Artes Visuales

“Horizontes IV”

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Obra de Tatiana Corte que se exhibe en AG/Arte. Foto: Archivo El Litoral

 

Domingo Sahda

En las salas de AG/Arte Bv. Gálvez 1514, la artista plástica Tatiana Corte ha abierto a consideración pública, y para su apreciación, una colección de pinturas -tamaño medio- todas de reciente datación, las cuales se nuclean en torno al concepto fundante de las mismas. Aquí la artista plástica se asume como observadora de aquello que denomina y se interpreta como “Horizonte”, transformando, precisamente ese hito geográfica en una pantalla en la cual construye su percepción emocional, el entorno. Su “geografía” es la del sentimiento condensado en textura pictórica, en contraluz y tono contrastado, persiguiendo la captura-transmisión de la emotividad que -eventualmente- sentida en sí misma se traslada a terceros.

El “Horizonte” como leit-motiv se proyecta en su diversidad reflejando el límite personal y a la vez la característica plana de “nuestro horizonte pampeano”, evitando cualquier discursividad visual de tono alegórico o descriptivo. Son paisajes -horizontes- personales resueltos dentro de la órbita del lenguaje Expresionista.

El gesto pictórico intenta construir ritmos de factura emocional y lo logra cuando avanza sobre tintes cálidos. En estas escenas, el dato de algún villorio o caserío define escenas plásticas cuya intensidad dramática nunca cae en obviedades discursivas.

Corte sabe manejar la materia y lo hace a su antojo, sin “desmadrarse”. Juegan, ocasionalmente en su contra, el preciso enmarcado que perturba por presencia y limita el vuelo de la mirada de estos cuadros “ventanas”.

Su dramatizada paleta cromática nunca cae en el trampantojo de fácil efectismo visual. Limpia materia cromática, vuelo del pincel en la construcción de estos horizontes personales que nunca son serenos escenarios en los cuales la mirada puede propender en divagaciones visuales o ensoñaciones de almanaque turístico.

El ocasional y excesivo brillo de superficie en algún trabajo juega una mala pasada. En ellos, la refracción de la luz rebotando en superficie texturada opera como suspensión de la continuidad cromática. El control lumínico de los espacios de exhibición es un dato a tener en cuenta siempre.

En suma, una muestra que se sostiene por valores propios que son esencialmente los que define el arte visual como puente, como diálogo interpersonal sin pretender posicionarse en actitudes rupturistas acordes con la moda marketinera. Su sintaxis específica reposa en la idea del arte visual como lenguaje admitido como tal, sin trastabillar en cursilerías de avant-garde.

París-Buenos Aires-Santa Fe

París, capital de la República Francesa, cobijó y alentó los múltiples espacios de exploración y controversias emergentes de un final de ciclo en contraste con los comienzos de otro. De este modo, podemos interpretar que el experimentalismo, las nacientes teorías sociales, el Romanticismo, teoría filosófica ésta de amplio espectro del pensamiento occidental orientaron la búsqueda expresiva de las Artes Visuales entre 1870 y 1930 dando lugar a múltiples puntos de partida en la concepción del “cuadro” como vehículo del pensamiento y las emociones propias emergentes de la observación directa de la naturaleza, del plein air, de la experimentación en la representación de los valores lumínicos del “cuadro” como registro personalizado, como obra autorreferenciada. La “Ville Lumiere” (la ciudad luz) se convirtió en punto neurálgico de la cual y al amparo de sus creadores, quienes desde distintas latitudes convergían a la misma en pos de respuestas a nuevos desafíos, tanto personales como propios del contexto, hicieron del lugar una suerte de “fragua” artística en la que se moldearon sentires y haceres revolucionarios que luego se propagarían por todo el mundo occidental.

Formados allí, volvieron al terruño y propagaron la “Modernidad Artística”, en nuestro país, desde el Río de la Plata hacia el interior, ávido por incorporar nuevos criterios artísticos, nuevas maneras del Arte Visual. Desde la mirada propia del impresionismo, el fauvismo, el cubismo, el surrealismo, como cuatro ejes fundantes de la pintura moderna, nuestros artistas partieron otorgando a su producción calificadas improntas personales. La apertura mental observada en la Ciudad Luz en los orígenes se prodigó en creaciones personales que integran esta colección expuesta y que ponen en manifiesta evidencia la calidad de nuestros artistas cuya obra enriquece el patrimonio cultural que atesora el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez. La diversidad de lo expuesto arranca con la calidad creativa propia de cada artista, cada uno de los cuales, desde su mirada y su accionar, han generado “discursos” que amplían el espectro del pensamiento de profunda autenticidad sostenido con rigor, sin claudicaciones.