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editorial

Los riesgos de la incertidumbre

El peronismo comienza a realinearse, mientras sus dirigentes aguardan mayores certezas sobre la salud de Cristina Fernández.

Luego de una semana vertiginosa en lo político -elecciones legislativas, Ley de Medios, causa Boudou/Ciccone-, la incertidumbre parece haberse apoderado del escenario. El país vive una suerte de compás de espera, mientras aguarda el retorno a sus funciones de la presidenta Cristina Fernández.

Cuanto más tiempo transcurra y en la medida en que la información oficial continúe siendo escasa, se multiplicarán las dudas y habrá versiones de todo tipo. Tanto es así que, mientras algunos aseguran que la mandataria comenzó a tomar algunas decisiones desde la Quinta de Olivos y que pronto se reintegrará a sus funciones, otros ponen en duda los partes médicos que con escasa frecuencia da a conocer el vocero presidencial, Alfredo Scoccimaro.

Un periodista venezolano que alcanzó notoriedad al ser el único que brindó información fidedigna sobre el verdadero estado de salud del fallecido Hugo Chávez, acaba de publicar que el estado de Cristina Fernández “no es del todo bueno ”, producto de “un ACV leve” que le ha provocado “parálisis en un lado de la cara”.

En el corto plazo, quizá la actual sensación de incertidumbre no sea del todo contraproducente para el gobierno. Por un lado, mantiene la expectativa sobre el estado de salud de la presidenta, lo que inevitablemente genera cierto grado de empatía hacia quien se encuentra convaleciente. Por otro, se congelan -al menos por un tiempo- las preocupaciones que existen en torno de los graves problemas que atraviesa la economía del país.

No es que la intranquilidad desaparezca. Lo que sucede, en realidad, es que esta vigilia plantea una suerte de paréntesis que mantiene viva la esperanza de que, a su regreso, Cristina Fernández adopte medidas que comiencen -casi por arte de magia- a desandar el camino de los errores cometidos durante los últimos años y a gestar un período virtuoso.

Nada garantiza que esto suceda. Sin embargo, la expectativa -¿la ilusión?- se mantiene viva. Al menos, esto ocurrirá por un tiempo.

Es que, así como esta situación puede representar en lo inmediato un respiro para el gobierno, si las semanas siguen transcurriendo y las certezas no aparecen, pronto volverá a imperar en el país la inquietud generada por los problemas irresueltos. Las ilusiones comenzarán a mutar, entonces, hasta convertirse en desasosiego.

Los más urgidos por la necesidad de certezas son, seguramente, los líderes de un peronismo que tiene su mirada puesta en la sucesión de 2015. Los referentes del partido saben que, en gran medida, sus futuros políticos dependerán de las decisiones que comiencen a tejerse a partir de ahora, luego de los recientes resultados electorales y a partir de la confirmación de que Cristina Fernández no podrá aspirar a un tercer mandato consecutivo.

La carrera por la sucesión está abierta. Y no es poca cosa en un país en el que la realidad cambia con un ritmo avasallante y en un partido acostumbrado a los realineamientos personales y hasta ideológicos para sostener y consolidar el poder.

No es casual que siete gobernadores kirchneristas hayan viajado al mismo tiempo a San Juan para visitar al convaleciente José Luis Gioja.

Luego de triunfar en Río Negro, Miguel Angel Pichetto se atrevió a plantear la realidad con absoluta crudeza: “Viene un tiempo de transición hacia un nuevo liderazgo”.

No es casual que siete gobernadores kirchneristas hayan viajado al mismo tiempo a San Juan, para visitar al convaleciente José Luis Gioja.



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