Edición del Domingo 02 de febrero de 2014

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El hematoma nacional - Edición Impresa - Opinión Opinión

Mirada desde el sur

El hematoma nacional

Raúl Emilio Acosta

Un hematoma (del griego haimato: “sangre”, y oma: “tumor”) es la acumulación de sangre causada por una hemorragia interna (rotura de vasos capilares sin que la sangre llegue a la superficie del cuerpo) que aparece generalmente como respuesta corporal a un golpe, una contusión o una magulladura. También es conocido popularmente como “cardenal”, moratón, moretón o moradura. Los hematomas son equimosis (manchas de la piel), pero también se pueden desarrollar en los órganos internos. Los hematomas pueden migrar gradualmente a medida que las células y los pigmentos fluidos se mueven en el tejido conectivo.

La Argentina ¿tiene un hematoma? La pregunta es pertinente.

La presidente tuvo un hematoma. Para la definición transcrita que brinda wikipedia, la pregunta tiene una coda gramatical: ¿es el o la hematoma?

Si la presidente tuvo un hematoma y este es un país híper-presidencialista el falso silogismo concluiría: la Argentina también tiene un hematoma.

Hasta qué punto un hematoma, que finalmente viene de un accidente, de un golpe, de un descuido, de una contusión; hasta qué punto no altera el normal fluir de las cosas. Está visto que a la sangre, el golpe la altera. El cuerpo se altera. Esa es, al cabo, la verdadera raíz de este problema. La alteración.

Toda invasión del cuerpo altera. Un cuerpo golpeado, que además es invadido, tiene una doble aflicción. La original, por el golpe, la posterior por la invasión. Sin entrar en psicologismo, lo invasivo de la cura trae la alteración. No es novedad que las soluciones invasivas dejan secuelas. La primera: que somos vulnerables. Saber que moriremos es un olvido voluntario por años y años. Una cirugía invasiva lo recuerda con aspereza, con invasión. Tras la invasión, la alteración.

No somos iguales tras la invasión. Los países, los pueblos, las personas. Hasta las carreteras y los edificios no son iguales tras una invasión. Un hematoma que provoca una invasión, está dicho: altera dos veces. O tres. O muchas porque cada vez que se recuerda la invasión vuelven los fantasmas.

Los pueblos no son tribus de súper héroes. El frío, el hambre, la falta de gas, de caminos, de escuelas, de futuros, de certezas, los altera. Épocas enteras con miedo a la oscuridad, adorando el fuego, el sol, la luna, lo desconocido y lejano. No son los pueblos súper héroes, y el principio de incertidumbre nos acompañará por mucho tiempo, mucho tiempo más. Una persona no es más que un pueblo y resulta criterioso entender que el miedo, la clara percepción de su propia fragilidad, lo lleve a la incertidumbre esencial. No estoy vivo nada más que por casualidad, puedo morir en un instante, todo lo que se acerca es kriptonita. Debo preocuparme de cuestiones elementales, básicas; la eternidad no es mi destino sino lo contrario, lo pasajero.

Cuando a los pueblos se les insiste en que no son invulnerables sino todo lo contrario, aparecen las desesperaciones, las miserias, los peligros tornados en alarmas y en pulsiones. La esencial: salvémonos.

Es peligroso un pueblo incierto porque buscará el salvataje a como dé lugar. Es fácil imaginarlo, doloroso compartirlo. Somos parte de un entendimiento: no al suicidio. En esa contradicción masiva se vive. No se suicidan los pueblos pero buscan su salvataje de diversos modos que pueden ser saludables o nocivos. Con el tiempo se sabe de qué modo se caminó hacia la salida, o más profundo en el túnel de la equivocación.

Una persona, cuando es invadida advierte su fragilidad y cambia. Cómo no cambiar si se le demuestra de modo cruento que no es dueña de su futuro ni de su día, que apenas si puede sobrellevar el embotellamiento de hematíes en un cruce de arteriolas y que al atascamiento lo resuelven otros, que uno nada puede hacer. Parece sencillo de entender. Cuando toca, cuando aparece el moretón, los demás lo entienden casi “racionalmente” pero uno, el invadido, el puesto al descubierto, es efímero y temporal, uno al ser descubierto es un pajarito en el alambre. Busca retornar al equilibrio y jerarquizar amores y odios según costumbres y enseñanzas. Nadie escapa a su índole cuando las papas queman. Nadie.

Una rara conjunción, suma de causas y casualidades, pone en este año del primer trimestre de 2014 al país en estado de hematoma. Y a la presidente en el convencimiento -desde octubre de 2013- que fue invadida, que no es inmortal ni omnipotente, que no es superior a un hematoma subdural, que la durmieron, le agujerearon la cabeza, la despertaron y le ordenaron primero quietita, respire y cállese. Después vemos.

Una rarísima conjunción obliga al país a mirarse, por sobre causas y casualidades, en el espejo del mañana, siempre borroso. No está en el mañana la imagen de La Señora que ya sabe que no es omnipotente, pero que no hay otra, no hay recambio. No visible.

Hematoma. Moretón. Otra vez los yerros, el golpe que amorata. No hay justicia social, sueldos en blanco, seguridad, educación, mañana seguro. No hay planes. Permitámonos un juego de palabras. El hematoma de La Señora Presidente es un formidable chichón en la realidad. Ella descubrió que no es omnipotente y ejecuta sus prioridades. Hace bien. No son las nuestras. Nosotros aceptamos al filósofo. Vivimos en mitad del principio de incertidumbre.



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Domingo 02 de febrero de 2014
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