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La vuelta al mundo

Horacio Cartes, presidente de Paraguay

Los políticos profesionales de Paraguay aseguran que Horacio Cartes es un hombre de suerte. Con cincuenta y seis años nunca había votado en una elección, nunca dedicó su tiempo a la actividad política y en un partido centenario -como el Colorado- logró que sus tradicionales dirigentes reformaran el artículo que exigía un determinado tiempo de afiliado para participar en las elecciones internas y ser candidato.

Cartes ha demostrado ser un hombre de suerte, aunque de aquí en adelante habrá que ver si esa suerte se hace extensiva a Paraguay, un país que cuenta con un nivel de pobreza que supera el cuarenta por ciento de la población, cifra a la que hay que sumarle un nivel de indigencia de casi quince por ciento. El país -es verdad- en los últimos años ha crecido a “tasas chinas” debido a los beneficios de una excelente coyuntura internacional que comparte con la Argentina. Como se sabe, el crecimiento con estas modalidades no sólo no incluye el desarrollo sino que tampoco suma los beneficios de una sociedad más igualitaria o equitativa. Hay que decir, por último, que el desafío que se le presenta a Cartes hacia el futuro no lo ha podido afrontar Fernando Lugo, muy izquierdista y sensible a los problemas sociales, aunque a la hora de las concreciones los resultados fueron menos que modestos.

Cartes llega a la política paraguaya invocando paradigmas típicos del siglo veintiuno. En primer lugar, se trata de un multimillonario, un empresario “exitoso” que se da el lujo de decir que se mete en política para bregar por la justicia social porque en términos personales ya dispone de una excelente posición económica y, por lo tanto, no necesita robar Dicho al pasar, con el mismo razonamiento podríamos haber aceptado a Martínez de Hoz, Alvaro Alsogaray o Krieger Vasena, para mencionar algunos apellidos célebres de nuestros pagos.

La otra virtud exhibida por Cartes, es la de ser presidente de un popular club de fútbol. En efecto, desde hace unos diez años este señor dirige a Libertad, un club que gracias a su supuesta sabiduría como conductor ganó campeonatos locales y llegó a disputar semifinales en la Copa Libertadores de América, una verdadera hazaña para un equipo paraguayo cuyo fútbol tradicionalmente fue mediocre o algo peor.

Preguntarse qué tiene que ver la presidencia de un equipo de fútbol con la responsabilidad de dirigir los destinos de una Nación, es un interrogante innecesario en nuestro tiempo. En la actualidad -a decir verdad, desde hace unos cuantos años- las relaciones entre el fútbol y la política son estrechas, al punto que no sería una exageración decir que en el futuro el curriculum de todo político que pretenda un mínimo de profesionalidad exigirá una experiencia previa en algún club de fútbol, ya que se supone que sólo allí alguien con pretensiones cívicas puede iniciarse en el difícil aprendizaje de compatibilizar las pasiones de las masas con los fríos negocios del deporte profesional. Asì como con su rutina de compras, ventas y pases de jugadores, adiestramiento de barras bravas, acuerdos sobre las tarifas televisivas y otras bellezas por el estilo

Ironías al margen, en la Argentina no deberíamos sorprendernos por los antecedentes de Cartes, ya que en la ciudad considerada la Reina del Plata o la Atenas del Plata, su máxima autoridad presenta como máximo antecedente de experiencia política su condición de presidente de Boca Juniors. Mauricio Macri no está solo en esa patriada. Personajes como Aníbal Fernández, sindicalistas como Luis Barrionuervo, por citar a algunos al pasar, estiman que el fútbol es la antesala de la política o, ¿por qué no?, la política es la antesala del fútbol. En definitiva, Cartes no está solo.

Los periodistas paraguayos lo han comparado con Berlusconi, el capo italiano multimillonario, deportista, mujeriego y popular. También lo han comparado con Carlos Slim, el empresario mexicano considerado el hombres más rico del mundo. Y no faltaron los que lo compararon con Macri. Palabras más, palabras menos, el futuro dará cuenta de su perfil definitivo.

En principio, se nota que a la hora de elaborar sus discursos el hombre ha contado con asesoramientos profesionales eficientes y caros. Sus expresiones han sido correctas y medidas, se ha pronunciado a favor del Estado de derecho, el pluralismo político y la libertad de mercado. Ha manifestado preocupación por las cuestiones sociales, y en el orden internacional ha tendido la mano hacia los países vecinos, países cuyos presidentes, bueno es recordarlo, han saludado su triunfo y le han anticipado que las puertas de la Unasur y el Mercosur están abiertas.

Que los asesoramientos fueron necesarios, lo demuestra el hecho de que el hombre liberado a su propia iniciativa no dejaba de decir barbaridades o de chocar contra el principio de la corrección política. La culminación de sus dislates se dio cuando en un programa televisivo dijo, muy suelto de cuerpo, que si su hijo salía homosexual se pegaba un tiro en los testículos. Lo que se dice, un hombre de convicciones claras y decisiones drásticas.

Los desplantes verbales de Cartes son un tema menor o, en algunos casos, risueño, comparados con la inquietud que despiertan sus antecedentes como empresario. Las imputaciones más serias hablan de sus estrechas relaciones con el lavado de dinero, el contrabando y el narcotráfico. Él, por supuesto, niega estas acusaciones, pero las investigaciones periodísticas y algunas opiniones de la DEA no coinciden con sus apreciaciones.

Cartes estuvo una semana detenido por realizar operaciones cambiarias ilícitas. A su favor alega que la detención ocurrió en tiempos de la dictadura de Alfredo Sroesssner, donde, según él, un empresario podía ir a la cárcel sólo por extender un cheque sin fondos. Puede ser, aunque no deja de ser una ironía de la historia que Cartes invoque inocencia acusando a la dictadura de Stroessner, cuando el origen de su fortuna y la de su familia se hizo a la sombra del dictador paraguayo que, dicho al pasar, no era hombre de ruborizarse por la extensión de un cheque sin fondos o por el contrabando de una heladera o un auto.

Continuemos. Entre sus antecedentes también se menciona un avión con un cargamento de cocaína que aterrizó en una de sus estancias, extendida -¡Oh casualidad!- en la frontera con Brasil. Cartes dijo que no tenía nada que ver con el tema, y su principal argumento de defensa fue que el avión con el cargamento no estaba en su campo, sino en una propiedad vecina. Con respecto a los negocios en la frontera, las investigaciones llegan a conclusiones severas, conclusiones que de todos modos no parecen haberle hecho perder el sueño, ni a él ni a sus aguerridos correligionarios del Partido Colorado, no obstente que en su momento la presidente de este partido advirtió acerca de los dudosos antecedentes empresariales del señor Horacio Cartes.

El Partido Colorado no es ajeno a la elección del candidato. La formación política que sin ruborizarse fue el soporte político de la dictadura de Stroessner durante treinta años, no tiene por qué tener reparos morales por prohijar la candidatura de un señor como Cartes. Si para ello hay que renovar los estatutos o postergar las aspiraciones de algunos afiliados históricos, todo estará justificado en nombre del retorno al poder luego del breve interinato de Lugo. Lo que en todo caso está fuera de discusión, es que Cartes ganó limpiamente las elecciones. Sería una exageración decir por ello que Paraguay es colorado, pero está claro que una mayoría significativa de este país está satisfecha en ser gobernada por este partido que es algo así como un primo hermano del peronismo, como me dijera hace muchos años en el bar de un hotel de Asunción el caudillo chaqueño Deolindo Felipe Bittel.

por Rogelio Alaniz

ralaniz@ellitoral.com

Horacio Cartes, presidente de Paraguay

Los políticos profesionales de Paraguay aseguran que Horacio Cartes es un hombre de suerte. Con cincuenta y seis años nunca había votado en una elección ni dedicado su tiempo a la actividad política.



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