un recorrido más corto pero teníamos 84 kilómetros encima. Se hacía por un camino de bosques y se cruzaba desde Argentina hacia Chile, pasando por la migración de ambos países. Por eso, en las mochilas teníamos nuestros documentos e hicimos los trámites.

DURO DESAFÍO

Por último, Peter aseguró que “después de 106 kilómetros y de tres días tan extenuantes, ver el arco de llegada de la competencia fue increíble. Después de todas las cosas que me pasaron (tuve cáncer, me falta medio pulmón) eso fue muy fuerte. Hace muchos años, cuando corrí 300 metros, me puse a llorar sin parar por lo que había conseguido. Y con esto se te viene todo encima; fue una de las emociones más fuertes de mi vida. Había hecho montañismo de alta montaña (llegué hasta 6.000 metros del Aconcagua) y también escalé otras. Pero jamás había entrenado tanto como para esto. Fueron experiencias muy fuertes. Se me hace un nudo en la garganta cada vez que lo recuerdo...”

Y agregó: “También fue un regalo haber corrido por los lugares por donde pasamos, con unas vistas increíbles. Uno se siente parte de todo eso, no sos un espectador; sos parte de esa carrera porque sentís el hielo, el barro; es maravilloso realmente”.

Por último, aclaró que “no dudaba de que iba a llegar pero cuando lo logré fue muy fuerte. Es la meta conseguida, es pensar que siempre se puede hacer un poco más, tanto para despertar ese espíritu de aventura como para sobreponerte de las dificultades que uno pasa (como cuando no llegaron nuestros equipos esa noche). Esto en la vida siempre también es así: puede ser una enfermedad, una aventura o cualquier otra cosa. Siempre podés sobreponerte y vencer la adversidad. Siempre es posible seguir adelante”.

TU VIDA CAMBIA MUCHO

Consultado respecto a cómo fue diagnosticado su cáncer de pulmón, Peter aseguró que fue “cuando fui al hospital para controlar mi colesterol de rutina y, como era fumador, me hicieron una placa de tórax. Vieron un punto extraño, me hicieron una tomografía y tenía un adenocarcinoma. A los 10 días me sacaron medio pulmón izquierdo. Eso fue en abril de 2003”.

Y contó qué hizo por sí mismo a partir de allí: “Tu vida cambia mucho. Empecé a hacer montañismo (escalar montañas), algo que en algún momento se me había ocurrido. Empecé a entrenar muy duro, a pesar de que muchos creían que esto no es posible para pacientes pulmonares. En el trayecto, creé la fundación con laboratorios que me ayudaron. Pero también lo hice con la intención de dar un mensaje de esperanza de que se pueden hacer estas cosas, que con un diagnóstico de cáncer -si bien es difícil- se puede seguir y se pueden hacer muchísimas cosas. Los límites los ponemos nosotros mismos”.

Por último, adelantó sus próximos proyectos: “Seguramente, el año que viene voy a participar de esta misma competencia porque me gustó muchísimo, escalar alguna montaña, ir al Lanín o algún otro lugar. Pero también pienso seguir yendo a colegios a dar charlas preventivas o dirigirlas a personas que están pasando por momentos difíciles. Quiero ayudarlos con mi experiencia a descubrir una visión sobre sí mismos diferentes para salir adelante”.

+datos La fundación

La Fundación Pacientes Cáncer de Pulmón (www.fundacionpcp.org) es la única ONG en Sudamérica de su tipo, ya que por esta enfermedad fallece más del 80% de las personas que la padecen. Su misión consiste en concientizar a la población sobre esta patología para prevenirla o detectarla precozmente, contener a los pacientes y sus familiares e informarlos sobre los derechos que tienen, de manera que puedan acceder al mejor tratamiento y los cuidados paliativos que necesiten.

El motor de su vida

Peter Czanyo tiene 55 años, está divorciado y tiene dos hijas: Carolina y Sofía, de 23 y 16 años, “quienes siempre fueron el motor de todo esto”, aclaró su padre. “Cuando tenés un diagnóstico tan tremendo lo primero que se me cruzaba por la cabeza eran mis hijas para seguir adelante. Eran muy chicas para perder a su papá”.

Y cuando corro -continuó- sé que en algún lugar mis hijas me están mirando; normalmente no te escuchan sino que te miran. Esto también sirve para poder decirles hagan actividad deportiva, puedan sobreponerse a cualquier cosa, estén más cerca de la naturaleza, sigan una dieta sana, háganse controles médicos. Son muchos mensajes y algo queda, algo llega. Ése es un poco el objetivo, no sólo para con mis hijas sino para mí y los otros, para el que lo necesite y pueda tomarlo”.

Por otra parte, aseguró que “después de mi enfermedad nunca más fumé. Más del 80% de los cánceres de pulmón son a causa del cigarrillo. Mata más que todos los demás cánceres juntos. Muchas veces miramos a los científicos y los laboratorios que investigan, a los médicos que nos curan, a los cirujanos que nos operan, o a las obras sociales que cada vez cubren más cosas. Esto es para curarnos pero la pregunta es: ¿Qué hacemos nosotros por nosotros mismos para llevar una vida mejor? Todo esto va más allá del cigarrillo y aunque no tengas nunca cáncer de pulmón porque lo bueno es tener una buena vida. Mucha gente dice: ‘De algo hay que morir’ pero tiene que plantearse vivir la vida bien mientras tanto, que no tengan que estar con un tubo de oxígeno en sus últimos días para poder respirar”.

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El participante está muy agradecido por la solidaridad y apoyo recibidos también durante la carrera.

Una oportunidad, un regalo

Peter Czanyo participó -junto a más de 70 integrantes de organizaciones de la sociedad civil, denominados Embajadores Globales del Cáncer, y 40 periodistas de 44 países- de un evento organizado en junio del año pasado en Nueva York, Estados Unidos, organizado por la Sociedad Americana de Cáncer.

Estos “embajadores” se reunieron con los representantes de cada país en las Naciones Unidas para proponer medidas que sirvan para enfrentar la crisis mundial que representan las enfermedades no transmisibles (ENTs: cáncer, las cardiovasculares, diabetes e insuficiencia respiratoria crónica). Esas autoridades llevaron las sugerencias a la Asamblea General de Alto Nivel para la Prevención y el Control de ENTs, realizada en septiembre, y resolvieron poner en práctica medidas específicas.

Sobre su viaje, admitió que “fue un regalo haber participado de algo tan importante y haber hablado con nuestros gobernantes para tratar de influir -al menos un poquito- en las políticas públicas que se encaran respecto de estas enfermedades. Fue lo más grande que me tocó poder hacer, mucho más que un cruce a Los Andes o hacer punta en una montaña”. Por Argentina también viajaron Irene Marcet, por el Movimiento Ayuda Cáncer de Mama; Jorge Padín, por Apostar a la Vida; y la Dra. Mariela Alderete, por la Fundación Interamericana del Corazón Argentina.

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Sábado 19 de mayo de 2012
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